Opinión

No nos dejemos provocar

Yo ignoraría, al menos hasta donde lo permita la honra de la Patria, la inevitable y fastidiosa presencia de un embajador, dueño de una cola más larga que la de un cometa en su antisandinismo, en su devoción y nostalgia por las fuerzas de tarea, organizadas por su ídolo el señor Reagan. La provocación será el ácido cóctel de los próximos meses y años.

Redacción Central |

Estoy sorprendido. A veces no logro entender cómo no se ve lo que parece tan obvio. Leí hoy, igual leeré mañana y la próxima semana también: casi la totalidad de los diarios, las imágenes de los noticieros, el ruido de los programas radiales, destinan espacios abrumadores para atacar al gobierno.

El día de los difuntos sólo salieron dos informaciones ajenas a este menester… la victoria de los yanquis y la visita a los cementerios.

No obstante, lo más curioso… la esencia de esas acometidas, se refiere a los “abusos” de las autoridades, ordenadas por un señor rabioso y muy atento a los quehaceres de una periodista, cuya actitud política tiene enardecido a este hombre que es además el presidente de la República.

Daniel no visitó el cementerio para llevar flores a su madre, ni vio el partido de las grandes ligas, porque estaba obsesionado en golpear a esa señora, con unos policías anónimos y mal encarados. Claro está, dentro de un proyecto terrorista global.

Sería ingenuo de nuestra parte no darse cuenta de que estos hechos van a reproducirse con inusitada frecuencia en el futuro y que, una vez más, tendrá como ahora, repercusión en la Comisión de Derechos Humanos de Washington, que “casualidad” estaba reunida y serán titulares de ocho columnas, así como piadosas declaraciones eclesiásticas y otros mensajes adoloridos.

La sabiduría de todo esto: el actual gobierno es más feroz de cuanto fue la tiranía somocista, ya las torturas de la seguridad somocianas son cuentos de hadas, el despellajamiento vivo de un joven en Pancasán, los meses con las capuchas y las esposas oprimiendo las muñecas ensangrentadas son cosas de niños si las comparamos con los escalofriantes abusos de la dictadura danielista.

Me parece, por otra parte, de un candor alucinante no saber que las recientes declaraciones del embajador yanqui estaban destinadas a provocar no sólo impetuosos malestares entre quienes creen en la dignidad nacional sino la expulsión del país del abusivo hablador.

Sólo, por suerte, caímos a media en la emboscada. No se le expulsó del país a como él deseaba. Las expresiones de repudio fueron correspondidas por la unánime solidaridad de medios de comunicación derechista, por personajes políticos de la vida nacional, con el orador de turno del intervencionismo.

Nadie se preguntó sobre el resultado de parecidas declaraciones de un diplomático nicaragüense en Estados Unidos o cualquier otro país ¿qué pasaría si yo embajador, criticara la conducta del presidente Alan García en el Perú? ¿Qué pasaría si nuestro representante diplomático en Estados Unidos criticara al gobierno de ese país?

Por supuesto la víctima y era previsible fue el caballerito embajador yanqui y no el país que por décadas ha sido ultrajado, escupido, asesinado y saqueado por el gobierno del honorable embajador.

Invito por lo tanto, a la Policía y otras instituciones similares a no dejarse provocar, ni siquiera por insultos, arañazos y mordiscos, a mis compañeros del FSLN, a no ser incitados a responder con acciones, tan solo cuando valga la pena expresarse en términos enérgicos y a la vez correctos, lo correcto es a como lo hizo el Gobierno por medio de la Cancillería o hacer uso de la palabra para desnudar la sucia ropa interior de nuestros enemigos históricos.

Yo ignoraría, al menos hasta donde lo permita la honra de la Patria, la inevitable y fastidiosa presencia de un embajador, dueño de una cola más larga que la de un cometa en su antisandinismo, en su devoción y nostalgia por las fuerzas de tarea, organizadas por su ídolo el señor Reagan.

La provocación será el ácido coctel de los próximos meses y años.

también te puede interesar