Opinión

Mundos diferentes

Es uno de los enormes desafíos que tiene por delante la humanidad. Que los poderosos saqueadores paguen sus deudas. Que los olvidados de siempre adquieran rostro y puedan tener sueños. Que nuestros pueblos se integren para acabar con el hambre, eliminar la pobreza, enfrentar la crisis climática. La especie humana no merece desaparecer como los dinosaurios.

Redacción Central |

El G-20 se reunió en Pittsburgh urgido por la crisis y asediado por las protestas. Los discursos de los presentes estuvieron signados por los propósitos de “moralizar al capitalismo” y ponerle un coto benévolo a la codicia de los banqueros y a los paraísos fiscales. Pero, como se pudo ver, eso es misión imposible, pues sería cercenar las esencias mismas del sistema.

El lenguaje fue grandilocuente, pero la sustancia verdaderamente poca, más allá de tímidas e insignificantes propuestas de reformas en el FMI y el Banco Mundial. El Presidente norteamericano Barack Obama valoraba que la reunión “ha creado un marco de prosperidad sostenida y equilibrada a largo plazo” (¿Para quién?).

Otro fue el espíritu que primó en la isla venezolana de Margarita. Mandatarios de África y América del Sur confraternizaron en un clima poco común de confianza y de dolores compartidos. Fue una cita de lenguaje claro y directo. Un clamor por la verdadera multilateralidad. Así lo patentizó el líder libio Muammar el Khadaffi: “El colonialismo ha robado nuestras riquezas, nos humilló, nos insultó, pero nosotros tenemos esperanzas de seguir viendo la luz del Sol. El mundo no son los países del Consejo de Seguridad; nosotros somos todos los países. Tenemos una fuerza esencial y podemos transformar al mundo, garantizar la preservación de la paz, reformar la economía mundial y aprovechar las mayores riquezas que están en nuestros países”.

En nombre de los excluidos

La cita de Margarita fue escenario propicio para el dramático llamado que hiciera el Director General de la FAO, el senegalés Jacques Diouf. Su voz se levantó en nombre de los preteridos en la cita de los poderosos. Recordó los acontecimientos en los dos últimos años, cuando hubo manifestaciones y sublevaciones provocadas por el hambre en 22 países del mundo. Señaló que en el 2007-2008 el alza de los precios de los alimentos condenó al hambre a millones de personas. En el 2009, principalmente por la crisis económica, se prevé que unos 105 millones de seres humanos engrosen la siniestra lista de los que pasan hambre, la cual sobrepasa por vez primera oficialmente los mil millones de personas (1 020 millones), el 15% de la población mundial.

En América Latina y el Caribe, única región del mundo que había mostrado señales de mejoría en los últimos años, el número de hambrientos aumentó en un 12,8% en el 2009, para llegar a los 53 millones. En África, la cifra de los hambrientos creció un 11,9% . De los 30 países catalogados hoy como en emergencia por hambre, 20 están en África.

Recientemente, la directora del Programa Mundial de Alimentos, Josette Sheeran declaró afligida que pese a que “hay más hambrientos que nunca”, el PMA enfrenta una crisis presupuestaria para enfrentar la emergencia. Aseguró que con menos del 1% de los fabulosos planes de rescate del sistema financiero se podría resolver la crisis que viven millones de personas víctimas del hambre en el mundo. “Se puede derrotar al hambre, cuando el mundo se lo tome en serio”, declaró Sheeran.

De aquí al 2050 se necesitará producir un 70% más de alimentos para poder nutrir a los 2300 millones de nuevos habitantes que tendrá el planeta, cuando la población mundial será de unos 9 100 millones de personas. El crecimiento mayor será en África Subsahariana, con un incremento demográfico del 108%.

Serán necesarias casi mil millones de toneladas más de cereales y 200 millones de toneladas de carne más para cubrir los requerimientos alimentarios en ese momento. Habrá que incrementar en 120 millones de hectáreas la superficie cultivada en el mundo subdesarrollado. Se requerirá un 11% más de agua para el regadío.

Todo ello precisa de las cuantiosas inversiones que el Norte le debe y le niega al Sur. Como enfatizó en la Cumbre de África-América del Sur el Presidente boliviano Evo Morales. “No es posible que este milenio haya más plata para armas y no para el hambre”.

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