Opinión

¡Todos con Daysi Torres!

La calumnia y el libelo como arma de guerra mediática, no sólo reflejan la crisis de valores que sufren los medios que participan en ella, sino la debacle moral del sistema social imperial neoliberal que defienden

Redacción Central |

La calumnia y el libelo como arma de guerra mediática, no sólo reflejan la crisis de valores que sufren los medios que participan en ella, sino la debacle moral del sistema social imperial neoliberal que defienden

» Daisy, no te preocupes, ocúpate

Otra vez un periodista, obediente a los designios políticos de sus patronos, ataca de la peor manera a una colega digna de consideración y respeto como todos los compañeros y compañeras de profesión.

Esta vez la calumnia y la maledicencia recayó, sin ninguna reflexión ética ni moral, contra Daysi Torres. El propósito es, a toda costa, denigrarla, como sucedió con su compañero de fórmula, el campeón Alexis Argüello, víctima de una malvada campaña mediática que despuntó desde el momento en que acepto la candidatura para alcalde de Managua.

Aunque todos sabemos que son los dueños de medios quienes deciden que va, a quien censuran y a quien no, en las emisiones de sus mensajes, vale consignar aquí la conducta vulgar e inmoral del periodista que, con tan presta ligereza, puso en tela de juicio el honor de una dama, a su vez, madre, alcaldesa y colega de profesión.

Sin duda alguna, Héctor Rosales pensó que su calumnia aportaría complacencia y méritos ante los ojos y el criterio de sus patronos del Canal 2, y podría pensarse que no ha sido así por el silencio que estos han guardado ante las justas quejas de Daysi Torres, quien, por otra parte, ha sido objeto de burlas y hasta de caricaturas “satíricas” en los periódicos de la Carretera Norte.

El silencio de los calumniadores puede interpretarse de dos maneras:

Podría ser un silencio de vergüenza por el error de su empleado, o más bien –esto es lo más factible- de complacencia con el libelo de Héctor, por estar de acuerdo con la “ética” que ellos practican en sus comercios periodísticos.

Creo que Héctor procedió así porque no ha tenido madre, mujer, novia o compañera a quien respetar. Puede que no tenga claro los valores humanistas propios de la profesión periodística, quizá en su sesera no tenga claro aquel consejo cristiano, “no quieras para otro lo que no quieres para ti”.

Puede que Héctor nunca haya tenido una vida gremial que le muestre lo que es la amistad, la solidaridad grupal, y el compañerismo para con otros de su profesión. También puede ser que, acatando la “ética” particular de sus patronos de que “el fin justifica los medios” no vaciló en calumniar a una colega.

Podemos deducir muchas cosas de la conducta vil de Héctor, machista a todas luces, aunque eso no resta la responsabilidad de los dueños del Canal 2, que son los que determinan el contenido manifiesto y latente de los mensajes que emiten, mensajes que destilan odio, caos y confrontación, y donde no se vacila en apelar – incluso-, al testimonio de los difuntos, como si estos pudieran revivir y pensar como la patronal desea.

Por eso –y muchas cosas más- espero que Daysi acuse ante los tribunales tanto a la patronal como al hijo de casa por cuya mano causan daño. Que se haga justicia para que sirva de ejemplo y freno para tanta bestialidad que se comete a nombre del periodismo.

No cabe comparación entre agresiones de hecho (golpes, pedradas, etc. que han sufrido de parte de moros y cristianos otros periodistas), con los casos de Daisy, Eloísa y Xochtil, porque si bien un golpe al fin tiene remedio y sana, la honra es el valor más preciado que tiene una persona de bien, y una vez puesta en tela de juicio o duda no hay quien la repare.

De la calumnia algo queda y eso lo saben esos dueños de medios, que han modificado de la peor manera el decir de Goebbels: “miente, calumnia, injuria, descalifica, ofende, que de todo eso sacamos algún provecho”.

Eso hicieron los “periodistas” contra Eloisa, Xochtil y Daysi. Sacaron sus demonios de esos antros mediáticos, para calumniar a placer. En el caso de las dos primeras ciertas instituciones “independientes” de derechos humanos no las defendieron, aunque oficiosamente amparan y piden medidas cautelares para proteger a otra “clase”· de periodistas. ¿Qué pasó con los derechos de la mujer?

La calumnia y el libelo como arma de guerra mediática, no sólo reflejan la crisis de valores que sufren los medios que participan en ella, sino la debacle moral del sistema social imperial neoliberal que defienden. Cuesta entender que, a través de la calumnia, estos medios pretendan ser abanderados de lo que es justo, cuando con premeditación, alevosía y ventaja, buscan la destrucción física, cultural y espiritual del pueblo al que dicen servir.

Los periodistas debemos acompañar a Daysi en su demanda de justicia. Repudiar y denunciar junto con ella a estos corsarios de la información y al mundo mezquino, machista, árido y soez en que se refocilan y revuelven.

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