Opinión

Stéphane Hessel, François Hollande y Palestina

El discurso oficial francés hacia Palestina no suele pasar de las formulaciones verbales

Redacción Central |

Alain Gresh

MondeDiplo

En el curso del funeral por Stéphane Hessel celebrado el 7 de marzo, el presidente de la República, François Hollande, rindió homenaje a la persona. Sin embargo, se permitió –en un gesto que a mi entender no tiene precedentes en estas circunstancias– marcar sus distancias con respecto a Hessel. ¿Sobre qué asunto? ¿Los inmigrantes indocumentados? ¿Las desigualdades sociales? ¿La injusticia del orden internacional? No, sobre ninguna de estas cuestiones, a pesar de que la política actual del gobierno al respecto es muy distinta de la que preconizaba Hessel. Un único tema suscitó sus reservas, el de Palestina: “También podía, impelido por una causa legítima como la del pueblo palestino, suscitar con sus palabras la incomprensión de sus propios amigos. A mí me ocurrió. La franqueza no siempre es la verdad. Él lo sabía. Pero nadie podía negarle el valor.”

Una vez más, el presidente cedió a numerosas presiones: no conviene hacer nada que pueda provocar la ira del gobierno israelí. Ya se sabía que la persona que escribe los discursos del presidente era un dirigente del Consejo Representativo de las Instituciones judías de Francia (CRIF). Una confusión de adjetivos que no puede sino alimentar los rampantes discursos antisemitas: los judíos están en todas partes, son ellos los que dictan la política de Francia. También se sabía que Richard Prasquier, presidente del CRIF, había criticado con dureza a Hessel en un editorial del 27 de febrero, acusándole de ser “ante todo un maestro del no pensar”. Pero más allá de estas presiones está la negativa persistente de todos –sean del gobierno o de la oposición– a admitir una simple realidad: es el gobierno israelí el que rechaza toda negociación de paz seria y que mantiene una política de colonización y represión contra los palestinos; una realidad que Stéphane Hessel había expresado repetidamente, en particular durante su viaje a Gaza.

Al término de su mandato, el presidente Sarkozy acabó reconociendo que Benjamin Netanyahu era un “mentiroso”. El presidente Hollande se comporta todavía como si se pudiera “convencer” al primer ministro israelí de que obre a favor de una paz verdadera. ¿Quién puede creer seriamente ni por un instante que el gobierno israelí aceptará retirarse del conjunto de los territorios ocupados en 1967, incluida Jerusalén? Además, el gobierno francés cierra los ojos ante el hecho de que el mismo partido de Netanyahu está formado por hombres y mujeres que en cualquier otro país serán calificados de “fascistas”. Como ignorará mañana que el partido Casa Judía, que se dispone a entrar en la coalición gubernamental en Israel, es un partido fascista y racista. París, que no escatima palabras duras para criticar a Hamás, ampara de este modo a los partidos políticos israelíes de extrema derecha.

En cuanto a la política de colonización persistente del gobierno israelí, París se limita a manifestar condenas puramente verbales, sin adoptar nunca cualquier medida de sanción. Al contrario, la cooperación bilateral (y europea) con Israel en todos los terrenos –económico, político, militar e incluso policial– nos devuelve al año 1956, cuando el gobierno socialista de Guy Mollet se alió con Israel contra el Egipto de Gamal Abdel Nasser, “un pequeño Hitler”. En todo el mundo, el gobierno se jacta de defender los derechos humanos, en todas partes menos en Palestina. Así, ha guardado un riguroso silencio con respecto al último informe del Unicef consagrado al trato dado a los niños palestinos. Así se resume dicho informe en el diario Libération: “Los ‘malos tratos’ a los menores palestinos en el sistema de detención militar israelí son un fenómeno ‘extendido, sistemático e institucionalizado’, afirma en un informe publicado el miércoles el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). ‘En ningún otro país los niños son juzgados sistemáticamente por tribunales militares de menores que, por definición, no aportan las garantías necesarias de respeto de sus derechos’, subraya el informe. El Unicef cifra en ‘alrededor de 700 cada año el número de niños palestinos de 12 a 17 años, detenidos, interrogados y encarcelados por el ejército, la policía y los agentes de seguridad israelíes’. ‘Estos malos tratos incluyen la detención de los niños en su casa entre medianoche y las cinco de la madrugada por soldados fuertemente armados, el hecho de vendarles los ojos y atarles las manos con bridas de plástico’, según el informe, que cita asimismo ‘confesiones forzadas, la ausencia de acceso a un abogado o a miembros de la familia durante el interrogatorio’.

¿Cómo explicar este silencio? ¿Acaso los niños palestinos no son niños como todos los demás? Hessel no había hecho otra cosa que denunciar esos malos tratos. En el acto de inhumación de Hessel, Michel Rocard afirmó:”Quienes le han criticado harían bien en hacer examen de conciencia”. ¿Estaría pensando en Hollande?

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