Los paladines de la libertad de expresión bloquean información de los pobres
Se reeditó la hazaña. Por segunda vez consecutiva el sueño se hizo realidad. Solamente la voluntad política y la conciencia social que caracteriza al Frente Sandinista, hizo posible la repetición de esa gesta heroica, en menos de treinta años.
El presidente Daniel Ortega proclamó oficialmente a Nicaragua como país libre de analfabetismo, hecho sin precedentes en la historia de nuestro país.
La primera gran proeza sucedió en marzo de 1980, cuando el Gobierno del presidente Daniel Ortega, ordenó que más de cien mil nicaragüenses entre estudiantes de secundaria, universitaria y la ayuda de muchos internacionalistas, emprendieran la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA) "Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua".
En escasos cinco meses, esa epopeya permitió reducir del 53 a un 12.5 por ciento el índice de analfabetismo. Esta operación popular le mereció a Nicaragua su primer premio internacional otorgado por la Organización de Naciones para la Ciencia y la Cultura (Unesco) con el galardón Nadieska Krupskaya en 1981.
Con escasos recursos económicos, pero con indiscutible disposición, tenacidad y amor al prójimo, muchos hombres y mujeres emprendieron nuevamente la jornada de alfabetización.
Dieron lo mejor de sí para ayudar a sus hermanos a enseñarles a leer y escribir, mediante el método "Yo, sí puedo" que divide la acción formativa en tres estadios diferentes: adiestramiento, enseñanza de lectura y escritura, y consolidación.
Los datos oficiales indican que en esta segunda Campaña Nacional de Alfabetización “De Martí a Fidel”, el 96.44 por ciento de los nicaragüenses ya están alfabetizados, o sea que sólo el 3.56 por ciento son ahora analfabetos.
La solidaridad de las hermanas repúblicas de Cuba y Venezuela fue fundamental para ejecutar la segunda Cruzada Alfabetizadora.
El reconocimiento mundial no se hizo esperar, pero en Nicaragua las cosas fueron diferentes. La gesta heroica pasó casi inadvertida entre los férreos defensores de la libertad de expresión. Se impuso la mezquindad, miseria humana y la censura informativa.
La información desapareció de los medios de comunicación o fue reducida a su mínima expresión en las publicaciones de la dictadura mediática, pese a que constituye uno de los objetivos del programa los Retos del Milenio establecido por la Organización de Naciones Unidas.
A los negociantes de la información no les importó que miles de nicaragüenses hayan salido del oscurantismo en el que los dejaron sus gobiernos “democráticos”, incluyendo al de la socia del “Diario de los Nicaragüenses”, doña Violeta Barrios, quien abandonó el proyecto de alfabetización que impulsó el sandinismo desde marzo de 1980.
A lo mejor es que los dueños de medios de comunicación, que en su mayoría se creen una élite, consideran que los nuevos alfabetizados no merecen aparecer en sus páginas o videos, porque al fin de cuentas, son pobres, descalzos y no tienen apellidos ilustres como Chamorro, Hollman, Cardenal, y tampoco poseen cuentas bancarias y vehículos de lujo.
En su afán por desvirtuar los logros educativos del sandinismo, La prensa desplegó una información sobre una cooperativa de El Castillo, departamento de Río San Juan, indicando que de 151 miembros, el 42 por ciento son analfabetas.
¿Quién certifica la veracidad de esa información?. ¡Ah..! Esos datos son ciertos porque los dice el diario de Los Nicaragüenses.
El Gobierno ha reconocido que todavía falta mucho por hacer en el sector educativo, incluso, mantiene su compromiso de erradicar ese 3.56 por ciento de analfabetismo.
La Prensa no se limitó a dudar de las cifras oficiales sobre el índice de reducción del analfabetismo. Con su odio visceral hacia el Gobierno, llegó al extremo de cuestionar la veracidad de la certificación del porcentaje de disminución del analfabetismo ofrecido por representantes de la Unesco en Nicaragua.
“Según el Gobierno, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) certificó mediante una encuesta que hizo entre 12,538 personas, que es cierto lo dicho por Daniel Ortega, de que en Nicaragua hay ahora menos del cuatro por ciento de analfabetas, o sea nada en términos estadísticos. Pero, ¿quién certifica lo dicho por la Unesco, un organismo de la ONU copado por funcionarios de izquierda y caracterizado por su simpatía hacia los gobiernos izquierdistas de todas partes del mundo que generalmente mienten con las palabras y engañan con las estadísticas?”, editorializó La Prensa.
De acuerdo a la lógica de La Prensa, los datos sobre el analfabetismo son creíbles, solamente si los funcionarios de la Unesco, fuesen de derecha.
La postura de La Prensa es tan torpe, que hasta sus propios aliados se la reprocharon, a juzgar por el comentario publicado en el Nuevo Diario en la columna semanal El Observatorio de Medios.
“La declaración de Nicaragua como territorio libre del analfabetismo debió ocupar un lugar relevante en los medios. Nicaragua se convirtió en el cuarto país de América Latina libre de analfabetismo. Al igual que dimensionaron la exclusión de más de 500 mil niños y niñas del sistema educativo, con ese mismo interés debieron haber destacado el hito educativo”, cuestionó el derechista Observatorio de Medios.
En todo caso, los medios de comunicación controlados por la dictadura mediática son los llamados a coadyuvar con mensajes dirigidos a concientizar al pueblo, para que se alfabetice y continúe su proceso de aprendizaje, con el propósito que en un futuro no muy lejano se conviertan en técnicos y profesionales, que ayuden al desarrollo de la nación.
Al fin y al cabo fueron los gobiernos “democráticos” quienes promovieron, con la privatización de la educación, que el índice de analfabetismo se incrementara del 12.5 por ciento que heredó del sandinismo, al 36,9 por ciento.
Esa maligna decisión conllevó a que miles de estudiantes de primaria, que se matriculaban en las escuelas, desertaran y otros quedaran fuera de las aulas de clase, porque sus padres no podían pagar la mensualidad que les impusieron las últimas tres administraciones gubernamentales de Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños.
Con su actitud, los empresarios periodísticos demuestran desprecio hacia el pueblo pobre y dejan palpable su intensión de impedir que se eduque, para que siga siendo explotado por los ricos, incluyendo a estos señores dueños de medios de comunicación.