Opinión

Cuba y los conversos del franquismo

La Unión Europea debería meditar sobre la Historia de España y su propia Historia y no dejarse llevar por el fanatismo de los conversos sino por lo que ha sido la mejor política democrática que es un diálogo político integral y abierto sobre bases recíprocas y de interés mutuo

María Puig Barrios |

Formo parte de una familia y de un partido – el Partido Comunista de España – que han sufrido, por sus ideales, persecución política, cárcel y muerte. Aquí. En España.

Y no ocurrió en España que jóvenes guerrilleros se organizaran en la sierra, concienciando a la población mediante una radio rebelde y acciones contra las fortalezas militares, para luchar contra una dictadura apoyada por una oligarquía económica y una potencia mundial que acumulaban todas las riquezas del país. Y no ocurrió en España que los guerrilleros entraran en la capital en olor de multitudes, tal como quedó plasmado en las fotos y filmaciones locales y extranjeras. No. En España, no fue así. En España, se sublevaron oficiales del ejército, partidarios de un poderoso movimiento fascista europeo (en Alemania, Italia), contra el gobierno del Frente Popular, un gobierno republicano y de izquierdas, elegido democráticamente en las urnas por los españoles que querían salir del analfabetismo y la miseria.

Y este golpe de estado, apoyado por sectores oligárquicos, incluido ciertos banqueros, provocó la Guerra Civil española que duró tres años. Durante esa Guerra, la aviación del gobierno nazi alemán apoyó al fascismo español y destruyó la ciudad de Guernica, destrucción que fue plasmada por el pintor Pablo Picasso en una de sus obras más célebres: El Guernica. No fue un hecho puntual. Era el ejemplo de lo que nos esperaba a los españoles sin fortuna, que éramos y somos la inmensa mayoría, y también fue un campo de ensayo del poderío militar alemán que se preparaba para la invasión de los países europeos, lo que daría lugar a la Segunda Guerra Mundial que se inició justo después de la Guerra Civil española.

En España, siguieron casi cuarenta años de gobierno fascista que impuso una política económica a favor de una minoría privilegiada, aplastando brutalmente toda demanda social o sindical.

Y en España, hubo en los años setenta, una transición, una democracia sin una revolución pacífica como la del vecino Portugal, la Revolución de los Claveles, de abril de 1974, con la población saliendo a la calle portando claveles, apoyando a los jóvenes oficiales sublevados, hartos de ser utilizados para reprimir y matar en las colonias portuguesas de África. No, en España, no. En España se vendió al Sahara y se pactó una democracia que interesaba a las élites económicas españolas que, sin una mínima democracia que pudiera ser “homologable” en Europa, se veían apartadas de la Comunidad Económica Europea.

No es que de pronto, los franquistas se cayeran del caballo en el Camino de Damasco, porque vieran brillar la luz de la libertad y la democracia. No, no fue así. Fueron los intereses económicos. Como dijo un Presidente norteamericano: “La economía, estúpido, la economía”. Por eso, democracia, sí, ma non troppo. Fue una transición con mucho ruido de sables, muchos planes golpistas, como la Operación Galaxia o el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, con la OTAN de telón de fondo, en la que Calvo Sotelo nos metió sin calzador, ese mismo año, cuando todavía estaba latente en la población el miedo de una involución. Economía y poder militar. Transición modélica para el capitalismo. Sí, Señor.

Por eso, España no tiene una democracia viva, participativa, crítica, reivindicativa, por eso tuvo que recurrir a una forma de Estado obsoleta, por eso tiene un himno nacional que ahora no tiene letra, porque la letra decía así: “Viva España, alzad los brazos hijos del pueblo español…”, en alusión al saludo fascista que se hacía en España y equivalía al “Hail Hitler” nazi.

No es que me gusta recordar los tiempos oscuros de la Historia de España que por desgracia, son muchos, pero no me gusta nada aguantar, ahora, en el siglo XXI, el fanatismo hipócrita de los conversos, de los “nuevos demócratas” españoles. Los que proceden del franquismo, esos que militan en organizaciones políticas fundadas por exministros franquistas, esos que tienen todavía en sus filas a exministros, exprocuradores en Cortes, exgobernadores civiles, exalcaldes, exconcejales y otros excargos relevantes del franquismo, aquellos que son herederos políticos y hasta biológicos del franquismo (que también me acuerdo de los apellidos de ciertos ministros y generales), esos tienen la osadía de dar lecciones de democracia, a diestra y sobre todo a siniestra, eso sí, con el viejo estilo de las movilizaciones franquistas de la Plaza de Oriente de querer aplastar toda voz que no esté de acuerdo con ellos, ya sean políticos, actores o cantantes.

Cuenta para ello con las nuevas armas poderosas de la propaganda mediática, aparentemente más benignas pero, en realidad, mucho más letales cuando mata la información y la comunicación, para aplastar la verdad, el pensamiento, el razonamiento, el debate, la igualdad, la libertad. Y cuentan con poderosos medios, en algunas estructuras del Estado, para evitar que salga a la luz la verdadera Historia de España, no dudando en denunciar a los jueces que osan intentarlo.

Al diputado del P.P., antes de ATI, Miguel Cabrera Pérez-Camacho, sólo lo conozco, a través de los medios, por sus exabruptos y su defensa de los toros en el Parlamento de unas Islas donde no hay ni toreros, ni corridas, ni afición a la Fiesta Nacional. Ni siquiera sabía que era Inspector de Hacienda, en excedencia, y asesor tributario de empresas. Podría denunciar el fraude fiscal y la economía sumergida que, no sólo son ilegales, sino que violan los derechos humanos en España, como las de las 90.000 familias canarias en paro, con el drama diario de la falta de ingresos para salir adelante. Podría denunciar el timo de la gripe A y sus intereses inconfesados, la tortura en territorios tan cercanos a las Islas, el analfabetismo y la descolarización que condenan a millones de niños y niñas en el mundo a una pobreza segura, las pandemias de enfermedades curables que producen una exterminación masiva de jóvenes y niños en muchos países del mundo, la voracidad de las multinacionales que no escatiman medios violentos directos o indirectos para hacerse con los recursos de los países, condenando a sus poblaciones a la miseria y sembrando la destrucción y la muerte. Podría condenar la acumulación de las riquezas en pocas manos, lo que provoca la indigencia y la desnutrición de millones de seres humanos que mueren de hambre en el mundo.

Es desproporcionado que un pequeño país del Caribe de 12 millones de habitantes, que intenta sobrevivir, con dignidad, a un bloqueo económico inhumano impuesto por Estados Unidos, se convierta en el único problema del mundo, con una propaganda desmedida y machacona. Estados Unidos nunca ha defendido la democracia en América Latina, siempre ha defendido la libertad de mercado, el capitalismo.

Y La Unión Europea ha cedido a las posiciones más reaccionarias que se dan en su seno, a las posiciones del PP español, acordando la “posición común” y una política de sanciones a Cuba llevada por Aznar durante el tiempo en el que estuvo en la Presidencia de la Unión, en 1996. En la UE, no hay “posición común” para ningún otro país de ningún continente. Quizás porque el PP sólo tiene que defender en Europa los intereses económicos de la ultraderecha cubana de Miami con la que está relacionada según se ha denunciado reiteradamente desde el despido de los trabajadores españoles de SINTEL, empresa vinculada a Más Canosa y herederos, personajes a los que nunca le faltan denuncias de corrupción y hasta por terrorismo. Y no sólo ha cedido el PPE, sino los Partidos Socialistas Europeos, por la debilidad del PSOE frente a la derecha más reaccionaria de Europa.

La Unión Europea debería meditar sobre la Historia de España y su propia Historia y no dejarse llevar por el fanatismo de los conversos sino por lo que ha sido la mejor política democrática que es un diálogo político integral y abierto sobre bases recíprocas y de interés mutuo.

(María Puig Barrios es Sec Gral del PCC-PCE)

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