Opinión

Estados Unidos y América Latina

La verdad es que desde que nació Estados Unidos en 1776, las cosas no han ido bien para el resto de países del Continente Americano

Redacción Central |

Desde mediados del Siglo XIX las relaciones de Estados Unidos con el resto del Continente Americano han sido convulsas. La verdad es que desde que nació Estados Unidos en 1776, las cosas no han ido bien para el resto de países que conformamos el Continente Americano.

Nicaragua ha sufrido muchos de esos tropiezos en las relaciones con Estados Unidos, empezando con William Walker de 1850 a 1856; pero también México, al cual le robaron la mitad de su territorio; o la manera como obtuvo Estados Unidos, Florida. Y sus maneras de dominar América han ido variando según las circunstancias, según la evolución del mundo, pero siempre tratando de preservar sus intereses, su visión imperial, su visión de dominación.

Después de la Revolución Cubana , en los años 60 operó un relativo cambio en las relaciones con América Latina, intentando disminuir las tensiones sociales causadas por la desigualdad que hay en todas las sociedades de América Latina. Lanzó el Programa Alianza para el Progreso en la época de John F. Kennedy; pero eso quedó poco más o menos que para nada, por una sencilla razón: no resolvía los problemas de fondo de América Latina, y surgieron los movimientos guerrilleros en prácticamente todo el Continente.

Esos movimientos guerrilleros fueron aplastados a sangre y fuego, con el decidido respaldo de la Central de Inteligencia Americana, con el decidido respaldo de las Embajadas norteamericanas, que simplemente aniquilaban a aquellos Movimientos que eran expresión de la rebeldía popular. Y como no podían resolver la situación, optaron por los golpes militares. Ocurrió en Argentina, ocurrió en Chile, ocurrió en Uruguay, ocurrió en Brasil, ocurrió en Bolivia muchísimas veces, y así, en todo el Continente Americano.

Centroamérica tampoco fue la excepción. Aunque en Nicaragua tenían a un dictador domesticado quien además tenía un férreo control sobre toda la situación del país en complicidad con la oligarquía conservadora, en el resto de Centroamérica no les iba tan bien. Honduras, Guatemala y El Salvador, tuvieron que dominarla mediante golpes militares, utilizando al Ejército como garantía de los intereses norteamericanos en la región.

Pero luego vino la Revolución Sandinista y eso cambió dramáticamente la correlación de fuerzas en América Latina, y la imagen de lo que ocurría en todos estos países. Y entonces, Estados Unidos aplicó el esquema de Democracia Controlada, manteniendo el férreo control de las Fuerzas Armadas, mediante financiamientos, entrenamientos, capacitación, y sobre todo, vínculos con los principales Jefes de los Ejércitos. Se optó por un esquema de Democracia Controlada, dejando espacio a las elecciones y, de esa manera, más o menos, que fluyeran las relaciones sociales de América Latina y en particular de Centroamérica.

Pues bien, ese modelo que dominó a lo largo de los años, desde la mitad de los años 80 hasta la mitad del año 2000, parecía que le iba muy bien a Estados Unidos. Sin embargo, empezó la rebelión popular en América Latina de nuevo, esta vez con una expresión electoral. Esa rebelión tuvo su expresión, por ejemplo, en las urnas de Caracas, y llevan a la Presidencia a Hugo Chávez; pero luego se sucedieron otros fenómenos, también por la vía electoral: Lula en Brasil, Evo en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, y así, distintos procesos.

Y en Centroamérica, Daniel Ortega, en Nicaragua. Aquí en Centroamérica, parecía entonces que se abría una nueva etapa, como efectivamente ocurrió. Tradicionalmente, lo que ocurre en Nicaragua termina afectando a la región centroamericana, y otra vez se cumplió esa tradición.

El Presidente Manuel Zelaya, en Honduras, decidió adherirse a Petrocaribe primero, con la finalidad de obtener petróleo a bajo precio, porque tenían una situación angustiante en Honduras, debido a que ellos no tienen refinería y tienen que comprar a las transnacionales los productos terminados, es decir, la gasolina, el diesel, el gas propano. Ellos no tienen refinería. Y luego de Petrocaribe el Presidente Zelaya decidió adherirse al ALBA como miembro pleno y empezó a realizar pequeñas transformaciones en la Honduras atrasada, conservadora… ¡eso fue intolerable para el esquema norteamericano!

Con un control total de las Fuerzas Armadas, el Pentágono y los sectores más reaccionarios de Estados Unidos diseñaron una estrategia cuyo punto culminante era el golpe de Estado al Presidente Zelaya. Y esa planificación inició el mismo día que el Presidente Zelaya decidió adherirse al ALBA… se consumó el 28 de junio de este año. Parecía que iba a ser revertido, dada la fuerza, el empuje del movimiento popular en Honduras, y dada la firmeza del Presidente Zelaya.

Sin embargo, el Presidente Zelaya cometió un gravísimo error: decidió aceptar la negociación con sus victimarios, con los golpistas. Y a partir de ese momento se enredó todo. Si el Presidente Zelaya no hubiese tomado esa decisión, probablemente hoy estaría abierta otra coyuntura en Honduras. Pero eso ya son hechos pasados, hechos consumados.

Este domingo hubo elecciones en Honduras, el peor escenario posible para el pueblo hondureño, un país con un gobernante de facto, que además impone su poder y su autoridad sobre la base de la represión, de los asesinatos, de la cárcel, de la persecución de los dirigentes populares. Es una pantomima, una farsa electoral, que no va a resolver de ninguna manera los problemas de Honduras.

Y ya se empiezan a escuchar a todos los países y los gobiernos subalternos de Estados Unidos, a decir: bueno, hay que reconocerlo… como el caso de Oscar Arias en Costa Rica o como el de Martinelli en Panamá o como el de Alan García en el Perú o como el Primer Ministro canadiense, y parece que por ese rumbo va México. El resto de América… ¡no va a reconocer al gobierno de Honduras!

La lástima es que no solamente no resolverá los problemas del pueblo hondureño, los va a profundizar, vendrá más represión, habrá mucha más pobreza para el pueblo hondureño; sino que además, atrasa y paraliza el proceso de Integración Centroamericana, que con tan buen ritmo avanzaba, sobre todo en la Presidencia de Daniel Ortega.

Asumió la Presidencia Oscar Arias y ese proceso ha quedado paralizado, va ahora rumbo a Panamá. El Presidente Martinelli será el Presidente Protempore de la Región , y seguirá paralizado el proceso de Integración Centroamericana, y no podrá avanzar mientras haya un gobierno espurio en Honduras. El pueblo hondureño, definitiva-mente, siempre tendrá la última palabra, y ya lo veremos reaccionar con mucha mayor fuerza en los próximos meses.

La lucha es el más alto de los cantos, y si nos unimos… ¡somos invencibles!

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