Opinión

Ha muerto un titán de las letras africanas: Chinua Achebe

La trayectoria de un escritor fundamental y, sin embargo, insuficientemente conocido en nuestros países

Redacción Central |

Lyn Innes

The Guardian

Chinua Achebe, fallecido [el pasado 21 de marzo] a los 82 años de edad, fue el novelista más conocido de África y el padre fundador de la ficción africana. La publicación en 1958 de su primera novela, Things Fall Apart (Todo se desmorona), no sólo impugnó los relatos europeos de temática africana sino que desafió las creencias tradicionales sobre la forma y función de la novela. Su creación de un híbrido que combina los modos orales y literarios y su remodelación del idioma inglés para transmitir voces y conceptos ibo, estableció un modelo y sirvió de inspiración a otros novelistas en todo el continente africano.

Las cinco novelas y los relatos breves que publicó entre 1958 y 1987 ofrecen una crónica de la turbulenta historia de Nigeria desde el comienzo de la dominación colonial británica. Asimismo, crean una serie de vívidos personajes que buscan de diferentes maneras tomar el control de su propia historia. Como editor fundador de la influyente serie Heinemann de escritores africanos, supervisó la publicación de más de 100 textos que permitieron que la buena literatura escrita por autores africanos fuera accesible en todo el mundo en ediciones asequibles.

Nacido en Nigeria oriental en la aldea tradicional ibo de Ogidi unos 40 años después de la llegada a la región de los primeros misioneros, Achebe fue bautizado como Albert Chinualumogu por sus padres convertidos al cristianismo. Más tarde, en un ensayo autobiográfico titulado Named for Victoria, Queen of England, contó cómo también él, igual que la reina Victoria, “perdió su Albert”.

El hecho de crecer como cristiano le permitió observar su mundo con más claridad, escribió. La pequeña distancia con respecto a cada cultura se convirtió “no es una separación, sino en una conciliación equiparable al necesario retroceso que un espectador juicioso realiza para contemplar un lienzo de manera fija y plena“.

En la escuela misionera local, sin embargo, a los niños se les prohibió hablar ibo y se les instó a renegar de todas las tradiciones asociadas al modo de vida “pagano”. Sin embargo, Achebe absorbió los cuentos tradicionales que le contaron su madre y su hermana mayor, historias de las que dijo que poseían “la calidad inmemorial del cielo, los bosques y los ríos“.

A los 14 años Achebe fue enviado al prestigioso colegio del Gobierno colonial de Umuahia, donde entre sus compañeros de clase se encontró con el poeta Christopher Okigbo, al que quedaría unido por una profunda amistad. En 1948 obtuvo una beca para estudiar medicina en lo que más tarde sería la universidad de Ibadan. Sin embargo, tras su primer año se dio cuenta de que lo que más le gustaba era escribir y se pasó a una licenciatura de literatura inglesa, ciencias de la religión e historia.

Aunque el plan de estudios de literatura inglesa seguía muy de cerca el de Gran Bretaña, los profesores también introducían obras que consideraban de interés para sus estudiantes nigerianos, por ejemplo las novelas africanas de Joyce Cary, o el Corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Sin embargo, esas obras chocaban con la nueva mentalidad que estaba emergiendo al calor de los movimientos anti-coloniales en África occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

Achebe fue, junto con Wole Soyinka, uno de las futuras estrellas literarias que entre 1948 y 1952 publicaron cuentos y ensayos en revistas estudiantiles con orientación nacionalista. Incluso en estas primeras obras se pueden apreciar las cualidades características de Achebe: una mirada fríamente divertida sobre la élite educada, una estructura cuidadosamente equilibrada de contrastes, su deleite al imitar o parodiar diversos modos de discurso, su interés por la zona rural de Nigeria y por la conflictiva interacción entre las culturas occidental e ibo, y su insistencia en lo que él consideraba como el valor fundamental del pueblo ibo: la tolerancia. Es en una de estas historias donde aparece por primera vez uno de sus proverbios favoritos: “Deja que se pose el halcón y deja que se pose el águila”(1).

Para cuando se graduó en 1952 Achebe ya había decidido ser escritor para contar la historia de los africanos y el encuentro colonial desde el punto de vista africano. Una de las razones que le motivaba a ello fue la novela de ambiente nigeriano de Joyce Cary titulada Mister Johnson, la cual, aunque muy elogiada por los críticos ingleses, a él se le antojaba “una imagen totalmente superficial de Nigeria y del carácter nigeriano“. Pensó: “Si eso ha alcanzado la fama, entonces alguien debería tratar de ver las cosas desde dentro“.

Lo que originalmente había sido planeado como una novela larga que comenzaría con la colonización de Nigeria oriental y terminaría justo antes de la independencia, se transformó en dos novelas cortas: Things Fall Apart (cuya acción transcurre a finales del siglo XIX) y No Longer At Ease (ambientada en la década que precedió a la independencia de Nigeria). Mientras que la segunda novela retoma y vuelve a contar la historia de Mister Johnson (la historia de un joven empleado nigeriano que acepta un soborno y es juzgado y condenado por la administración colonial), la primera persigue, con éxito consumado, evocar la cultura y sociedad de la que podrían haber surgido Mister Johnson y sus ancestros.

Things Fall Apart recrea una cultura oral y una conciencia impregnada de una forma de vida agraria, y demuestra, en palabras de Achebe, “que los pueblos africanos ya sabían lo que es la civilización antes de que llegaran los europeos“. Al mismo tiempo, trató de evitar pintar la África precolonial como una idílica estampa pastoral y rechazó las evocaciones nostálgicas de Léopold Senghor y de la escuela literaria francófona de la negritud.

El protagonista de la novela, Okonkwo, aparece como un personaje heroico pero rígido cuyo temor a parecer débil le lleva a actuar con dureza con respecto a sus esposas e hijos y a participar en el sacrificio de un joven rehén de otra aldea. Su caracterización y el cerrado mundo rural de la novela han hecho que sea comparada con The Mayor of Casterbridge, de Thomas Hardy, un novelista al que Achebe admiraba. Things Fall Apart ha vendido millones de copias y ha sido traducida a más de 50 idiomas.

No Longer At Ease, ambientada en la Nigeria de 1950 y publicada en 1960, retoma la historia del nieto de Okonkwo, un joven e idealista funcionario nigeriano que vuelve a casa tras estudiar en Inglaterra, considera que su salario es insuficiente para el tren de vida que esperaba y acepta un soborno.

Para entonces el propio Achebe ya había realizado su primer viaje al extranjero, antesala de los muchos que realizaría posteriormente. Como jefe del departamento de charlas del Servicio de Radiodifusión de Nigeria (NBS), fue enviado en 1956 a un breve curso de formación con la BBC en Londres. De vuelta en Nigeria, editó y produjo programas de debate y relatos breves para la NBS en Enugu, Nigeria oriental, y aprendió mucho sobre cómo funcionan los buenos diálogos. Allí, conoció a Christie Chinwe Okoli, una brillante y hermosa estudiante de la universidad de Ibadan. Se casaron en 1961 y tuvieron cuatro hijos.

Mientras preparaba un reportaje sobre la respuesta de los nigerianos a los primeros tiempos de la dominación colonial, Achebe investigó la historia de un sacerdote ibo encarcelado por negarse a colaborar con los británicos. Fascinado por la historia y por el carácter orgulloso del sacerdote, lo convirtió en protagonista de su tercera novela, Arrow of God (La flecha de Dios) (1964). Algunos críticos la consideran el mayor logro de Achebe por su compleja estructura y caracterización y por su exploración de las relaciones entre el deseo subjetivo y las fuerzas externas en la construcción de la historia.

La inquietud sobre el liderazgo responsable que informa Arrow of God reaparece de manera más explícita en su cuarta novela, la obra satírica A Man of the People (1966). En ella Achebe muestra la corrupción y la irresponsabilidad de los políticos y de sus electores, coronada en la novela por un golpe de Estado militar, tal como sucedió realmente en la Nigeria independiente de 1966 cuando un golpe de Estado dio pie al intento de secesión de Biafra y desencadenó una guerra civil en la que murieron más de un millón de personas.

Cuando tras el golpe de Estado comenzó la masacre de ibos en el norte, Achebe trabajaba para la Comisión de Radiodifusión de Nigeria en Lagos. Advertido de que podría correr peligro (un primo suyo había sido uno de los líderes militares asesinados), Achebe llevó a su familia al este de Nigeria. Se convirtió en un firme defensor de la independencia de Biafra y viajó por el mundo en busca de apoyos. En su opinión, Biafra no era solamente un territorio que podría garantizar la supervivencia de los pueblos ibo, sino también un ideal. En 1968 declaró: “Biafra representa la verdadera independencia de África, el fin de los 400 años de vergüenza y humillación que hemos sufrido en nuestra asociación con Europa… Creo que nuestra causa es correcta y justa. Y en eso debería consistir la literatura hoy: en causas correctas y justas“.

Aunque la guerra terminó con la derrota de la causa de Biafra, Achebe estaba decidido a que la presencia y perspectivas ibo debían continuar dentro del Estado nigeriano. Su colección de poemas Beware Soul Brother (1971) y el volumen de relatos breves Girls at War and Other Stories (1972) se basaron en las experiencias de la guerra. Se convirtió en investigador de la Universidad Nsukka de Nigeria, y en 1971 él y un grupo de académicos nigerianos fundaron Okike, una importante revista africana de escritura creativa y debate crítico. También escribió varios libros para niños.

En 1972 Achebe aceptó un puesto de profesor visitante en la Universidad Amherst de Massachusetts, donde fue profesor de literatura africana y donde continuó editando Okike. Fue allí donde lo conocí y trabajé como asistente de montaje para Okike. También asistí a, y en ocasiones ejercí de coenseñante de, su curso sobre escritura africana, y pude admirar su paciencia con esos estudiantes que a veces dejan traslucir de forma demasiado evidente su ignorancia y prejuicios con respecto a la cultura africana.

Esa tolerancia, y desde luego su amistad, se hizo extensiva a colegas como aquel profesor que en broma se comprometió a proporcionar niñas nativas a todos los miembros de su departamento cuando lo nombraran jefe del mismo. Miré a Achebe y vi cómo alzaba una ceja. A pesar de su apasionada condena del racismo y de la arrogancia imperial, es la suave ironía de Achebe, su risa pronta y su deleite en anécdotas sobre las chiquilladas de nuestros hijos lo que recuerdo más vivamente.

No eludió la controversia. En ensayos, conferencias y entrevistas declaró la necesidad de una escritura comprometida en el contexto africano y se burló de escritores y críticos cuyas actitud con respecto a los africanos juzgó condescendiente o racista. En la Universidad de Massachusetts denunció El corazón de las tinieblas en una conferencia que hizo que muchos asistentes abandonaran la sala en señal de protesta y que aún sigue levantando polvaredas.

Achebe regresó a Nigeria en 1976 para ser profesor de literatura en la Universidad de Nigeria, donde continuó enseñando, se convirtió en presidente de la Asociación de Escritores de Nigeria y editó Uwa ndi Igbo, el Diario de la Vida y Cultura Ibo. Asimismo, fue elegido vicepresidente nacional del Partido de la Redención del Pueblo y en 1983 publicó un panfleto político titulado El problema de Nigeria.

Achebe no sólo creó un nuevo tipo de novela, sino que era reacio a repetir la misma fórmula. Cada novela establece un diálogo con su predecesora, tanto técnica y formalmente como con respecto al carácter y al entorno social. Este proceso culminó en su quinta novela, Anthills of the Savannah (Hormigueros de la sabana) (1987), donde comentaba las formas y los temas de sus obras, así como las de otros escritores africanos. La novela insiste en que no hay una historia de la nación, sino una multitud de narrativas, tejiendo continuidades entre el pasado y el presente, entre las formas culturales y tradiciones inglesas e ibo. La filosofía, estructura y estética de Hormigueros de la sabana y, en realidad, de toda la ficción de Achebe, se resume en las frases finales de su ensayo The Truth of Fiction (La verdad de la ficción): “La literatura imaginativa… no esclaviza, sino que libera la mente del hombre. Su verdad no es como los cánones de la ortodoxia o la irracionalidad de los prejuicios y la superstición. Comienza como una aventura de autodescubrimiento y termina en la sabiduría y en la conciencia humana“.

En 1990 un accidente de coche dejó a Achebe paralítico. El Bard College de Nueva York le ofreció a él y a Christie la posibilidad de enseñar allí y le facilitó las instalaciones que necesitaba. Desde entonces, utilizando una silla de ruedas siguió viajando y dando conferencias en los EEUU y ocasionalmente en el extranjero. Sus charlas en la Universidad de Harvard en 1998 fueron publicadas con el título de Home and Exile (Hogar y exilio).

Sus conferencias y ensayos autobiográficos más recientes fueron publicados en The Education of a British-Protected Child (2009). En 2009 se mudó a Providence, Rhode Island, tras ser nombrado profesor de estudios africanos en la Universidad Brown. En 2012 publicó There Was a Country: A Personal History of Biafra (Había un país: una historia personal de Biafra), donde reiteraba su creencia en los ideales que habían inspirado el nacionalismo de su juventud. Su relato de los acontecimientos que condujeron a la guerra civil, del desarrollo de ésta y de sus consecuencias han provocado fuertes reacciones tanto de parte de partidarios como de opositores de la causa de Biafra.

Achebe recibió numerosos premios y más de 30 doctorados honoris causa, pero entre los homenajes que más apreció está probablemente el que le rindió Nelson Mandela. “Hubo un escritor llamado Chinua Achebe” escribió Mandela, “en cuya compañía los muros de la prisión se desmoronaban“.

Le sobreviven Christie, sus hijas Chinelo y Nwando, y sus hijos Ikechukwu y Chidi.


Notas:

(1)El proverbio significa que hay que dejar a cada cual que obre y piense en libertad.

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