Opinión

La amenaza del desierto

Según datos de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), 25 por ciento de la superficie de la región está constituida por tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, y 75 por ciento de éstas presentan “serios problemas de degradación” por el cambio climático y por el mal manejo productivo

Redacción Central |

La advertencia llega en vísperas de la Novena Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará entre el lunes 21 de septiembre y el 2 de octubre en Buenos Aires, con la participación de más de 2..mil 500 asistentes de 193 países, entre funcionarios, científicos y representantes de organizaciones no gubernamentales.

La Convención se firmó en 1994 y entró en vigor en 1996. La Conferencia de las Partes (COP), o Conferencia Mundial sobre Desertificación, se efectuó anualmente entre 1997 y 2001 y a partir de entonces, cada dos años.

En esta novena cita, llamada por eso COP 9, los países evaluarán un plan estratégico decenal (2008-2018) adoptado en la conferencia de Madrid, en septiembre de 2007, acordarán indicadores comunes para medir la degradación de los suelos y buscarán dar mayor visibilidad política al problema de la desertificación y reclamar más recursos para combatirla.

Según datos de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), 25 por ciento de la superficie de la región está constituida por tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, y 75 por ciento de éstas presentan “serios problemas de degradación” por el cambio climático y por el mal manejo productivo.

En Argentina, México y Paraguay, más de la mitad del territorio está afectado. En Brasil la zona vulnerable es el semiárido Nordeste. Pero la degradación también afecta a Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, Jamaica, Perú, República Dominicana y Uruguay, además de varias islas del mar Caribe oriental.

En Guatemala, 12 por ciento del territorio es árido y allí viven 1,2 millones de personas. El presidente Álvaro Colom acaba de declarar el Estado de Calamidad Pública en esa región golpeada por una prolongada sequía que afecta la seguridad alimentaria de cientos de miles de familias. Entre enero y junio murieron 462 personas por desnutrición en todo el país.

“La situación es seria prácticamente en todos los países de la región”, alerta un estudio publicado en 2008 por la Cepal y titulado “Pobreza, desertificación y degradación de los recursos naturales”. Esto amenaza la subsistencia de “una parte importante” de los 120 millones de latinoamericanos que viven en zonas rurales, subraya.

Argentina es el país de la región más afectado. “Es exactamente al revés de lo que se cree: la Pampa húmeda es 25 por ciento del territorio y el resto es árido”, dijo a IPS Octavio Pérez Pardo, director de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Estas áreas secas, particularmente frágiles, están degradadas por factores climáticos y por la actividad humana. “La causa más importante de la desertificación en la región es la extensión de la frontera agropecuaria”, explicó Abraham, directora del Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (Iadiza).

Abraham mencionó luego la deforestación indiscriminada, que deja una débil cobertura de suelo expuesto a la intemperie, el exceso de pastoreo, las técnicas inadecuadas de cultivo y de riego y, sobre todo, la acelerada urbanización en esas áreas tan vulnerables.

“El problema es complejo porque no se trata solo del impacto en el soporte físico biológico. Si a las tierras secas se las somete a un proceso productivo intensivo, se obliga a los grupos sociales a migrar y a sobrevivir en la pobreza”, alertó.

Estas son las ligazones que se busca visibilizar en esta conferencia, según adelantó Pérez Pardo. “Hay miles de personas que emigran de África a Europa, de América Latina a Estados Unidos, o del campo a las ciudades dentro de los países, y un alto porcentaje lo hacen porque sus suelos dejaron de ser productivos”, remarcó.

“Cuanto menos tierra haya para explotar y más población haya que alimentar, tenemos que lograr una mayor productividad por unidad de superficie”, alertó. “Si se deterioran los suelos, se amenaza la seguridad alimentaria”, insistió el funcionario.

Abraham señaló que en Brasil el territorio seco constituye 15 por ciento del total, un porcentaje mucho menor que el de Argentina. Pero, a diferencia de este país, en aquél la zona árida está muy poblada y ese factor no sólo incrementa la presión sobre el suelo sino que agrava las condiciones para la supervivencia humana.

Frente a este panorama, que afecta a más de 100 países del mundo y a 2.000 millones de personas, la COP 9 quiere contar con parámetros comunes de medición. “Necesitamos ver el avance del deterioro, y para eso debemos contar con indicadores efectivos”, dijo Pérez Pardo.

Así como el cambio climático se controla a partir de las emisiones de gases de efecto invernadero, los expertos necesitan medir la degradación del suelo. Para eso, la COP incluirá una conferencia científica de expertos de todo el mundo, que se celebrará entre el martes 22 y el jueves 24 de septiembre.

“Debemos instalar la cultura de la medición”, enfatizó Abraham. “El objetivo de los científicos en esta cita es compatibilizar métodos de monitoreo, fijar estándares. Porque tenemos mediciones pero a escala local, no nacional, y entonces no se pueden comparar países ni medir la evolución” del problema, detalló.

Pérez Pardo adelantó además que los delegados analizarán mecanismos de financiamiento que ofrecen los organismos multilaterales. “Hay un déficit de recursos para la lucha contra la desertificación. Es el problema ambiental global que capta menos fondos”, dijo, en comparación con la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

“Los indicadores de medición y el financiamiento son los dos grandes ejes internos de esta conferencia y son absolutamente estratégicos”, dijo el funcionario que ejercerá la coordinación de la reunión. “De ahí va a depender el éxito o el fracaso de las políticas de las Naciones Unidas en este tema”, vaticinó.

Los delegados intentarán avanzar en la vinculación entre desertificación y cambio climático ofreciendo los suelos como fijadores de carbono a partir de la forestación, y mostrarán que la degradación de las zonas secas no es menos importante que el aumento gradual de la temperatura, sino que los fenómenos corren paralelos, están vinculados y tienen consecuencias similares.

“¿Cuál debe ser la política de comunicación para lograr con la desertificación el entendimiento y la conciencia que se logró en cambio climático? Es la gran pregunta que se va a hacer en esta conferencia, para tratar de darle una respuesta”, finalizó Pérez Pardo.

(Tomado de IPS)

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