Opinión

La crisis del agua lo afecta todo

Si es difícil imaginar un mundo sin petróleo, más lo será imaginar uno sin agua

Redacción Central |

Stephen Leahy

IPS

¿Cuánta agua insume encender la luz? Fabricar sus pantalones vaqueros requirió 10.000 litros, y tres grandes tinas llenas del líquido se necesitaron para que esta mañana usted pudiera desayunar un café, una tostada y dos huevos.

Estamos rodeados por un mundo que, aunque inadvertidamente, está hecho de agua: muebles, casas, automóviles, carreteras, edificios… Prácticamente todo lo que usamos y hacemos necesita del líquido.

“No hay manera de generar energía sin agua”, dijo Zafar Adeel, copresidente del Grupo de Tareas sobre la Seguridad Hídrica en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y director del Instituto para el Agua, el Ambiente y la Salud en Canadá.

Incluso los paneles solares requieren ser lavados regularmente para lograr un buen desempeño. La energía eólica puede ser una excepción, dijo Adeel a IPS desde una conferencia realizada en Beijing en el marco de la Semana Mundial del Agua.

Cada vez hay más conciencia de que llegar al tope del petróleo no tiene ni remotamente la misma importancia que llegar al tope del agua, porque para esta no hay sustituto. La creciente escasez hídrica –que padecen entre 1.200 millones y 1.700 millones de personas- alarma a muchos.

El año pasado, el agua fue identificada como un “asunto de seguridad urgente” por un grupo que incluyó a Hillary Rodham Clinton, ex secretaria de Estado (canciller) de Estados Unidos, y al InterAction Council, una asociación de 37 ex jefes de Estado y de gobierno.

Es importante que la “seguridad hídrica” sea reconocida por la ONU como potencial objetivo o como un factor que contribuye a la estabilidad en muchas partes del mundo, dijo Adeel.

Definir de modo exacto la expresión “seguridad hídrica” fue todo un desafío, pero ONU-Agua, el mecanismo de coordinación interagencias del foro mundial para todos los asuntos relacionados con este elemento, lo logró.

Se trata de “la capacidad de una población de salvaguardar el acceso sostenible a cantidades adecuadas y de calidad aceptable de agua para sostener los medios de sustento, el bienestar humano y el desarrollo socioeconómico, para garantizar la protección contra la contaminación del agua y los desastres relacionados con el agua, y para preservar los ecosistemas en un clima de paz y estabilidad política”.

La definición fue divulgada este viernes 22, Día Mundial del Agua, junto con un informe analítico titulado “Water Security and the Global Water Agenda” (La seguridad hídrica y la agenda mundial del agua).

“El agua encaja dentro de esta definición más amplia de seguridad –abarcando preocupaciones políticas, sanitarias, económicas, personales, alimentarias, energéticas, ambientales y otras- y actúa como vínculo crucial entre ellas”, dijo Michel Jarraud, presidente de ONU-Agua y secretario general de la Organización Meteorológica Mundial.

Según Harriet Bigas, coautora del informe y colega de Adeel en el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, “históricamente, no hubo una guera entre naciones por el agua”.

Los problemas hídricos sí crean fricciones entre naciones, y han conducido a conflictos internos locales, señaló en una entrevista.

Empujados en buena medida por la escasez de agua y alimentos vinculada a la sequía en el Cuerno de África, casi 185.000 somalíes huyeron a países vecinos en 2011. En Sudán, la violencia estalló en marzo de 2012 en el campamento de refugiados de Jamam, donde grandes cantidades de personas padecieron una seria escasez hídrica. Y en Sudán del Sur, comunidades enteras tuvieron que abandonar sus hogares debido a la falta de recursos hídricos, a consecuencia del conflicto.

La inseguridad hídrica puede causar un efecto dominó a nivel político, social, económico y ambiental, dijo Bigas.

Sin embargo, la norma es que naciones y socios regionales pacten acuerdos para compartir el agua, ofreciendo oportunidaes importantes para el diálogo entre enemigos tradicionales.

“El agua es una mayor vía para la paz que para el conflicto”, escribe el experto Aaron Wolf, de la Oregon State University.

Incluso cuando las naciones están en guerra, negocian acuerdos para compartir este recurso, dice. Vietnam, Camboya y Laos continuaron en el exitoso Comité del Mekong para administrar ese río aun durante la Guerra de Vietnam (1965-1975).

En 2010, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina firmaron un acuerdo para compartir el manejo del Acuífero Guaraní, que se extiende por más de un millón de kilómetros cuadrados. Actualmente, 15 millones de personas dependen del acuífero, porque el agua de la superficie, aunque abundante, suele estar contaminada, plantea el informe de ONU-Agua.

También hay cada vez más apoyo internacional para adoptar la “seguridad hídrica universal” como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una serie de metas mundiales a mediano plazo que se prevé sucederán a los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, acordados en 2000 por los líderes mundiales con 2015 como plazo.

“El agua engloba todos los aspectos del desarrollo. Esperamos que la seguridad hídrica sea uno de los principales ODS”, dijo Adeel.

El agua, los alimentos y la energía son lados del mismo triángulo; si uno se reduce afecta a los otros dos, agregó.

El ODS relativo a la seguridad hídrica debería incluir objetivos e indicadores que reflejen esto. Tendría que especificar las necesidades de varios países y señalar qué recursos implicará lograr esa seguridad.

El borrador de los ODS se presentará al inaugurarse la próxima sesión de la Asamblea General de la ONU, en septiembre.

El mayor desafío para lograr la seguridad hídrica universal no es el dinero o la tecnología, sino las instituciones humanas, dijo Bigas. Simplemente hacer que los departamentos gubernamentales en el mismo país coordinen los asuntos relativos al agua es “un enorme desafío”.

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