La intervención extranjera hoy

Los que han intervenido desde el extranjero nuestras vidas soberanas han tenido siempre la idea de crear la historia y tergiversarla a su antojo, pero hoy es el momento justo para que nuestros pueblos se paren en su grandeza y dejen de padecer

Intromisión, injerencia, belicosidad, dominación extranjera se han impuesto a sangre y fuego en la historia y en la memoria de nuestros pueblos.

Lo más catastrófico es que los pueblos la sufrimos en diferentes formas pero no la distinguimos claramente, quizás porque nos la encubren muy bien con figuras elaboradas: ayuda para el desarrollo y/o asistencialismo para “construir democracia”, aunque el trasfondo de esas ayudas es el ataque al proyecto revolucionario, quizás las formas y contenidos perversos de la intervención más preocupantes son las que se han asimilado e incorporado en nuestros hábitos de vida y en especial en nuestra juventud, “nuestra semilla de maíz nuevo”, a través de productos culturales alienantes y desvirtuadores de la realidad que se venden en los caramancheles de sus promotores de turno: los partidos mediáticos, quienes no tienen pudor, mucho menos verguenza en el ofrecimiento de drogas, música extravagante, modas fugaces, estilos de vida importados y frenéticos, programas ” chatarras”, comida “chatarra”, concursos de pseudo-belleza, actividades de caridad, y las mismas telenovelas que no son de ahora, pero que sí han incidido en la percepción tergiversada del mundo que tienen los jóvenes, creando una espiral de superficialidad-futilidad, alejando a las generaciones venideras de su compromiso firme con la consecución de la vida y con las realidades que valen pero que no tienen precio.

“Estar en la historia es crearla y no padecerla” le escribía Sergio Benvenuto a Mario Benedetti, en una carta en 1969. Los que han intervenido desde el extranjero nuestras vidas soberanas han tenido siempre la idea de crear la historia y tergiversarla a su antojo, pero hoy es el momento justo para que nuestros pueblos se paren en su grandeza y dejen de padecer.

La intervención extranjera en América Latina y en nuestro país no se hace como en otrora, es decir con invasiones militares de marines, cruentas dictaduras, magnicidios a líderes nacionalistas, sino con armas mucho más dañinas, subliminales e intangibles dirigidas con una “mano invisible” y con las recetas que estaban acostumbrados a usar en sus períodos de desgobiernos para mantener a los pueblos aguantando mejor el dolor, en la forma de ayudas condicionadas, como especie de drogas “aceptadas socialmente”.

En el desgaste del arsenal disponible del modelo capitalista disímiles rostros macabros ha adquirido la intervención extranjera, aunque el rostro que mejor refleja su naturaleza que incita a la muerte es la que se sustenta en la actuación sórdida que ha caracterizado a las potencias para alcanzar sus objetivos de perpetuación en el poder mundial.

Así la injerencia extranjera se ha impulsado, planificado, orientado, organizado, entrenado y dirigido para destruir la armonía, la soberanía, las economías nacionales, frente al avance de las transnacionales, para robar recursos, explotar el trabajo digno, usurpar inocencia y almas, diezmar resistencias, exterminar derechos elementales e inalienables y aquí hay que recordar uno de los tantos prototipos fehacientes de la intervención con rostro falso de “bondad”. Si quieren un ejemplo más moderno aplicable en nuestra región está el Plan Colombia que lo único que promueve es la militarización de un país, para propiciar intervención a la Venezuela Bolivariana-Hermana-Iluminada, casualidad nunca, aunque la buena nueva es que ya no somos ingenuos de creernos este cuento de camino.

Injerencia atrevida y solapada, injerencia provocadora y fiel coordinadora de viejas y nuevas formas de violencia, injerencia delictiva, injerencia que ha encontrado asidero y pretexto en la labor de las clases oligárquicas y subyugadas desde afuera y por arriba.

HASTA LA CARTA DE LA OEA DICE “NO A LA INJERENCIA”.

Hasta en la carta de la OEA que para muchos de los integrantes de las clases dominantes es de “carácter imparcial y democrático”, se deja por sentado: “Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado. Con sujeción a lo arriba dispuesto, los Estados Americanos cooperarán ampliamente entre sí y con independencia de la naturaleza de los sistemas políticos, económicos y sociales”. “Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier país. El principio anterior excluye no solamente a la Fuerza Armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen”.

Los que apoyan la democracia burguesa, el intervencionismo su máxima expresión, los oligarcas no podrán decir que Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales o nuestro Presidente el Comandante Ortega establecieron los términos de estos artículos, sería un descaro de proporciones descomunales y sobre todo no podrían argumentarlo.

La evidencia de la injerencia extranjera se vuelve tangible porque ha alimentado rencores y venganzas entre los diferentes sectores de la vida nacional, ha impulsado una campaña de chantaje con matiz de guerra y persecución económica, incentivando acciones que propician en Nicaragua la idea de un colapso, que repercute arbitrariamente en la consecución feliz de la vida nacional, porque genera con su bien orientada matriz psicológica: clima de incertidumbre, de vergüenza, desmoralización, de desconfianza y de ahogo económico, en un flagrante ejemplo de terrorismo económico.

El Cro. Aldo Díaz Lacayo ya lo mencionaba en su escrito El ejemplo de Sandino y la Crisis actual: “Y la opresión extranjera tiene mil caras. Algunas a la vista de la nación y del mundo, como la intervención militar directa, y otras poco visibles, y hasta invisibles, como la intervención económica, los condicionamientos políticos, la transculturización”. Todas estas no son más que estrategias de desestabilización bien orquestadas y llevadas a una potencia mayor desde sus brazos mediáticos: los medios de comunicación fieles reproductores de estereotipos importados, de rasgos culturales ajenos que aparentasen no ser depravados, sobre todo aquellos made in usa como por ejemplo halloween (o culto a los espíritus malignos-muerte), tlc`s o dr(“doctor”) cafta, cine ideotizante , drogas sofisticadas, pornografía, figuritas de ositos y ratones amigables reproducidos por cientos y miles, literatura banal del país de las maravillas.

Cito una reflexión publicada en aporrea.org por un compañero escritor venezolano y que refuerza lo planteado:” No se puede permitir que un sector social, que aun se cree dominante y utilizando su hegemonía mediática, pretenda imponernos rasgos culturales y costumbres extrañas a nuestra idiosincrasia, porque tal hecho constituye una aberración a nuestra soberanía, a nuestra identidad y a las aspiraciones…de ser una nación libre, justa y equitativa”

La agresión imperialista ha asumido matices de mayor resonancia, ha venido en escalada y es necesario identificarla. Y entre más decadencia experimente con el resquebrajamiento en sus estilos de vidas, más desesperados serán los ataques y lo hemos visto en nuestro país muy recientemente con la manipulación del proceso electoral de Noviembre del 2008 y así lo argumenta el periodista William Grisby: ” tal como se había anticipado, la derecha, sus aliados y sus padrinos europeos y norteamericanos, se negaron a reconocer el triunfo sandinista, y fortalecieron su campaña mediática denunciando un supuesto fraude masivo en Managua y en otros cuatro municipios”.

Como pruebas exhibieron sus propios cálculos aritméticos, y las fotocopias de dos de las 2,109 actas electorales de Managua. Cual orquesta sinfónica, las corporaciones mediáticas locales y extranjeras, los grupos políticos constituidos como “observadores nacionales”, los embajadores norteamericano y de varios gobiernos europeos, al peor estilo goebeliano repitieron y repiten, una y otra vez, la ocurrencia de fraude electoral. Sus argumentos tienen como base las denuncias de los candidatos y dirigentes políticos derrotados.

“La renuencia de los políticos antisandinistas de aceptar los resultados electorales ha terminado por generarles nuevas derrotas y una pírrica victoria, que como suele ocurrir con la derecha criolla, ella no provino de sus propias fuerzas sino del apoyo de sus padrinos en el exterior, quienes en su intento por doblegar al gobierno sandinista cortaron una ayuda valorada en más de 200 millones de dólares, que habían comprometido para el presupuesto nacional del 2009.

Pero incluso esto último, que en algún momento podría parecer un triunfo de la oposición, puede a mediano plazo revertirse, dado que la suspensión de esa cooperación… supone más un golpe a los sectores productivos y vulnerables del país que al propio gobierno”.

Aquí debo de hacer énfasis en que no creamos que la asunción de Barack Obama, el administrador de la empresa estadounidense, cuyos dueños están bien definidos: las transnacionales de guerra y consumo, significa un cambio en la política ultra-injerencista de Estados Unidos porque nos encontramos de frente a un mismo país con posturas diferentes es decir a un dragón de dos cabezas, aquella aparentemente correcta, la de Obama y la otra inmoral y calculadora que mantiene intacta su política de injerencia dentro de

Latinoamérica y el Caribe.

Resulta repetitivo afirmarlo, porque el cuerpo es el mismo. El de un país que durante los últimos cien años ha realizado acciones perennes de injerencia, espionaje y conspiración en la región.

El llamado que les hago desde esta sencilla apreciación es a que nos unamos frente a la injerencia extranjera formando una muralla como decía Nicolás Guillén en su poema, y esta acción no está en el mediano, ni en el largo plazo, esta acción es del ahora, del aquí, para poder rescatar la vida, porque tenemos la misión hermosa de cuidar nuestro jardín de las malas e intrusas hierbas que pretenden dañar su armonía.