Opinión

Cooperación y Retribución, ¿quién le debe a quién?

En 1856 los esclavistas del sur de los Estados Unidos vinieron a conquistar por no decir a robar, jefeados por William Walter…

Redacción Central |

Tomando como premisa parte de la letra de esta reconocida canción quiero iniciar la reflexión de este escrito: Cooperación y Retribución, ¿quién le debe a quién?.

La acción de saquear nuestras riquezas naturales, de expoliar nuestros recursos humanos, de usurpar nuestros talentos, de exterminar nuestras culturas ancestrales, desde tiempos remotos a los más recientes, me llevó a plantearme porqué no hemos definido los pueblos oprimidos del mundo una forma concreta desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo, en la que podamos determinar la magnitud de las deudas y la retribución que estos países ahora desarrollados por esa explotación tienen la obligación de orden moral de hacer cumplir frente a nuestros pueblos originarios, hacia nuestra madre-tierra-latinoamericana-caribeña.

Déjenme decirles que estas naciones poderosas sí han tenido bien definidos los parámetros con los cuales miden las ayudas y cobran las deudas externas que si fuera por ellos serían eternas, y que demás esta decirles que son multiplicadas y amplificadas en miles por el cúmulo de intereses, de comisiones, importes, de manejos administrativos entre otras variables financieras que usan para darle seguimiento al endeudamiento de países empobrecidos y para asegurarse la recuperación de su inversión. Es precisamente aquí en donde nos encontramos con otra asimetría con respecto a nuestras relaciones con los países más poderosos ya que además de definir la deuda que debemos pagarles también se atribuyen otra potestad de mayor implicación: determinar los montos de retribución que harán fluir hacia nuestros países del tercer mundo, bajo la figura de la cooperación externa, a fin de resarcir en una ínfima parte los colosales daños que han protagonizado sin piedad sobre nuestras naciones paridas de honor y de gloria en la búsqueda insaciable de sus bienes de consumo.

Es un hecho que a fin de frenar las migraciones masivas y crear una imagen muy bondadosa nos hayamos convertido en partícipes de sus “generosas” donaciones, o montos de cooperación en varios rubros para nuestras debilitadas economías, cooperaciones que han fluído con fines explícitos, implícitos y siempre con primeras, segundas y terceras intenciones. Como primera intención puedo citar el hecho de presumir de naciones democráticas que nos apoyan en temáticas sensibles como: gobernabilidad, transparencia y en área de interés social como: educación, salud, infraestructura, producción. Como segunda intención se puede se desataca el hecho de mantener a nuestros países bajo una relación de co-dependencia, favorable a sus intereses, creando la imagen de que los pobres del mundo son los que debemos ser perdonados, ser condonados, para ser dignos, respirar de nuevo y seguir viviendo, todo ello en base a una psicología bien gestionada. Y como tercera y última intención para pagar una ínfima parte de la deuda que crearon, con el fin de lavar rostros y manos.

Es muy curioso que la cooperación internacional en la época neoliberal nunca fue cuestionada, ni detenida para Nicaragua, a pesar de todas las irregularidades, escándalos de corrupción y acciones inmorales, en las que se vieron involucrados las administraciones Chamorro-Alemán-Bolaños, será entonces que los cooperantes nunca vieron los desvíos de fondos, para obras personales como el helipuerto de Alemán, los megasalarios de miles de dólares, las ineficiencias e ineficacias operativas que significaron atrasos de años en la puesta en marcha de proyectos (caso concreto es el atraso de 2 años en el megaproyecto de la planta de tratamiento de aguas servidas de Managua) de los viajes suntuosos, de las cirugías estéticas de muchos de los funcionarios de los desgobiernos anteriores, ni hablar de las visitas a los casinos de la otrora exprimera dama, será que nunca utilizaron criterios científicos elementales y básicos como la observación para medir el deficiente impacto como resultado de la malversación de los recursos que habían destinado para el bienestar de la población, sin temor a equivocarme puedo asegurar que lo que sucedió es que prefirieron mantenerse al margen para evitar mayores complicaciones y garantizar aunque fuera en una mínima proporción las migajas de un pan que ya los ricos se habían encargado de devorarlo.

Otro aspecto a mencionar es que en las decisiones correspondientes a la asignación de los montos de cooperación en la época neoliberal no fuimos nosotros como sujetos beneficiarios(as) quienes elegimos con plena independencia la clase de ayuda que necesitábamos, sino que fueron los portadores de los recursos económicos quienes se derogaron esa función.

Desde nuestras naciones latinoamericanas deberá surgir la definición de la clase de cooperación que demandamos, y más que eso la exigencia de una retribución o indemnización que trascienda la ayuda asistencialista y se convierta en propuestas de desarrollo como por ejemplo: en el compromiso de que nuestros agricultores van a competir en igualdad de condiciones más que en la repartición de granos básicos, que vamos a contar con la oportunidad de fabricar medicamentos baratos en nuestros propios laboratorios, más que si nos lo regalan, en fin que sea una auténtica retribución para darle solución a los males generados con impulso de vida y no impulso de control, como sujetos de facilitación y no como sujetos de intervención, como comunicadores de verdades y no como tergiversadores de realidades, como catalizadores de potencialidades y no como timadores de conciencias, sino como seres responsables de sus acciones.

Nuestra tarea en el plano interno será ardua, continúa y estará dirigida a consolidar una ciudadanía informada capaz de participar significativamente en el debate y la acción, y sobre todo en este último aspecto para fortalecer la capacidad nacional de decisión y ejecución, lo que nos permitirá sumar nuevos actores y enriquecer los proyectos de desarrollo. La cooperación debe convertirse en una verdadera retribución en donde haya respeto a prioridades, intereses y características de cada nación.

A continuación cito un párrafo tomado de Internet (Tomado de www.ocimed.gob.pe “COOPERACION INTERNACIONAL” EN EDUCACION EN AMERICA LATINA:

¿PARTE DE LA SOLUCION O PARTE DEL PROBLEMA? y que invita a la reflexión respecto de la cooperación internacional: “La banca multilateral y, en particular, el Banco Mundial, están en el centro del debate y de la acción educativa, en esta región y en todo el mundo. No obstante, la crítica se extiende a otras agencias y a la cooperación internacional en su conjunto. Los problemas señalados en los dos documentos citados – protagonismo, verticalismo, recetario y falta de atención a la diversidad y a las necesidades propias de cada país, descoordinación inter-agencial, falta de transparencia, de rendición de cuentas y de responsabilidad por los resultados, creciente endeudamiento externo, y finalmente (y por todo ello), ineficiencia e ineficacia de dicha “cooperación” – cruzan al sistema de cooperación internacional instalado en nuestros países, se mantienen vivos e incluso agudizan a pesar de la nueva retórica que habla de “knowledge-based aid” (ayuda basada en el conocimiento), “partnership” (sociedad, alianza), “ownership” (apropiación) y “sector-wide approach” (enfoque sectorial), y sólo pueden resolverse mediante profundos cambios en las agencias cooperantes y en las reglas del juego de la cooperación Norte-Sur.”

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