Opinión

Por qué Japón no es un buen lugar para ser madre

Una cultura del trabajo muy exigente y un medio social menos propicio que lo imaginable: la situación de la mujer japonesa puede tener consecuencias demográficas desastrosas

Redacción Central |

Rupert Wingfield-Hayes

BBC

Las mujeres japonesas son más propensas a tener un título universitario que los hombres, y el número de mujeres que trabaja crece de manera constante desde hace diez años. Pero, por una serie de razones, una madre todavía tiene dificultades para conseguir un buen trabajo.

Nobuko Ito es el modelo de japonesa moderna profesional.

Es abogada calificada y habla inglés con fluidez. Tiene años de experiencia trabajando en derecho contractual internacional.

Pero Nobuko ya no trabaja en un estudio de abogados internacional grande. De hecho, casi no trabaja en la abogacía.

Nobuko dice que los hombres tienen miedo de quedarse sin trabajo si cuidan a sus hijos.

En cambio, tiene tres hijos. En Japón todavía hay que decidirse por lo uno o lo otro. Hacer las dos cosas es muy difícil.

“Antes de tener hijos recuerdo un mes de mucho trabajo en el que le facturé al cliente ¡300 horas de trabajo!”, dice Nobuko.

“Llegaba a la oficina a las 9 de la mañana y me iba a las 3 de la mañana del día siguiente, y también iba los sábados y domingos.

“Si se quiere seguir trabajando hay que olvidarse de los hijos, sólo hay que dedicarse a la empresa. No puedo hacer eso, es imposible”, agrega.

El ejemplo de Nobuko muestra cómo la cultura de trabajo de Japón puede ser brutal. Es una de las razones por las que el 70% de las mujeres japonesas deja su trabajo apenas tiene su primer hijo.

Otra de las razones son sus maridos.

Si se habla de ayudar en la casa, los japoneses van muy por detrás de sus congéneres de Europa o Estados Unidos.

En Suecia, Alemania y EE.UU. los maridos pasan, en promedio, tres horas al día ayudando con los niños y las tareas domésticas. En Japón lo hacen una hora, y pasan sólo 15 minutos al día con sus hijos.

Licencia para cuidar

Luego está la licencia de paternidad. Los hombres japoneses tienen derecho a tomarla, pero sólo una pequeña minoría realmente lo hace: sólo un 2,63%, según el Ministerio de Salud y Bienestar Social.

“Mi esposo no se tomó licencia por paternidad”, dice Nobuko Ito.

Mercado

Muchas mujeres japonesas todavía dejan el mercado laboral después de ser madres y muchas veces no puede volver a su ritmo de empleo anterior: en el mercado laboral japonés, las mujeres a menudo terminan en un empleo irregular y mal remunerado.

“La mayoría de los hombres japoneses son muy reticentes a utilizar ese sistema. Tal vez quieren quedarse en casa para ayudar a la familia, pero por otro lado creen que tienen que trabajar tan duro como sea posible o de lo contrario no tendrán un ascenso, o puede que pierdan su trabajo”.

A pesar de todo esto, muchas japonesas quieren seguir trabajando después de tener hijos.

Pero entonces surge el siguiente problema: el cuidado de los niños o, más bien, la falta de él.

Según estadísticas del gobierno de Tokio, hay 20.000 niños en lista de espera en las guarderías diurnas de la ciudad.

Los centros públicos que existen son buenos, pero son muy pocos. E incluso si uno consigue una plaza, es costoso y hay que demostrar que uno dispone de los medios.

“Yo tendría que pagar cerca de US$1.000 al mes por cada niño, incluso en una guardería del Estado”, dice Nobuko Ito.

“Las guarderías privadas cuestan cerca de US$2.000 por niño por mes. ¡Pero esas son muy buenas!”, dice riendo.

Más de “Womenomics”

• La tasa de empleo femenino de Japón es del 60%, todavía muy por debajo de la de muchos otros países desarrollados como Noruega (75%), EE.UU. (66%) y Alemania (64%).

• Aproximadamente el 70% de las japonesas dejan de trabajar después de dar a luz a su primer hijo. Esto contrasta con alrededor de un tercio de las mujeres en EE.UU.

• La proporción de madres japonesas con hijos menores de seis años que trabajan (34%) sigue siendo muy baja en comparación con el 76% de Suecia, el 61% de EE.UU., el 55% en Reino Unido y el 53% en Alemania.

Todo esto se resume en dos hechos. Las mujeres que tienen hijos no trabajan y las mujeres que trabajan no tienen hijos. Ambas situaciones son terribles para el futuro de Japón.

En su innovador trabajo “Womenomics: el activo oculto de Japón”, la economista japonesa-estadounidense Kathy Matsui dice que retener a las madres japonesas en el trabajo o hacer que vuelvan a trabajar debe ser una “prioridad nacional”.

Matsui dice que eso podría aumentar hasta un 15% el Producto Interior Bruto de Japón.

Pero agrega que hay otra razón aún más apremiante. Japón se está quedando sin gente.

“A pesar de que la tasa de fecundidad baja es común en otros países desarrollados, Japón debe ser el único país de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) donde el número de mascotas es superior al número de hijos”, dice.

La tasa de natalidad de Japón es de sólo 1,37 nacimientos por mujer, muy por debajo de la cifra de 2,1 necesaria para que una población se mantenga estable.

Los datos de Europa y EE.UU. indican que ayudar a las mujeres a permanecer en el trabajo puede aumentar la tasa de natalidad.

El 70% de las mujeres japonesas deja su trabajo apenas tiene su primer hijo.

En países como Suecia, Dinamarca y EE.UU., donde las tasas de empleo femenino son altas, las tasas de natalidad son también más altas. En los países donde el empleo femenino es bajo, como Italia, Corea del Sur y Japón, las tasas de natalidad también son bajas.

En Japón ya hay una crisis demográfica. En 2006 la población de Japón empezó a encogerse.

Si las tendencias actuales persisten, Japón perderá un tercio de su población en el próximo medio siglo.

Nada de eso ha ocurrido antes.

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