Somos los herederos de Sandino. Sus hijas e hijos. Seguidores incondicionales del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y su dirigencia. ¡JUNTO A DANIEL, SIEMPRE!
[x]
Ene Feb Mar Abr May Jun
Jul Ago Sep Oct Nov Dic
L M M J V S D
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31
Cargando...
Por Clemente Guido Martínez

30 años de Revolución ininterrumpida

El voto sandinista es un voto disciplinado y cohesioando alrededor de Daniel Ortega, lo cual se ha demostrado hasta la saciedad en los últimos años

21 de julio de 2009 | 18:52:55

El pueblo de Nicaragua sabía lo que quería aquél 19 de Julio de 1979. Democracia sin adjetivos calificativos. Demos=pueblo, Cratos=poder. En el sentido más etimológico de la palabra: Poder Popular.

La tradicional clase política de Nicaragua, quería continuar con el modelo democrático occidental, es decir, el pueblo solamente como agente electoral periódico, no ejerciendo el poder cotidianamente. Las cosas de gobierno, en manos de los políticos tradicionales, mientras el pueblo trabajando para soportar el sistema anti-democrático que significaba el modelo abatido.

En la década de los 80, el primer período revolucionario sandinista, fue un ensayo caracterizado por las contradicciones entre el modelo imperialista de democracia (en su peor expresión Reganiana) y el modelo revolucionario de democracia, fundamentado en principios extraídos de las más interiores raíces ideológicas del Sandinismo, aportadas por Agusto C. Sandino, Carlos Fonseca, y otros ideólogos patrióticos como Manolo Morales Peralta.

El prágmatismo del FSLN en los años 80, junto con sus aliados del Frente Patriótico de la Revolución, le hizo llegar a crear un sistema político basado en la participación ciudadana, la economía mixta, el pluralismo político y el No Alineamiento Internacional, entre otros principios; los cuales fueron integrados en la Constitución Política de Nicaragua promulgada durante el gobierno sandinista a finales de los años 80, y que todavía sigue vigente en sus fundamentos más sustanciales.

La derrota electoral del FSLN en las urnas contra la UNO, no significaron su derrumbamiento como partido, ni como proyecto, sino por el contrario, la adaptación audáz a una nueva coyuntura, que significó para el Sandinismo, no solamente la sobrevivencia del partido, sino la defensa de las conquistas revolucionarias alcanzadas durante los años de gobierno entre 1979 y 1990; actitud que le valió conservar cohesionada la base social revolucionaria sandinista, aunque algunos líderes débiles y oportunistas, salieron en desvandada a plegarse al proyecto democrático tradicional, excluyente de las masas populares y elitista.

Durante los tres gobiernos neo-liberales que sucedieron al primer período revolucionario, el FSLN y sus bases sociales, mantuvieron activa sus demandas y sus métodos de lucha, "gobernando desde abajo", a través de la presión y la resistencia cívica a todos los intentos del neo-liberalismo por desmantelar el régimen democrático creado por la revolución y plasmado en la Constitución Política de Nicaragua.

Si bien es cierto, algunos aspectos de las conquistas sociales de la revolución, sufrieron estancamiento y en algunos casos retrocesos, durante los tres gobiernos neo-liberales, también resulta indiscutible que el daño ocasionado no fue tan dramático, como para pensar en un derrumbamiento total del sistema creado. Por eso es razonable la victoria del FSLN en el año 2006, más que por la división del adversario político, por la unidad de las bases sandinistas en torno a su propio proyecto. Es un decir común entre los opositores, que el voto sandinista es un voto disciplinado y cohesioando alrededor de Daniel Ortega, lo cual se ha demostrado hasta la saciedad en los últimos años.

Durante este segundo período revolucionario, el FSLN ha demostrado una continuación histórica entre el proyecto iniciado en 1979 y el proyecto gubernamental iniciado en el año 2007. Nuevos rostros han emergido en la dirigencia sandinista, sobretodo provenientes de la Juventud Sandinista, lo que inyecta una sabia nueva a la organización histórica fundada en 1961, vigorizandola y permitiéndole contar con una fortaleza humana que no se agotará en el corto plazo. Agregando a esto, el hecho indiscutible de la participación activa y beligerante de las mujeres en todas las esferas de los Poderes de Estado, con la compañera Rosario Murillo a la cabeza.

El Poder Ciudadano, como planteamiento político estratégico del nuevo período revolucionario sandinista, es un modelo de participación que todavía se está elaborando en la praxis cotidiana, siendo rechazado por los tradicionales políticos y los comerciantes de la participación ciudadana (sin presencia efectiva de los ciudadanos), porque es un modelo que retomando los postulados Constitucionales de Nicaragua, lo impulsa con mayor vigor y efectividad, desde el Poder Ejecutivo y los gobiernos municipales dominados por el FSLN; y eso es lo que hace que lo rechacen los comerciantes de la política criolla, pues sale de sus controles contables y financieros.

Todos aquellos que se han lucrado del concepto de participación ciudadana, hoy son reacios al proyecto del Poder Ciudadano impulsado por el Gobierno desde los principios Constitucionales, porque no les resultan rentables. Pues el ciudadano útil, es el ciudadano que les permite recibir fondos externos para sus funcionarios a tiempo completo y sus promotores sociales, no resultándoles útil, un concepto que impulse este poder desde cada barrio, comarca, caserío, sin importar el rol de las ONG oportunistas, sino de los auténticos líderes comunales y sus vecinos. (no incluyo en esta crítica a las ONG que sí han aportado al desarrollo de una conciencia ciudadana).

Al cumplirse los 30 años de la revolución, es justo pensar que entre el primer período gubernamental revolucionario (1979-1990), y el segundo período gubernamental (iniciado en 2007), no hay una ruptura, pues la línea que une ambos períodos, es el concepto hecho realidad, de un "gobierno desde abajo", planteado en 1990, por el Comandante Daniel Ortega Saavedra.De esta constatación histórica, vale pues felicitar al FSLN y al pueblo Nicaragüense, por los 30 años de revolución ininterrumpida.

Por mi parte, celebro aquellos años de participación antisomocista en la dirigencia estudiantil de secundaria; seguida por mi participación activa como cristiano revolucionario en los movimientos de liberación y posteriormente de soporte a la revolución sandinista desde la Fe. Mi distanciamiento del movimiento revolucionario sandinista, nunca fue definitivo, pues mis principios cristianos revolucionarios me hicieron estar comprometido con las causas populares más sensibles, y en este sentido muchas veces coincidí con los planteamientos del FSLN, aunque externo de sus filas y a veces hasta en oposición crítica a sus acciones coyunturales.

Ahora que el Comandante Daniel, la Compañera Rosario y el FSLN,  me han dado la oportunidad de ser parte del esfuerzo municipal por rescatar y  dignificar la memoria histórica de nuestro pueblo, me siento nuevamente integrado con el FSLN en las luchas sociales y culturales del pueblo Nicaragüense, y esto me llena de orgullo y satisfacción política.

Daniel y Rosario son honestos en sus propuestas; apoyarlos es actuar consecuente con mis principios y mi Fe.

© Copyright 2012 - La Voz del Sandinismo