Primero de Mayo: homenaje a los Mártires de Chicago

Un recorrido por el surgimiento del Día Internacional de los Trabajadores

Nos encontramos a solo unos días de celebrar la Fiesta del Movimiento Obrero Mundial. El Primero de Mayo, millones de asalariados de todos los continentes se unirán entre luchas y festejos para conmemorar el Día Internacional de los Trabajadores. Resulta pertinente entonces, homenajear a los Mártires de Chicago.

A finales del siglo XIX, en la década de los 80, los huelguistas de las grandes movilizaciones de los trabajadores en Estados Unidos eran reprimidos a golpes, a balazos y llevados a prisión.

A pesar de todas las represiones, la Federación de Organizaciones de Sindicatos de Trabajo y Comercio estadounidense con centro en Chicago, reclamó que entrara en vigor la Ley Ingersoll, que establecía la jornada de trabajo de ocho horas.

La Ley Ingersoll no se cumplió y desató movilizaciones de organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. El 1 de Mayo de 1886 fue la fecha escogida para iniciar una huelga general en todo el país, en protesta contra las jornadas laborales de 12 y hasta 14 horas diarias.

El paro contó con la participación de más de 300 mil trabajadores, quienes exigieron reivindicaciones laborales y paralizaron más de cinco mil factorías, en tanto en Chicago, donde mayor repercusión tuvo la manifestación, lograron parar casi toda la ciudad.

Como era de esperar, muchos huelguistas fueron brutalmente reprimidos en varias ciudades. Tan solo dos días después de la gran manifestación, obreros acudieron en masa a la planta industrial McCormick, con una respuesta represiva por parte de la policía al atacar a los huelguistas que dejó un saldo de seis muertos y más de 40 heridos.

Las protestas en respaldo a los obreros en huelga y las represiones de la policía continuaron, como sucedió el 4 de mayo de ese año cuando unos 15 mil trabajadores protagonizaron un mitin en la ciudad Haymarket, en Chicago.

En esta ocasión, un explosivo causó la muerte de un oficial y varios heridos, lo cual desató una masacre, donde perdieron la vida cerca de 40 obreros y más de 200 resultaron lesionados.

Ante los sucesos ocurridos el 4 de mayo, ocho sindicalistas fueron acusados de asesinato, seis de ellos extranjeros, y luego de un juicio manipulado, Albert Parsons, Adolf Fischer, Auguste Spies, Georg Engel y Louis Lingg fueron condenados a la horca, mientras que Samuel Bielden, Oscar Neebe y Michael Schwab fueron condenados a largas penas de prisión.

En memoria al 11 de noviembre de 1887, fecha en la que fueron ejecutados cuatro de ellos -previamente Lingg se había suicidado en la celda- el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, escribió “les espera la horca. Eran cinco, pero Lingg madrugó a la muerte haciendo estallar entre sus dientes una cápsula de dinamita. Fischer se viste sin prisa, tarareando «La Marsellesa». Parsons, el agitador que empleaba la palabra como látigo o cuchillo, aprieta las manos de sus compañeros antes de que los guardias se las aten a la espalda. Engel, famoso por la puntería, pide vino de Oporto y hace reír a todos con un chiste. Spies, que tanto ha escrito pintando a la anarquía como la entrada a la vida se prepara, en silencio, para entrar en la muerte”.

La Federación de Gremios y Uniones Organizadas, central obrera norteamericana de la época, expresó: “jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical”.

En 1889, la Segunda Internacional Obrera instituyó el Primero de Mayo como el Día de la Solidaridad Obrera, que más tarde pasó a denominarse Día Internacional de los Trabajadores, con el objetivo de honrar a los sindicalistas ejecutados en Estados Unidos: los “Mártires de Chicago” y recordar la jornada de lucha reivindicativa.

Poco después de las huelgas del 1 de Mayo de 1886, algunos sectores adoptaron la jornada laboral de ocho horas, la cual marcó un punto de inflexión en el movimiento obrero mundial.

El dirigente socialista alemán, Federico Engels, en el prefacio a la edición alemana de 1890 de El Manifiesto Comunista expresó que “hoy, en el momento en que escribo estas líneas, el proletariado de Europa y América pasa revista a sus fuerzas, movilizadas por vez primera en un solo ejército, bajo una sola bandera y para un solo objetivo inmediato: la fijación legal de la jornada normal de ocho horas, proclamada ya en 1866 por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra y de nuevo en 1889 por el Congreso obrero de París. El espectáculo de hoy demostrará a los capitalistas y a los terratenientes de todos los países que, en efecto, los proletarios de todos los países están unidos”.

Recordemos el Primero de Mayo próximo, inmersos en las fiestas de nuestro país, a los dignos representantes de la clase trabajadora y tendamos la mano a aquellos pueblos en huelga y en lucha por la restitución de sus derechos.