Opinión

Desnutrición y desigualdad en el mundo

La cifra es alarmante. Tres mil millones de personas desnutridas y de ellas, mil millones que padecen hambre, casi la mitad de los habitantes del planeta (6 mil 500 millones de seres humanos)

Desnutrición y desigualdad
Desnutrición y desigualdad en el mundo | Internet

Redacción Central |

La cifra no es antojadiza. La dio a conocer recientemente la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Josette Sheeran. Se trata del número más alto en la historia de la humanidad. El problema, que ya existía, creció por la crisis financiera y por el alza en el precio de los alimentos que ésta ha provocado.

La crisis financiera, que nació en Estados Unidos, (centro del Capitalismo) se volvió una crisis global que terminó afectando la economía real de millones de personas en el mundo, y mientras los grandes medios de comunicación intentan vender la idea de que la crisis en Estados Unidos y Europa ya está terminando, el PMA lanza el SOS al mundo entero, con datos tan terribles.

“Este año tenemos más personas hambrientas que nunca. Muchos se despiertan y no cuentan ni con una taza de comida”, dijo Sheeran en Londres, mientras cifraba la cantidad de la cantidad de hambrientos, es decir, personas que no acceden ni a los requerimientos básicos de alimentación, en mil 020 millones.

Según la responsable del organismo humanitario de la ONU, esa situación es una “receta para el desastre” y resulta “crítica para la paz, seguridad y estabilidad en muchos lugares del mundo”.

Casi al mismo tiempo, Olivier de Schutter, el relator especial de la ONU sobre el Derecho a la alimentación daba a conocer en México, los mismos datos sobre la hambruna que ha provocado la crisis financiera global.

Schutter estuvo recientemente en Nicaragua y se llevó una amarga experiencia. Acusó a un medio de comunicación de haber manipulado sus declaraciones sobre el trabajo que realiza el Gobierno de Nicaragua en su lucha contra la pobreza y principalmente contra el hambre.

La directora del PMA hizo un desesperado llamado urgente al G-8 (los siete países más industrializados y Rusia) y al denominado G-20 (los países más ricos y los emergentes), para que atajen un problema que requiere algo mass que soluciones a largo plazo.

Apeló a que con la Asamblea General de las Naciones Unidas prevista para el próximo 22 de septiembre y la Cumbre del G-20, los líderes mundiales tienen una oportunidad ideal para poner el tema del hambre en el mapa de las prioridades.

Pero el SOS del PMA es más vibrante, resonante. El organismo afronta un grave déficit presupuestario. Este año solo recibió 2,600 millones de dólares de un total de 6 mil 700 millones que requería para dar de comer a 108 millones de personas en 74 países. La falta de esos recursos se traduce automáticamente en el recorte de programas que se desarrollan en distintos países.

Más aún el PMA considera que con menos del uno por ciento de las inyecciones económicas que han hecho los gobiernos para salvar al sistema financiero global, se podría resolver la calamidad de millones de personas que son víctimas del hambre.

Para entender las desigualdades que provocan esas calamidades y las hambrunas en el mundo es preciso tener a la vista las alarmantes cifras que año con año reflejan distintos organismos y que son palpables en Internet y los medios de comunicación.

Esas cifras nos dicen que el 40 por ciento de la población mundial vive con menos de dos dólares al día, que la esperanza de vida en el África Subsariana es de 31 años y que cada año mueren 10,7 millones de niños y niñas por causa de la pobreza.

Esas son las grandes desigualdades en que vivimos y esa es la causa del hambre y la desnutrición de esos millones de habitantes del planeta. La aldea planetaria de McLuhan.

En mayo de 2008 el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, advertía, en la Cumbre Internacional de Seguridad Alimentaria, realizada en Managua, que “las políticas alimentarias se han sometido a las políticas del libre mercado y del enriquecimiento y que son la causa de los problemas alimentarios que se ciernen sobre el mundo”. Nada diferente de lo que hoy dice la FAO.

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