Opinión

Diálogo y Agenda, Crítica e Ideas

La crisis es global, por tanto, el fracaso del modelo neoliberal es incuestionable y esto es lo primero que debe dejarse claro en la mesa de diálogo

Redacción Central |

Determinados sectores del país, han estado reclamando un diálogo con el Gobierno del Presidente Daniel Ortega Saavedra.

Hablando se entiende la gente decía insistentemente el periodista que se identificaba como: “Yo Ya Voy”, y está bien hacerlo en una sociedad que tiende más bien a polarizarse en extremo.

Dialogar es correcto, sobre todo ahora, cuando la actual crisis económica mundial nos permite cuestionar la eficiencia de los mecanismos utilizados por el modelo neoliberal para el crecimiento económico y el desarrollo de los países.

Todos los empresarios del COSEP saben perfectamente bien, que las bases de este modelo se ha sustentado en Nicaragua, durante los últimos 16 años, en la reducción del papel regulador del Estado, especialmente en lo que respecta a los derechos y las políticas sociales, lo cual hizo que la pobreza se disparara y que la brecha entre pobres y ricos se ampliara desestabilizadora y peligrosamente.

La crisis es el resultado del accionar neoliberal, pensamiento hegemónico prevaleciente durante las últimas tres décadas. Los fundamentalistas del mercado hicieron del comercio la panacea para la solución de los problemas del desarrollo y nos predicaban que la felicidad de los pueblos se desprendería a manera de goteo del ejercicio del libre mercado.

Los reclamos de los economistas y sectores de la derecha política del país, han encontrado el eco mediático necesario para atacar al Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional porque supuestamente ha tomado medidas insuficientes dicen, pero no se atreven a hacer una profunda crítica del modelo y se quedan en la superficialidad, buscando el figureo político.

La crisis es global, por tanto, el fracaso del modelo neoliberal es incuestionable. Esto es lo primero que debe dejarse claro en la mesa de diálogo.

Aquí no basta con proponerle al Gobierno un pliego con medidas económicas como le están llamando ahora: “anticiclicas”. Lo que hay que determinar es quienes serán los beneficiarios de las medidas que ahora requerirán un fuerte accionar del Estado nicaragüense.

Deben estar claros los señores del COSEP, que el Estado tiene que actuar tomando en consideración quienes han sido los más afectados por casi dos décadas de políticas neoliberales durante los gobiernos de: Chamorro, Alemán y Bolaños y cuáles son las consecuencias para los hombres y mujeres nicaragüenses.

La primera reacción del sector empresarial ha sido la de no querer asumir la discusión sobre el salario mínimo. Ese es un error. Hay que discutir cual ha sido el impacto de las políticas implementadas hasta ahora y qué consecuencias y contradicciones prevalecen en el mercado del trabajo y que yá están afectando de manera desigual el empleo femenino y el masculino.

Lo que se nos puede venir al reducirse el volumen de las exportaciones es que más zonas francas cierren y el sector femenino se vea lanzado al desempleo, obligando a muchas mujeres a prostituirse y que la contracción en el sector productivo dispare la pérdida de puestos de trabajo, haciendo que la mano de obra masculina emigre hacia Costa Rica y Panamá, creando una situación precaria en el mundo del trabajo local, sobre todo porque veríamos crecer aún más el sector informal.

De ahí que, uno de los primero objetivos que deberíamos fijarnos en un diálogo es acordar medidas para “mantener y crear fuentes de empleo remunerado para las mujeres haciendo de este tema un asunto primordial.”

La discusión debería llevarnos a poner sobre el tapete el tema de las desigualdades salariales que fomentan los empleadores, pagando salarios más bajos a las mujeres que a los hombres por igual tipo de labor.

Los gringos utilizan un concepto que llaman “acciones afirmativas” que significa que el Estado podría promover y otorgar algunas concesiones fiscales a aquellos empresarios que como parte de “las medidas anticiclicas” incorporaran a mujeres en puestos de trabajo.

La gravedad del momento debe ser correctamente entendida por “moros y cristianos” y es por esa gravedad que no podemos distraernos planteando como tema de diálogo el asunto del resultado de las elecciones de noviembre pasado. Debemos ver hacia el futuro y apartar por importante lo que es estratégico para el país, de lo que es urgente discutir para un puñado de politiqueros coludidos con intereses foráneos.

Este nuevo momento es crítico, y es sobre todo fundamentalmente económico., Entonces la política debe servirnos como una especie de locomotora para guiñar la crisis hacia un puerto de solución, sino los problemas económicos nos tragarán a todos.

Hay que asumir con claridad que los valores neoliberales están en jaque y que debemos pasar a una ofensiva contra el tradicional conservadurismo de los empresarios afiliados al COSEP. El realismo debe ser la base del enfoque.

En este nuevo contexto, es preciso una agenda de diálogo que tenga nuevos valores y contenidos. Tenemos la oportunidad de ponernos de acuerdo para promover juntos un modelo de desarrollo que garantice por ejemplo a mujeres y hombres, igualdad de derechos y poder. En el proceso de fortalecimiento de la institucionalidad del Estado, es preciso garantizar, promover y expandir los derechos de todos aunque al mismo tiempo se deba ser “parcial” para aplicar políticas capaces de actuar en la disminución de la pobreza y las desigualdades.

No es cualquier ocurrencia pensar que, con una población de la que el 52% son mujeres, el rol de estas es sumamente importante. El punto central que debemos colocar sobre la mesa es que la desigualdad con base en el género está incrustada en la propia estructura de toda la sociedad, lo cual convierte la incorporación de las reivindicaciones de las mujeres e uno de los mayores desafíos de un proyecto que intente superar el modelo vigente.

Aquello de que “sin la mujer no hay revolución” no es una mera consigna, debe ser una línea de acción que todos podemos abrazar.

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