Opinión

Un paseo por La Habana

Se engaña quien suponga que Cuba va reculando hacia el capitalismo. Aunque se multipliquen las aperturas a la economía de mercado, debido a la globalización y al mundo unipolar hegemonizado por el neoliberalismo, a la Isla no le interesa priorizar la acumulación privada de riqueza en detrimento de la mayoría de la población.

Redacción Central |

La Habana en esta época del año está bañada por una suave temperatura. El calor es amainado por el fresco que sopla de las aguas azuladas que mueren en el Malecón. No se siente tanta humedad, aunque la población se mantiene atenta a la meteorología: octubre y noviembre son meses de huracanes. El año pasado arruinaron casi el 20% del PIB, calculado ahora en US$ 50 mil millones. .

No hay señales de que el desastre se vaya a repetir este año. Pero es imposible prever las reacciones vengativas de Gaya, cruelmente estuprada por nuestra ambición de lucro y por un solemne desprecio a la madre ambiente.

Mi visita a Cuba en la penúltima semana de octubre no tenía agenda de trabajo. Fui por invitación del querido amigo José Alberto de Camargo, que, para celebrar su cumpleaños, escogió la ciudad reencantada por la literatura de Lezama Lima, Alejo Carpentier y Nicolás Guillén.

La comitiva (comitiva del corazón) incluía a los periodistas Chico Pinheiro y Ricardo Kotscho, éste acompañado de Mara, su mujer. Alojados en el octogenario Hotel Nacional, brindamos por nuestra llegada con el daiquirí del Floridita, en el que Hemingway agarraba sus borracheras. Visitamos la casa en la playa en que murió y donde escribió “El viejo y el mar”, así como el Hotel Ambos Mundos, en el que vivió seis años y redactó “Por quién doblan las campanas”.

Fueron días de agradable yantar caribeño en El Templete, a la orilla del puerto, o en El Oriente, frecuentado por Saramago y García Márquez. Entre mojitos y el aroma perfumado de los puros Cohiba, cuya fábrica recorrimos, mantuvimos provechosas conversaciones con ciudadanos anónimos y autoridades del país, como Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional; Eusebio Leal, historiador de la ciudad (y responsable de la restauración del área colonial de La Habana); Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado (donde se juntan ministros y dirigentes del país); Armando Hart, del Centro de Estudios Martianos; Abel Prieto, ministro de Cultura; y Caridad Diego, responsable de la Oficina de Asuntos Religiosos (que cuida de la relación entre el Estado y las denominaciones confesionales). Permanecí un día más para encontrarme con Raúl Castro, actual presidente, con quien almorcé el sábado 24, y con Fidel, que en la tarde del mismo día me recibió en su casa, con derecho a la comida.

Cuba se encuentra grávida de sí misma. Después de 50 años de Revolución es hora de analizar errores y vacilaciones. Se mira el pasado para avizorar mejor el futuro. En el 2010 el 9º Congreso del Partido Comunista deberá someter al país a la verificación de sus contradicciones y a la elaboración de nuevas estrategias, sobre todo en lo concerniente a la economía y a la emulación ética.

Se engaña quien suponga que Cuba va reculando hacia el capitalismo. Aunque se multipliquen las aperturas a la economía de mercado, debido a la globalización y al mundo unipolar hegemonizado por el neoliberalismo, a la isla no le interesa priorizar la acumulación privada de riqueza en detrimento de la mayoría de la población. América Central es el espejo en el que Cuba no desea verse reflejada: allí los altos índices de violencia son hoy día los más elevados del mundo, con 23 asesinatos al año por cada 100 mil habitantes. En Brasil el índice es de 31 por cada cien mil; y en Cuba de 5.8 por cada cien mil. Basta con decir que en Rio de Janeiro la policía mató en el 2007 a 1,330 personas. Y que en el año anterior, en todos los EE.UU., fueron muertas por la policía 347 personas.

Los cubanos son conscientes de que todos los fallos del país no pueden ser atribuidos al criminal bloqueo impuesto, desde hace más de 40 años, por la Casa Blanca (y ahora en vías de distensión por la administración Obama).

El mantenimiento durante largo tiempo de medidas justificadas por la Guerra Fría comienza a ser cuestionado. Es el caso del carácter paternalista del Estado, que asegura gratuitamente a 11 millones de personas la canasta básica, la salud y una educación de calidad.

Por esa razón la calidad de vida en Cuba, donde está erradicado el analfabetismo, figura en el lugar 51, entre 182 países, en el Índice de Desarrollo Humano 2009 de la ONU. Brasil figura en el puesto 75. Desde luego no se piensa alterar el derecho universal y gratuito a la salud y a la educación. Pero la reducción de los subsidios a la alimentación deberá coincidir con el aumento de los salarios y de la productividad agrícola, de modo que se reduzca la importación del 80% de los alimentos que se consumen.

Se busca una solución a corto plazo para la duplicidad de monedas: el CUC adquirido por los turistas (que evita el cambio paralelo y la evasión de divisas) y el Peso utilizado por el ciudadano cubano. El turismo, junto con la exportación de níquel, es una de las principales fuentes de recaudación en Cuba, que, con un tamaño 64 veces inferior al Brasil, recibe 2.5 millones de turistas al año, la mitad de los que llegaron a nuestro país en el mismo período.

Toda América Latina se opone hoy al bloqueo y apoya la reintegración de Cuba a los organismos continentales. La cuestión política más relevante en las relaciones internacionales es la urgente liberación de los cinco cubanos presos en los EE.UU. desde 1998, condenados a penas elevadísimas, acusados -¡fíjense!- de evitar actos terroristas. Los cinco lograron abortar 170 atentados planeados contra Cuba dentro de la comunidad cubana de Miami.

Fernando Morais, con quien comimos en La Habana, promete lanzar en el 2010 un libro en que cuenta la tremenda historia del proceso realizado por la Justicia norteamericana contra los Cinco cubanos.

A quien le pueda interesar: Fidel goza de muy buena salud y excelente buen humor.

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