Opinión

San Oscar Arnulfo Romero y el proyecto anticapitalista

(Por el Padre Luis Barrios) Este asesinato fue un plan macabro, orquestado por la oligarquía salvadoreña, las fuerzas armadas de El Salvador y el gobierno de Estados Unidos

Redacción Central |

Un 24 de marzo de 1980, a las 6:26 p. m., el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, fue asesinado mientras celebraba la eucaristía en el hospitalito de la Divina Providencia, en San Salvador.

Este asesinato fue un plan macabro, orquestado por la oligarquía salvadoreña, las fuerzas armadas de El Salvador y el gobierno de Estados Unidos. Sin querer queriendo, quienes mataron su cuerpo no sabían que ese mismo día resucitaría en las luchas de los pueblos como nuestro San Romero de Las Américas.

Interesante en todo este asunto lo es el proceso de canonización que los pueblos determinan, a pesar de las dificultades y obstáculos que las jerarquías religiosas establecen, sobre todo cuando estas jerarquías entienden que no se beneficiarán del proceso.

Pero el pueblo es el termostato y es aquí en donde reside el poder. Esto para que se pruebe una vez más que sólo el pueblo tiene la autoridad moral y espiritual de decidir el proceso de beatificación. O sea, que este milagro de convertir a Monseñor Romero en San Romero no se realizó en Roma, el mismo se llevó a cabo aquí, en Las Américas, y hoy lo estamos celebrando aquí, en Nueva York.

Pero antes de proseguir me gustaría dejar claro que no es posible hablar del legado histórico de San Romero, sin mencionar al Padre Rutilio Grande, quien para mí fue la conciencia de transformación de Romero. Ese amigo y hermano, que nunca le permitió a San Romero que se acomodara con la clase dominante de El Salvador, traicionando al pueblo.

Que no se nos olvide, San Romero llegó al obispado y luego al arzobispado, porque no era una amenaza ni para Roma, ni mucho menos para la oligarquía salvadoreña. El Padre Rutilio lo retornó al pueblo y fue ese momento del asesinato de éste, Rutilio, el 12 de marzo de 1977 junto a dos campesinos, cuando Romero dio un giro y comenzó a caminar y a sentir con el pueblo. Como no se puede estar con Dios y con el diablo, fue en este momento que San Romero dejó de proteger y de bendecir a quienes oprimían, desaparecían y asesinaban al pueblo de El Salvador.

Entre todas las acciones subversivas que firmaron la sentencia de muerte del cuerpo de San Romero, me parece importante enfatizar en este escrito su posición de que la Iglesia de Dios, si es una verdadera Iglesia, no tiene más opción que ser anticapitalista.

Este fue un proceso gradual a través del cual San Romero se radicalizó y comenzó a cuestionar la injusticia socioeconómica que había, y por desgracia hoy en día sigue, en El Salvador.

Es aquí en donde San Romero, en una de sus homilías, nos dice: “la verdad es que va aumentando cada vez más la distancia entre la mucha gente que tiene poco y la poca gente que tiene mucho”.

Y por supuesto, a esta problemática San Romero no le buscó explicaciones en una religión idólatra que erróneamente hace responsable a nuestro Dios de estas barbaries de la pobreza mientras narcotiza al pueblo.

San Romero entendió claramente que algo estaba mal en las estructuras políticas y en la gente que las administra y les exhortó diciendo: “…es importante que el gobierno se defina, y que es necesario definirse a favor de las inmensas mayorías”.

La respuesta de la oligarquía salvadoreña fue muy astuta, al tratar de contrarrestar los mensajes de esperanza que San Romero estaba trayendo al pueblo. Es por esto que comenzaron una campaña de acusarlo de comunista y, a la misma vez, que el comunismo es una práctica atea.

San Romero no se hizo esperar y les respondió primeramente diciendo que “el anticomunismo conque mucha gente quiere defender su propiedad privada, no es anticomunismo de amor a Dios, es un anticomunismo de amor a sus riquezas”.

Este desenmascaramiento, no sólo contra la oligarquía sino también contra la jerarquía religiosa, llevó a San Romero a hacer una acusación seria: “el capitalismo es también ateo”. ¿Por qué? Porque con su práctica de injusticia niega la existencia de Dios.

En su constante ataque a las estructuras opresoras San Romero tomó una frase prestada del papa Juan Pablo II y prácticamente la hizo suya en teoría y práctica, cada vez que atacaba el sistema capitalista: “sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social”.

Él tenía claro que el sistema capitalista trata de engañar al pueblo con sus asuntos de la propiedad privada, sin dejarles ver que no es posible llegar a la propiedad privada sin hipotecarse socialmente. De aquí el que mucha gente crea erróneamente que la hipoteca de la casa, del carro o del terrero, es de su propiedad.

Esta hipoteca le pertenece al banco y esta es una de las estrategias que ha utilizado el sistema capitalista para hacer ver lo que no es correcto. Observe cuidadosamente la manera en que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional llevan a cabo sus préstamos impagables, en donde se pone como condición el hipotecar socialmente al país.

Pero también San Romero tiene algo que decir para quienes administran las estructuras, sean estas políticas, sociales, religiosas, etc.

Es por esto que en su teología pastoral conspiradora, San Romero tenía claro que el cambio solamente de las estructuras opresoras no era suficiente; hay que cambiar la manera de actuar, pensar y sentir de quienes administran esas estructuras.

De aquí el que nos diga: “de nada sirve cambiar las estructuras, si no tenemos personas nuevas que manejen esas estructuras…si se cambian las estructuras, si se hacen transformaciones agrarias y demás, pero vamos a ocuparlas con la misma mente egoísta, lo que tendremos serán nueva gente rica, nuevas situaciones de ultraje, nuevos atropellos…”

Por supuesto, esta aclaración le dolió tanto a la gente de la derecha como de la izquierda, porque fue un llamado a la autoevaluación constante, la cual nos hace mucha falta para no seguir cometiendo los errores y estupideces que cometemos en el proceso de organizar y movilizar al pueblo.

Por estas y muchas otras razones, Romero se convirtió en un enemigo de quienes estaban en el poder y de aquí el que su asesinato se planificara en la Embajada de Estados Unidos, en El Salvador.

Por lo tanto, en el proceso de rescatar el legado histórico de San Romero es importante el poder conectarlo con nuestras luchas, muy en particular en el poder desarrollar una Iglesia que sea relevante a las luchas del pueblo.

De aquí entonces el que esta Iglesia tiene que ser anticapitalista, teniendo el coraje de poder identificar, denunciar y cambiar las opresiones que se llevan a cabo contra nuestros pueblos.

En sus propias palabras San Romero nos sigue diciendo: “he aquí, la Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social; si callara la Iglesia, sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con quien se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una mayoría del pueblo”.

Este es el reto que San Romero le está haciendo a la Iglesia en este momento y muy en particular a quienes estamos viviendo aquí, en Estados Unidos, y vivimos de frente a la política dictatorial y genocida de George W. Bush.

Muy específicamente San Romero nos está diciendo que no podemos quedarnos calladas/os frente a las guerras imperialistas contra Afganistán e Irak; la utilización y justificación de las torturas; la violación a los derechos civiles y humanos; las amenazas de invasión contra Irán, Corea del Norte, Venezuela y Cuba; el colonialismo en Puerto Rico; el bloqueo contra Cuba; la guerra y criminalización contra los/as inmigrantes; la encarcelación de antiterroristas como lo son los cinco cubanos que están en prisiones en Estados Unidos; la encarcelación de quienes creen y luchan por la descolonización de su patria, como las/os prisioneros/as políticos puertorriqueños/as.

Tampoco podemos quedarnos calladas/os frente al racismo, sexismo, clasismo, heterosexismo y la pandemia del VIH/SIDA, etc.

Que no se nos olvide, ese 24 de marzo mataron su cuerpo pero su lucha, perseverancia, y ejemplo subversivo resucitó en nuestras luchas. De aquí el que gritemos a toda voz, ¡San Romero de Las Américas vive, la lucha por la paz con justicia sigue!

P. Luis Barrios
Iglesia de Santa María
New York, New York
[email protected]

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