Opinión

Confesión imperial

La arrogancia y prepotencia condujo al representante del imperio en Nicaragua, Robert Callahan , a confesar su injerencismo e intervencionismo en los asuntos internos de Nicaragua. Se descubrió como el líder de la oposición nicaragüense.

Redacción Central |

Era un secreto a voces. En privado todos lo sabíamos, pero públicamente nadie podía probarlo. La arrogancia y prepotencia condujo al representante del imperio en Nicaragua, Robert Callahan a confesar su injerencismo e intervencionismo en los asuntos internos de Nicaragua. Se descubrió como el líder de la oposición nicaragüense.

A su diestra estaban sus marionetas en un evento “empresarial”, mostrando poses de adoración a su majestad.

Sentaditos como niños bien portados los monigotes recibieron muy atentos las instrucciones de su amo.

Ahora nadie podrá negarlo. Lo hizo en público para que ningún nicaragüense ponga en duda que este señor dirige las maniobras desestabilizadoras contra el gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

El pueblo se volcó a las calles enardecido por el intervencionismo yanqui, haciendo uso del derecho que le concede el artículo 30 de la Constitución referido a la Libertad de Expresión que, textualmente, cita: Los nicaragüenses tienen derecho a expresar libremente su pensamiento, en público, privado, individual o colectivamente, en forma oral, por escrito o por cualquier otro medio.

Exigieron la expulsión de Callahan, para quién perduran los procónsules que, en épocas pasadas, se convirtieron en los verdaderos gobernantes de varios países de América Latina.

Su servidumbre mediática en Nicaragua acostumbrada a recibir órdenes imperiales, vertió todo su odio contra el sandinismo.

Son tan miopes porque no ven la paja en su propio ojo. Hablan de doble moral del presidente Daniel Ortega por censurar el intervencionismo norteamericano e intentan justificar el injerencismo yanqui al establecer una especie de paralelismo con la actuación de los gobernantes que integran el ALBA que han exigido la restitución en el cargo del presidente constitucional de Honduras Manuel Zelaya.

La conducta de los negociantes de la información no es casual. Adiestrados en servirse del poder público y en mantener tiranías y propinar golpes de estado, no podemos esperar menos del monopolio chamorrista.

En 1995, un sinnúmero de diputados que resultaron electos en la casilla del Frente Sandinista y que ahora forman el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ante sus ambiciones desmedidas, se juntaron con la derecha de la época e impusieron una reforma total a la Constitución disfrazada de enmiendas parciales.

Coincidentemente, sus principales exponentes, Danilo Aguirre Solís y Luís Sánchez Sancho, director y editorialista de El Nuevo Diario y de La Prensa, respectivamente, fueron los artífices y autores intelectuales del cercenamiento del derecho de los nicaragüenses a reelegir a sus máximas autoridades.

De allí se explica la defensa a ultranza de estas reformas constitucionales que fueron declaradas inaplicables por la Corte Suprema de Justicia, cuyo poder del Estado también dejó sin efecto varios artículos de la Ley Electoral con rango constitucional que había cancelado la personalidad jurídica de, al menos, 16 partidos políticos que no cumplieron los requisitos establecidos y que, posteriormente, se las restituyeron.

De igual manera, estos defensores de la democracia cortaron las aspiraciones presidenciales de otros políticos, entre ellos, el comandante Edén Pastora, Álvaro Robelo, y al yerno de doña Violeta Barrios, socia de LA PRENSA, Antonio Lacayo, quién fustigó duramente esas enmiendas porque lesionaban el derecho de igualdad de los ciudadanos.

Irónicamente, Lacayo responsable directo de la privatización de la salud, la educación, la energía, las telecomunicaciones, de haber enviado al desempleo a más de 100 mil trabajadores y de la venta a precio de guate mojado de decenas de prósperas empresas propiedad del pueblo, ahora se rasga las vestiduras defendiendo esas nefastas reformas constitucionales que lo inhibieron de participar en la contienda electoral presidencial.

La actuación de estos espías disfrazados de diplomáticos ha sido aplaudida por el monopolio mediático que, junto a algunos jerarcas católicos, forman parte de la estrategia norteamericana para revertir el triunfo de la izquierda en la mayoría de naciones de América Latina.

A ese grupito habría que agregar a los que se creen “líderes” de la autodenominada “sociedad civil”, que más bien operan como empleados del gobierno estadounidense que financia todas sus actividades, mediante la “promoción” de la “democracia”.

Los últimos tres gobiernos neoliberales a los que estuvieron ligados los dueños de las grandes empresas periodísticas, permitieron e incentivaron el comportamiento injerencista de los diplomáticos gringos.

Desde doña Bárbara Moore, de ingrata recordación, quien llegó al extremo de interferir descaradamente en la elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional mientras gobernó el presidente Enrique Bolaños.

En esa oportunidad, los diputados de la bancada del Frente Sandinista quedaron excluidos de los cargos directivos por disposición imperial y de sus lacayos.

Luego pasó el tristemente célebre Paul Triveli que en todo se metía y de todo opinaba.

Ahora tenemos a Callahan, especialista en planes desestabilizadores en países que no son favorables a los intereses de Estados Unidos.

Callahan ha utilizado cualquier recurso humano, técnico y material en su afán por desacreditar y desestabilizar al gobierno de Nicaragua. De nada le han servido porque su estrategia ha fracasado.

Al frente de su política desestabilizadora está la derecha mediática. Sus propietarios crean candidatos que tienen el visto bueno del amo; publican encuestas manipuladas sobre preferencias electorales del público, la situación política, económica y social de nuestro país; informaciones distorsionadas; falsedades contra familiares que no pertenecen a la rancia burguesía; e incluso, han boicoteado el desarrollo nacional al exigir a los gobiernos extranjeros que suspendan la ayuda a nuestro país para hundir a esta administración.

Están dispuestos a sacrificar a millones de nicaragüenses que padezcan hambre con tal de revertir el triunfo electoral del Frente Sandinista, incluso celebraron la suspensión de la famosa Cuenta Reto del Milenio y la ayuda de naciones europeas. Igual están gozando de la nueva amenaza europea por el fallo de la CSJ.

Pese a la defensa férrea y complacencia del monopolio familiar Chamorro, el comportamiento de Callahan dista mucho de ser diplomático.

Actúa como el líder político de la oposición nacional y se atreve a amenazar con continuar reuniéndose con sus subordinados nicaragüenses.

“Nos reunimos con la oposición, es nuestra obligación, si no lo hacemos es faltar a nuestro deber, nos reunimos y lo seguiremos haciendo”, sentenció.

Es totalmente falso que tenga el derecho de inmiscuirse en los asuntos internos de nuestro país y mucho menos que su planteamiento esté fundamentado en las normas y reglamentos internacionales de la diplomacia.

El Artículo 41 de la Convención de Viena sobre el comportamiento de los diplomáticos establece claramente que “Sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas que gocen de esos privilegios e inmunidades deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor. También están obligadas a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado”.

La embestida norteamericana no solamente se observa en nuestro país, en donde tenemos a un gobierno revolucionario comprometido con el bienestar de los pobres de nuestro pueblo.

Recordemos que Estados Unidos es el principal promotor de la ruptura institucional hondureña y que, para la derecha nicaragüense, no ocurrió un golpe de Estado en la vecina del norte, sino que fue “una separación forzosa” de Mel Zelaya.

En Colombia, el narcopresidente Álvaro Uribe, complacientemente ha cedido su territorio para que Estados Unidos establezca siete bases militares que amenazan la estabilidad regional de América del Sur, fundamentalmente dirigidas contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Chile y otros países en donde han sido electos gobiernos progresistas y revolucionarios.

Cuestionan la soberana decisión de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de restituir el derecho del pueblo a reelegir a sus máximas autoridades nacionales; pero en Afganistán aplaudieron que su marioneta Hamid Karzai, haya sido reelecto para un segundo mandato sin que existiesen condiciones para que se realizara una contienda porque no hubo otro candidato.

Es decir, Karzai fue reelecto como resultado de elecciones fraudulentas, no obstante, no hubo pronunciamientos de la sociedad civil, la jerarquía católica, líderes políticos europeos o norteamericanos. Aquí las cosas pasaron tan naturales porque éste hombre es aliado de Estados Unidos. Queda claramente despejada la doble moral del gobierno norteamericano.

Esta es la moral que es defendida por La Prensa, El Nuevo Diario y compañía.

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