Opinión

Ludolfo Paramio, el que llama “hijos de puta” a los periodistas

Ha pasado por Nicaragua uno de esos especímenes repugnantes que gustan “pontificar” creyendo que desconocemos su techo de vidrio.El galaico Ludolfo Paramio, que de él se trata, directivo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante mucho tiempo, llamó a los periodistas de su país “hijos de puta”, porque atacaban la corrupción de su partido.

Ludolfo Paramio
Ludolfo Paramio, el que llama "hijos de puta" a los periodistas | EFE

Redacción Central |

Ha pasado por Nicaragua uno de esos especímenes repugnantes que gustan “pontificar” creyendo que desconocemos su techo de vidrio.
El galaico Ludolfo Paramio, que de él se trata, directivo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante mucho tiempo, llamó a los periodistas de su país “hijos de puta”, porque atacaban la corrupción de su partido.

Ha pasado por Nicaragua uno de esos especímenes repugnantes que gustan “pontificar” creyendo que desconocemos su techo de vidrio.

El galaico Ludolfo Paramio, que de él se trata, directivo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante mucho tiempo, llamó a los periodistas de su país “hijos de puta”, porque atacaban la corrupción de su partido. Y de sus correligionarios.

En Managua, la “dictadura mediático fascista” dedicó loas al tal Paramio, agradeciéndole que atacara al gobierno del Comandante Daniel Ortega Saavedra.

El pontificador Paramio, de la derecha socialdemócrata; vale decir del fascismo español que gusta llamarse socialista, creyó que podía engañar a todo mundo, mostrando espejitos, vidrios de colores, y enseñando a soplar chinbombas.

Ni lo uno ni lo otro. El galaico no pudo esconder sus exabruptos contra la prensa, a la que dice defender, cuando atacaron sus intereses, los de su partido y los de su hermano.

Así lo reprodujo, en su momento, El País y El Mundo, de España, en fragmentos que acompañamos:

Ludolfo Paramio, miembro de la Ejecutiva del PSOE y presidente de la Fundación Pablo Iglesias , dijo ayer en Yecla (Murcia) que, tras estar varios días de viaje, cuando volvió se encontró “con el espectáculo que nos había montado la prensa, violando cualquier ética periodística y demostrando que les importa mucho más cargarse el Gobierno que garantizar las libertades”. “Cuando me di cuenta de cuántos hijos de puta, con perdón, hay en este país“, añadió, “tuve una gran alegría al pensar que, por lo menos, la tarde de hoy [por la de ayer] la iba a pasar entre una de las mejores agrupaciones del PSOE, la de Yecla “. (El País)

Tras la dimisión del vicepresidente Alfonso Guerra en 1991, por el caso de corrupción de su hermano Juan, el dirigente socialista Ludolfo Paramio llamó «hijos de puta» a los periodistas que por aquella época comenzaban a destapar la corrupción del PSOE. (El Mundo).

Presentadas las pruebas solo resta desearle buen viaje al pretendido Virrey Paramio, aconsejándole que resuelva los problemas en su país y no se inmiscuya en los asuntos internos de Nicaragua. O de otros países de América Latina, como es muy dado a hacer, creyendo que con ser hijo de una ex potencia colonial, totalmente en decadencia económica, ética y moral, se tiene patente de corso. Nada más inexacto.

Ofrecemos, completos, dos de los artículos:

Guerra minimiza el papel de Serra y dice que González no necesita intermediarios

El vicesecretario general del PSOE asegura que no abandonará la política

ANABEL DÍEZ El vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, afirmó ayer que las relaciones entre Gobierno y partido están aseguradas, “por fortuna, con la presencia de Felipe González al frente del Gobierno y del partido, y no necesita intermediarios”. Guerra minimizó implícitamente el papel del vicepresidente, Narcís Serra, al señalar que el modelo anterior, basado en la presencia de González y Guerra en las dos instancias, “no puede ser el mismo” desde el momento que el nuevo vicepresidente no está en la dirección del partido.

La reaparición en la escena política madrileña del número dos del PSOE desde que abandonara, el 12 de enero, su puesto en el Gobierno suscitó una gran expectación. Guerra, que aparentó un ánimo recuperado, hizo gala de su habitual causticidad y estilo sarcástico, devolviendo la pelota al tejado de los informadores en lugar de responder cuando se presentaban preguntas que no eran de su agrado. El dirigente socialista aprovechó la oportunidad para decir que no ve en el PSOE muestras de división, sino “signos; de vitalidad”, y que no piensa abandonar la política tras las próximas elecciones. “No da esa impresión”, dijo sonriente. Alfonso Guerra dejó en un plano secundario la función de coordinador entre el Gobierno y el partido que se le ha encomendado a Serra: “Ahora no estamos en el mismo tipo de relación, no es posible, nadie del Gobierno que no esté en el partido ni nadie del partido que no esté en el Gobierno puede hacer esa función”. Guerra dejaba claro que su papel como vicepresidente no lo ha heredado Narcís Serra. A renglón seguido aseguró que nada había cambiado en sus relaciones con González: “Mis relaciones con Felipe González son las mismas que hace 30 años”.

Modelos políticos

Alfonso Guerra negó la existencia en el PSOE de dos modelos políticos”, representados uno por el ministro de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga, y otro por el aparato. La mención de esta palabra le sirvió a Guerra para la ironía al señalar que se utilizaba ese vocablo de forma peyorativa, siempre para referirse a la dirección del PSOE. “Parece que los demás [partidos] no tienen aparato; quizá sea por eso que no ganan elecciones”. Guerra despachó las discrepancias con alabanzas al funcionamiento de su partido. “El PSOE ha dado siempre muestras de libertad, con opiniones diferentes, salvo cuando se elige a sus dirigentes, ya que los militantes quieren homogeneidad en la dirección, pero luego cada uno puede expresarse con libertad. Las ideas diferentes se discuten; se vota y se acepta la prepuesta de la mayoría”. La conclusión de Guerra sobre la difusión de la conversación de Txiki Benegas fue: “Es un hecho de extremada gravedad”. Las preguntas a Guerra estuvieron relacionadas con el contenido de las conversaciones que ponían de manifiesto las discrepancias entre Benegas y el ministro de Economía, Carlos Solchaga, y sobre la eventualidad de que Benegas pudiera presentar su dimisión. “No acepto ese tipo de palabras en una sociedad democrática”, respondió Guerra. “SI algunos piensan en destituciones será entre los que espían, porque el espiado sólo debe recibir solidaridad cuando se ha violado el espíritu y la letra de la Constitución”. E insistió: “He oído que el partido intenta distraer el fondo, cuando el fondo no es otro que un medio de comunicación ha espiado a un político y ha difundido una conversación privada”. [La dirección de la SER insistió ayer en que la emisión de las conversaciones “fue un trabajo legítimo y profesional”. “Dichas cintas no fueron grabadas por la SER”, agregó, y “se captaron de forma y manera fortuita y por persona no interesada en la cuestión”. “Su grabación no había sido encargada por la SER y tampoco esta cadena de emisoras compré, las mencionadas cintas. Por tanto, la SER no espía, ni ha espiado, ni espiará nunca a los políticos ni a ningún ciudadano”.]

“A mí me gustaría conocer, aunque no me interesa nada, lo que dicen en conversaciones privadas algunos responsables y propietarios de esa cadena de radio y lo que dicen unos de otros”, dijo ayer Guerra.

Ludolfo Paramio, miembro de la Ejecutiva del PSOE y presidente de la Fundación Pablo Iglesias , dijo ayer en Yecla (Murcia) que, tras estar varios días de viaje, cuando volvió se encontró “con el espectáculo que nos había montado la prensa, violando cualquier ética periodística y demostrando que les importa mucho más cargarse el Gobierno que garantizar las libertades”. “Cuando me di cuenta de cuántos hijos de puta, con perdón, hay en este país”, añadió, “tuve una gran alegría al pensar que, por lo menos, la tarde de hoy [por la de ayer] la iba a pasar entre una de las mejores agrupaciones del PSOE, la de Yecla”.

CHEQUEO A 30 AÑOS DE DEMOCRACIA (10) / La encuesta / CORRUPCION

El PSOE y los ayuntamientos, a la cabeza

Los ayuntamientos y los políticos aparecen como los más corruptos y, entre los partidos, los socialistas alcanzan el máximo nivel. La descentralización del poder no ha sido óbice para que los españoles piensen que esta lacra afecta a todas las administraciones por igual. Y lo que está más claro es que la construcción y el urbanismo han propiciado los más altos índices de corrupción en nuestro país.

ANTONIO RUBIO

MADRID.- Es curioso y muy significativo, pero los dos periodos de mayor corrupción apreciados por los ciudadanos españoles durante los últimos 30 años de democracia corresponden a la época en la que el PSOE gobernó en España. Durante la etapa de Felipe González como presidente, el índice de corrupción percibida alcanza un 23,9%, y en los últimos cuatro años, en los que José Luis Rodríguez Zapatero dirigió el Gobierno, asciende un 3,4% y llega hasta un total del 27,3%.

Es decir, que, según esta encuesta, la percepción de la corrupción en España está más asociada a gobiernos. Y también se puede llegar a otra conclusión: La etapa de menor corrupción democrática se produce en aquellos periodos en los que la derecha (UCD y PP) ejerció el poder.

En este último apartado, hay que señalar que UCD aparece como el partido político menos corrupto de toda la democracia. Tanto en el periodo del presidente Adolfo Suárez (1976-1981) como en el de Leopoldo Calvo-Sotelo (febrero 1981-octubre 1982) se dan unos índices muy bajos de corrupción con respecto a otras épocas de mayor consolidación democrática.

El periodo de Adolfo Suárez tan sólo llega a un 1,6% y el de Calvo Sotelo asciende hasta el 2,2%. La suma de esas dos etapas de UCD, que corresponde a seis años de gobierno, alcanza un total del 3,8%.

Posteriormente, y a partir del triunfo socialista en 1982, los porcentajes de corrupción ascienden de forma alarmante. No hay que olvidar que fue el propio Felipe González quien reconoció en 1996, tras perder las elecciones generales, que «el mayor handicap del PSOE ha sido la corrupción».

El periodo del PP, con José María Aznar, llega a un 14,5% y es cuatro veces mayor que con UCD. Aznar fue presidente entre los años 1996 y 2004.

Otro de los elementos que llama la atención en esta encuesta es que los ciudadanos son conscientes que «la corrupción sigue siendo un problema para España». Los españoles valoran que ese problema llega a la cota de un 86,7%.

Pero la corrupción, tal como se desprende de este estudio, no es un problema del Gobierno central o de los autonómicos, sino que es un problema general y está en todos los estamentos. Por eso la valoración sobre la descentralización de la corrupción llega hasta un 72,2%.

Y sobre los organismos, estamentos o empresas que propician que se produzca un mayor índice de corrupción, el tema está muy claro: el sector de la construcción gana con un 57,2%.

No hay que olvidar que los casos de corrupción más sonados e importantes que se han producido en los últimos cuatro años han tenido una relación directa con la construcción y las empresas inmobiliarias.

Mallorca, Andratx, Seseña, Marbella, Estepona y un largo etcétera son nombres de pueblos y ciudades que se han relacionado directamente con la corrupción urbanística y que después se han convertido en casos judiciales.

El cómo y dónde se produce con mayor intensidad la corrupción en España es algo que los ciudadanos tienen muy claro. Los políticos ganan a todos los demás con un amplio margen: 62,9%. No hay que desdeñar que la Justicia alcanza una cifra bastante significativa: 14,4%. Los medios de comunicación, por su parte, tampoco se quedan atrás: 9,1%.

Y quien, junto a los políticos, se lleva la palma de la corrupción son los ayuntamientos. Políticos y ayuntamientos aparecen en los últimos años como una misma cosa y representan o dan la imagen de la corrupción total.

Jesús Gil, ex alcalde de Marbella por el GIL, y Antonio Barrientos, ex alcalde de Estepona con el PSOE, son las postales más auténticas de la corrupción en España.

Paramio, Roosevelt y el periodismo de investigación

Las cifras y las percepciones se repiten. En abril de 1992 la empresa Demoscopia realizó una encuesta y el resultado fue el siguiente: «El 85% de los españoles está convencido de que en España hay mucha o bastante corrupción». Dieciséis años más tarde, ese porcentaje ha ascendido un 1,7% y llega a la cota del 86,7%. El aumento se produce, curiosamente, en el periodo en el que el PSOE vuelve a retomar el poder con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza.

Pero estos dos estudios sobre la corrupción en época democrática no son los únicos que existen. En 1994, el historiador Javier Tusell llegó a la conclusión de que «dos de cada tres españoles no confían en la palabra de Felipe González». Tras la dimisión del vicepresidente Alfonso Guerra en 1991, por el caso de corrupción de su hermano Juan, el dirigente socialista Ludolfo Paramio llamó «hijos de puta» a los periodistas que por aquella época comenzaban a destapar la corrupción del PSOE.

Curiosamente, Paramio utilizó la misma estrategia que empleó el presidente Theodore D. Roosevelt en 1906 cuando intentó menospreciar a los periodistas que criticaban su política económica llamándoles muckraker (rastrilladores del estiércol).

Después los muckraker se convirtieron en lo que hoy conocemos como periodistas de investigación .

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