Opinión

Con el ejemplo de Sandino

En el inmortal febrero de los años bolivarianos nuestras luchas se encuentran profundamente unidas por espíritus libertarios; configurando innovadores caminos al paso de hombres libres

Redacción Central |

Es por ello, que es justo remembrar también los días de este mes hace 75 años, cuando quedó sembrado el padre de la Revolución nicaragüense: Augusto César Sandino.

Para los que desdeñan de estos procesos revolucionarios, les decimos que no es mera coincidencia ni aquello del destino, son definitivamente los pueblos dirigiéndose hacia el sol de la libertad.

En 1926 el General de América nos legó en el Manifiesto de San Albino las siguientes palabras: “el vínculo de nacionalidad me da derecho a asumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode”.

Tremenda vigencia tienen estas palabras por ejemplo, frente a los eunucos venezolanos que andan bramando cualquier cantidad de mentiras y barbaridades respecto a la presencia del comandante Daniel Ortega en actos públicos en nuestro país y/o por los convenios e intercambios que se han establecido entre Venezuela y Nicaragua.

Sandino representó la valentía y vuelta del pensamiento bolivariano frente a la ignominia yanqui que destrozaba la Patria Grande del siglo pasado, lo cual expresó en su Plan del Supremo sueño de Bolívar: “Hondamente convencidos, como estamos, de que el capitalismo norteamericano ha llegado a la última etapa de su desarrollo, transformándose, como consecuencia, en imperialismo; y, ya que, no atiende a teorías de derecho y de justicia, pasando sin respeto alguno, por sobre los inconmovibles principios de independencia de las fracciones de la Nacionalidad Latinoamericana, consideramos indispensable, más aún, inaplazable, la Alianza de nuestros Estados latinoamericanos, para mantener, incólume, esa independencia, frente a las pretensiones del imperialismo de los Estados Unidos de Norteamérica, o frente al de cualquier otra potencia, a cuyos intereses, se nos pretenda someter”.

En ese orden de ideas, hoy hemos sido capaces de superar las fronteras imaginarias para retomar la unidad como una muestra intachable de nuestra verdad, tantas veces infringida por la arrogancia imperial y sus lacayos; porque tienen nuestros pueblos mucho de qué hablar, mucho que aportar por la dignificación de los oprimidos del mundo.

Los que creemos en un verdadero “desarrollo humano”, sentimos al pueblo nicaragüense con una sola bandera de lucha, enarbolada con cada acción conjunta.

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