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El asedio a la democracia

(Por Consuelo Sandoval) Los gobiernos progresistas han sido sometidos, fundamentalmente por Estados Unidos, a un permanente asedio para socavar sus administraciones, ya sea solapadamente o a través de sus principales socios

08 de octubre de 2010 | 20:37:50

(Por Consuelo Sandoval) ¿Será que la democracia dejó de ser útil a las sociedades o solamente sirve para mantener en el poder a los gobiernos de derecha?.

Esa es la única explicación para el resurgimiento de los gorilas en América Latina, alentados por el gobierno de Estados Unidos y respaldados por sus aliados de la extrema derecha internacional.

Varios políticos con ideas de izquierda han conseguido holgadamente ganar la silla presidencial, mediante un proceso electoral libre y transparente, considerado el prototipo de la democracia mundial.

Sin embargo, estos gobiernos progresistas han sido sometidos, fundamentalmente por Estados Unidos, a un permanente asedio para socavar sus administraciones, ya sea solapadamente o a través de sus principales socios de Colombia, Perú, Panamá y Costa Rica.

Acusan a los mandatarios de izquierda de incapacidad para gobernar, de corruptos, violadores de los derechos humanos, y de mantener supuestos vínculos con grupos guerrilleros, terroristas, traficantes de armas o narcotraficantes.

No importa si las acusaciones son falsas o verdaderas. Todas las opciones son válidas. Golpes de estado, “sublevaciones”, levantamientos masivos de obreros, campesinos e indígenas, descrédito contra estos mandatarios; promoción de intrigas entre los mismos líderes políticos progresistas para desunirlos; sin faltar las encuestas amañadas y manipuladas.

Lo que vale es desprestigiar o en su defecto derrocar por cualquier medio a los gobiernos izquierdistas de América Latina que con diversos matices y tonalidades, están tratando de cambiar el inhumano modelo neoliberal, cuyo principal exponente en el mundo es Estados Unidos.

En poco más de una década, la nación más poderosa del mundo, ha intentado propinar golpes de estado contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, naciones opuestas al sistema neoliberal que coincidentemente forman parte de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA).

Dichosamente fracasaron en su intento por reinstaurar a los gorilas en esas tres naciones suramericanas.

También alentaron a las fuerzas reaccionarias hondureñas a pervertir el orden institucional y expulsaron violentamente del poder al presidente Manuel Zelaya, quién irónicamente resultó electo por un partido de derecha.

La intentona en Nicaragua no les ha resultado fácil. Eso no significa que no lo hayan pretendido. 

Recordemos que el propio presidente de la Internacional Liberal, el holandés Hans van Baalen, visitó a los altos mandos del Ejército en noviembre del 2009 para tantearlos sobre la viabilidad de encabezar un golpe de estado contra el presidente Daniel Ortega.


“Quería saber si el Ejército nicaragüense se mantiene de forma neutral ante la crisis constitucional que afecta Nicaragua, al forzar Daniel Ortega la reelección presidencial. Se nos dijo que el Ejército es una institución profesional, y que no escoge partidos”, confesó cínicamente Van Baalen.

Precisamente por la lealtad mostrada por los altos mandos militares hacia el presidente Daniel Ortega, es que Estados Unidos ha optado por utilizar otros métodos desestabilizadores contra su gobierno, principalmente a través  de los medios de comunicación controlados por la dictadura mediática; cuyos propietarios sobredimensionan cualquier malestar, por pequeño que sea, de los sectores sociales, religiosos, políticos y económicos.

Y como si de moscas se tratase, han estimulado la proliferación de “movimientos políticos, cívicos,  jóvenes, intelectuales” y de candidatos de papel que notoriamente obtienen financiamiento de Estados Unidos y de la derecha internacional.

Casualmente, estos falsos organismos están integrados por las mismas personas, observándose a miembros de la familia Chamorro dueña del emporio mediático de  nuestro país; así como por sus antiguos empleados o subordinados.

En su afán por lograr una cuota de poder que han mantenido en casi todos los gobiernos a lo largo de la historia de Nicaragua, varios miembros de la familia Chamorro aparecen ahora como directivos de organismos cívicos promotores de la democracia que personalmente no practican; ó son integrantes de partidos o movimientos políticos.

Por ejemplo, Pedro Joaquín Chamorro Barrios, que era integrante del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), prefirió abandonar esa agrupación a pocos días de las elecciones generales del 2006, porque la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) que entonces encabezaba Eduardo Montealegre, le garantizaba un curul parlamentario.

Montealegre que ha fracasado en diversos procesos electorales, recientemente tuvo que renunciar a sus aspiraciones presidenciales, obligado por las presiones del gobierno norteamericano; además porque no pudo someter a su antiguo jefe, Arnoldo Alemán, para que le cediera el liderazgo de la oposición.

La dictadura mediática no dudó en montarse en la nueva “estrategia” electoral y ha defendido ardorosamente la decisión de Montealegre para endosar su nominación al “otro “salvador de los nicaragüenses”, Fabio Gadea Mantilla.
 
La idea era utilizar el parentesco de Gadea y Alemán para forzar a éste último a dimitir su nominación presidencial ante las pretensiones yanquis respaldadas por la derecha.

Este candidato fabricado con carburo, es diputado ante el Parlamento Centroamericano, gracias al dedazo de su consuegro, Arnoldo Alemán, señalado de cometer diversos actos de corrupción en perjuicio del erario.

Los negociantes de la información han vendido una imagen de pureza e ingenuidad de Gadea Mantilla, quién ha prometido que de llegar a la silla presidencial, no permitirá ningún acto de corrupción y que reeditará la revolución de la honradez que falsamente habría puesto en práctica la ex presidenta Violeta Barrios, a juzgar por el pésimo desempeño de sus funcionarios, incluyendo su yerno Antonio Lacayo. 

Gadea en su propósito de lograr que Alemán renuncie a sus aspiraciones, le ha prometido que si gana la presidencia de la República, lo protegerá de “cualquier cosa”, o sea que no permitirá que sea enjuiciado nuevamente por corrupción.

¿Y cómo quedaría la revolución de la honradez?.

Pese a la proyección en los periódicos de una figura de hombre honorable, Gadea no es tan inocente.

En 1999 se quedó calladito cuando la empresa Spacio Arquitectos-Ingenieros, propiedad de su hijo, Jerónimo Gadea, realizó el negociazo del siglo al obtener la adjudicación sin licitación de un millonario proyecto que le concedió su suegro, Arnoldo Alemán.

“Negociazo del yerno. Dio gato por liebre en el aeropuerto de Puerto Cabezas. Edificación «futurista» quedó en dos galerones. Remodelación adjudicada sin licitación ni nada. Alemán inauguró pidiendo pruebas de corrupción. Cascarón nació un mes antes del nuevo gobierno”, publicó El Nuevo Diario en su edición del 29 de enero del año 2000.

También Gadea Mantilla se ha rodeado, en calidad de “asesores”, de un sinnúmero de ex funcionarios de ingrata recordación por su actuación gubernamental contraria a los intereses del pueblo.

Incluso algunos de éstos asesores, participaron de los actos de corrupción de las administraciones de Alemán y Enrique Bolaños.

Entre los consejeros aparecen por enésima vez los miembros de la familia Chamorro que controlan los principales medios de comunicación, entre ellos, Antonio Lacayo, autor intelectual de los cañonazos a los diputados de la oposición para que votaran en el Parlamento a favor de determinada ley que le interesaba a su gobierno.

Otro de los asesores de Gadea es Montealegre, señalado de provocar millonarias pérdidas al Estado de Nicaragua con la amañada renegociación de los Certificados Negociables de Inversión (Cenis), que benefició directamente a su banco, así como a sus amigos.

Gadea Mantilla, un huérfano político, no tiene partido, casilla, ni dinero para financiar su campaña presidencial, y cree ilusamente que recobrará el poder para la derecha con solo contar con el apoyo del gobierno norteamericano.

Triste papel el que la derecha nacional le ha asignado a este candidato de “consenso”, quién no tiene la experiencia, ni las agallas para ganarle una partida electoral a Daniel Ortega.

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