Opinión

Marat y L’Ami du Peuple

Un importante antecedente, poco citado, de la prensa revolucionaria

Redacción Central |

Manel Ros

En Lucha

Cuando pensamos en prensa revolucionaria habitualmente pensamos en el famoso Pravda, el periódico del partido bolchevique que influyó tanto en la Revolución Rusa de 1917. Pero la prensa revolucionaria existía mucho antes. Las personas que han luchado para cambiar la sociedad en la que les ha tocado vivir siempre han utilizado la prensa, de un modo u otro, para dar a conocer su visión. En el caso de la prensa revolucionaria, ha ayudado a organizar la lucha y pasar de la teoría a la acción.

Lo que quizá no es tan conocido es que una de las revoluciones más importantes de la historia, como la Revolución Francesa de 1789, no fue una excepción en este sentido. Por primera vez en la historia, la prensa revolucionaria jugó un papel clave en una lucha que implicó el principio del fin del orden feudal y el nacimiento de un nuevo sistema.

Uno de los líderes revolucionarios con mayor influencia fue Jean-Paul Marat. Marat entendió bien la situación del momento y se dio cuenta de que sin el apoyo de las clases más explotadas de la sociedad, la burguesía no sería capaz de derrotar al viejo orden. Pero su influencia no sólo tuvo que ver con su capacidad de análisis, sino sobre todo con la gran influencia que ejercieron sus ideas a través del periódico revolucionario que él mismo producía: L’Ami du Peuple (El Amigo del Pueblo). Se editaron más de 700 números del periódico, y continuó apareciendo incluso después del asesinato del propio Marat. Su circulación fue enorme para la época, con cerca de 2.000 copias vendidas al día y, sobre todo, lo leían muchas de las personas que día a día luchaban tras las barricadas.

El periódico, escrito casi por completo por él mismo, tuvo una gran influencia. Eso fue porque conseguía combinar a la perfección tres elementos clave: principios generales, experiencia y qué hacer.

Los principios que defendía Marat no eran seguramente los más originales. Esencialmente eran los ideales democráticos de la burguesía, una mezcla de las ideas de Rousseau. Sin embargo, los otros dos elementos fueron los que marcaron la diferencia para transformar un periódico en el más influyente dentro del movimiento revolucionario.

A lo largo de cuatro años, día tras día, el periódico marcó sin vacilaciones cuál era el próximo paso a seguir. Sobre todo contra los oficiales que dirigían la revolución, tanto los liberales como los girondinos, republicanos moderados. Ante las dudas, L’Ami du Peuple era claro y conciso en torno a cómo se debía llevar a cabo la revolución. Marat sabía, como dijo el revolucionario jacobino Saint Just, que “quien hace una revolución a medias, cava su propia tumba”.

Marat se indignaba porque “contra nuestros sentimientos absurdos hacia nuestros enemigos tenemos miedo a causarles un mero rasguño. Si les dejamos que sean los jefes por un día, nos matarán a todos, incluyendo a mujeres y niños, y reduciendo nuestras ciudades a cenizas”. Fue precisamente la insistencia, en las páginas de L’Ami du Peuple, en que la revolución estaba en peligro lo que le proporcionó esa gran audiencia.

A su vez el periódico trataba no sólo de dar una dirección a la revolución, sino también de reflejar las experiencias de las clases populares. La idea de Marat de empezar a publicar las cartas que le hacían llegar los lectores tuvo un gran éxito, ya que éstas reflejaban las preocupaciones, aspiraciones, temores e ilusiones de aquellas personas que estaban en la primera línea de batalla.

La publicación de un periódico de masas y para las masas evidentemente le comportó una dura represión. Finalmente, tras varios años huyendo y también tras algunos éxitos electorales, la contrarrevolución acabó con él. Fue en su bañera mientras estaba acabando de editar algunas páginas del periódico.

A pesar de eso Marat y L’Ami du Peuple mostraron cómo una revolución de masas para acabar con un sistema necesita, en sus días y momentos más críticos, una prensa que no sólo informe, sino que agite, conecte con la gente y, sobre todo, plantee ideas para hacer que la lucha no se quede a medio camino.

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