Opinión

EEUU abandonará un Afganistán quebradizo

Cantar victoria, retirarse y no mirar atrás, parece ser la decisión de Estados Unidos para terminar la más larga de sus guerras

Redacción Central |

Richard Sale

IPS

El repliegue de las fuerzas estadounidenses de Afganistán, que comenzó este año y se prevé culmine en 2014, y la disminución de la ayuda dejarán al sistema político de ese país de Asia central sin legitimidad ni estabilidad, según expertos, informes de prensa y diversos estudios.

A pesar de recibir decenas de miles de millones de dólares de parte de Washington, el gobierno de Afganistán no ha logrado mantener eficazmente proyectos de desarrollo de infraestructura, ni programas de capacitación y equipamiento para la policía y las fuerzas de seguridad, advierten analistas.

Gran parte de esto se debe a la corrupción de los contratistas estadounidenses, los laxos controles de Washington y de Kabul y a la debilidad innata del gobierno de Hamid Karzai, señalan.

“¿Cómo se pagará todo eso?”, se preguntó Andrew Wilder, experto afgano en el estadounidense Instituto para la Paz. “Esta es la cuestión clave. ¿Cómo se puede pagar a la policía y los programas de infraestructura cuando los recursos fiscales se reduzcan el año próximo?”, siguió inquiriendo.

Según Vanda Felbab-Brown, especialista en Afganistán para la Brookings Institution, con sede en Washington, la ayuda estadounidense que inundó las sureñas provincias afganas de Helmand y Kandahar, distorsionó las economías locales y disparó “competencia por el botín”, en vez de traer desarrollo sostenible.

Si Estados Unidos cierra el grifo, se producirá una “devastadora restricción económica” en el país, lo que podría desestabilizarlo políticamente.

Las noticias sobre casos de corrupción de contratistas privados agravaron la preocupación. En más de una decena de informes trimestrales al Congreso legislativo de Estados Unidos, 40 por ciento de los 56.000 millones de dólares destinados a proyectos civiles en Afganistán no pudieron ser justificados por la oficina del Inspector General Especial para la Reconstrucción Afgana (SIGAR, por sus siglas en inglés).

La corrupción tanto de contratistas afganos como estadounidenses consume gran parte de la ayuda a Afganistán, indican estudios, funcionarios y analistas.

Mientras, la policía afgana no está preparada para afrontar la responsabilidad de brindar seguridad. El contrato para entrenar a la policía afgana les costó a los contribuyentes estadounidenses más de 9.000 millones de dólares, pero tuvo resultados más que decepcionantes, dijo al Congreso la senadora Claire McCaskill, del gobernante Partido Demócrata.

En total, Estados Unidos gastó más de 29.000 millones de dólares en las fuerzas de seguridad afganas, un tercio de los cuales fueron para la policía.

Empleados fantasmas

El problema más agudo reside en el hecho de que el gobierno afgano carece de estructuras adecuadas por supervisar la reconstrucción.

Según una auditoría del SIGAR de 2011, el Ministerio de Asuntos del Interior afgano es incapaz de determinar exactamente el número de funcionarios policiales y no puede garantizar a dónde va a parar el dinero destinado a los salarios.

El informe también establece que hay “empleados fantasmas”, que simplemente no van a trabajar o que reciben cheques bajo diferentes nombres.

La auditoria también indicó que hay importantes dudas sobre la capacidad del gobierno para mantener a más de 800 instalaciones destinadas para el ejército y la policía, que están siendo construidas con 11.400 millones de dólares donados por Estados Unidos.

Por ejemplo, cuando inspectores visitaron en 2012 una instalación policial construida con 7,3 millones de dólares en la norteña provincia de Kunduz, y en la que se preveía albergar a 173 funcionarios, solo encontraron a 12 personas.

Otras instalaciones estaban cerradas, la policía no tenía las llaves y nadie sabía a ciencia cierta a qué se iban a destinar esos edificios.

En febrero, auditores del SIGAR revelaron que la policía afgana no tenía medios para mantener los 30.000 vehículos que Estados Unidos donó para la fuerza en ocho provincias.

El SIGAR informó que 63 millones de dólares destinados a la reparación de vehículos policiales fueron malversados entre abril de 2011 y septiembre de 2012.

Según informes de prensa confirmados por entrevistas, policías afganos usaban vehículos provistos por Estados Unidos para uso personal.

La auditoría encontró deficiencias en los inventarios de partes de vehículos y, también, que la Agencia para la Administración de Contratos de Defensa no siempre realizó supervisiones mensuales a las instalaciones, entre otras numerosas fallas.

“Burbuja” de seguridad

Mientras, conforme se reduce la presencia estadounidense, la seguridad se deteriora.

Uno de los equipos de inspección fue notificado sobre que una localidad en el norte afgano estaba más allá de la “burbuja” de seguridad y que, por tanto, “era inseguro visitarla”.

El inspector general, John Sopko, dijo en noviembre en el Stimson Center, una organización de estudios de Washington, que la falta de seguridad había impedido que se examinaran 38 instalaciones, por un valor total de 72 millones de dólares.

“Nos estamos dando cuenta de que no siempre podemos tener la protección que necesitamos para realizar nuestro trabajo”, indicó, aun cuando Kabul se encuentra dentro de la “burbuja”.

“Sin una adecuada seguridad, la reconstrucción o se detendrá o seguirá sin la supervisión necesaria”, añadió.

Mientras, miles de millones de dólares terminaron en cuentas de políticos afganos que viajaron al exterior y nunca regresaron, dijeron a IPS exfuncionarios de inteligencia estadounidenses.

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