(Por Tomás Borge) Al pueblo costarricense no le será difícil conquistar, algún día cercano, un régimen solidario, sensato y amistoso con Nicaragua
El diario La Nación de Costa Rica -decálogo y decano del odio racista, portavoz de radicales y ridículos prejuicios antinicaragüenses, vocero de la antipatía oligárquica contra gobiernos y pueblos revolucionarios de cualquier latitud, intocable, por lo tanto, como ala de mariposa, ofendidísimo porque nuestro embajador tuvo la osadía de sentirse lastimado por sus groserías- dice:
"La Cancillería pidió al Ministerio de Hacienda cancelar la exoneración de 3 vehículos con placas diplomáticas, debido al mal uso que de ellos ha hecho el Presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) nicaragüense, Roberto Rivas Reyes y su familia. La solicitud la planteo el jueves anterior el canciller Bruno Stagno en una carta dirigida a la ministra de Hacienda, Jenny Philips".
¿A qué demonios llamará el diario La Nación el mal uso de los vehículos? ¿Será porque en ellos se monta Roberto Rivas, alto funcionario y hermano del embajador? Si Roberto Rivas u otro miembro del gobierno, más aun cualquier nicaragüense, visita el Perú y es trasladado a diferentes destinos ¿Estaríamos haciendo mal uso de los vehículos de nuestra embajada?
O si llega un ciudadano tico a Nicaragua y al embajador de este país hermano se le aparece la voluntad de llevarlo en alguno de los vehículos de su sede diplomática al aeropuerto, a la casa de los Mejía Godoy o a disfrutar de las luces atrapadas en el cielo de Granada, ¿Estaría violando las leyes de Nicaragua?
El embajador tico puede sentar en el asiento de su carro a la suegra de su mejor amigo, cualquier cosa. No debe, claro está, manejar embriagado, contra la vía o brindar por la democracia y por el derrocamiento de Daniel Ortega, con Eduardo Montealegre. Más si lo hace, seguro, no será expulsado del país por nuestro gobierno.
La supuesta nota no acusa a nuestra embajada por el mal uso de los vehículos. Acusa al Presidente de un poder del Estado de Nicaragua a quien el embajador esta obligado a darle atención aunque no fuera ni siquiera un pariente lejano.
Por su alta investidura, además, el gobierno tico está obligado a respetarlo. Solo un retardado mental o un intolerante antisandinista -como un ex diplomático, el mismo que anhela mi muerte, quien elogia a Costa Rica como el país de la ley y el orden y denigra a Nicaragua- no se da cuenta del perverso designio, no solo por supuesto de La Nación, sino también del angurriento gobierno de ese país, que anhela con exasperación liquidar al FSLN y tragarse, con todo y tiburones, el Río San Juan.
Los antiguos, necios e inútiles sueños del periódico tico con nuestro río San Juan son su insoportable mordedura mediática, para nada ajena a la insidia de hoy.
Lo mas espectacular y desvergonzado de este teatro es el hecho -lo decimos con certidumbre y con pruebas- de que más de 15 vehículos, del gobierno anterior al nuestro, circulan en las abarrotadas carreteras ticas, con placas diplomáticas.
El hombre de la máscara de seda, gobernante tico, no ha dado un solo paso para quitárselas a los bribones ex diplomáticos que las poseen. Algunas de estas placas y sus respectivas exoneraciones fueron vendidas a terceras personas y la cancillería tica sabemos que lo sabe.
La Nación, por supuesto, no ha dicho ni dirá una décima de palabra sobre este bochorno. Estamos confirmando nombres de los ladronzuelos de placas y los daremos a conocer.
Esas cosas ocurren en la algarada democracia tica. Costa Rica es un país donde se respetan muchas leyes, aunque no todas y esta habitada por un pueblo generoso, valiente y culto. Este pueblo no esta enrolado en esta truculencia. Ese pueblo se levanto con hidalguía contra tratados ignominiosos.
A ese pueblo no le será difícil conquistar, algún día cercano, un régimen solidario, sensato y amistoso con Nicaragua. Entonces serán fáciles las concesiones mutuas y los abrazos.