Opinión

La doble moral mediática

Los dueños de los medios de comunicación, en abierta emulación de la actuación de la clase empresarial y política que tanto critican, no respetan y mucho menos practican los preceptos constitucionales de la libertad de pensamiento político y de organización cuando de sus propios trabajadores se trata

Redacción Central |

Se erigen como los inmaculados. Nadie los puede señalar y mucho menos acusar de cometer actos de corrupción, pedir coimas, extorsionar y chantajear, aunque a diario ejecutan estos vicios. Se venden ante la sociedad como el prototipo de los más demócratas del país y “defensores de los derechos humanos de los trabajadores”.

Quieren tomar distancia de la izquierda que desdichadamente los engendró, los vio nacer, crecer, desarrollarse y convertirse en una criatura despreciable.

Han intentado suplantar a la derecha recalcitrante, asumiendo el papel de viscerales antisandinistas, procurando olvidar sus raíces para colocarse en el lugar histórico que han tenido sus parientes y vecinos, en un afán por ganar reconocimiento ante la derecha nacional e internacional.

Ilusamente creen que van a obtener los recursos que Estados Unidos y la Unión Europea le proporcionan a las organizaciones autodenominadas “civiles”.

Están equivocados porque jamás se ganarán el favor de la derecha y en un futuro no muy lejano, correrán la misma suerte que ha tenido su partido, el Movimiento de Rescate al Somocismo (MRS), que ha quedado como un paria político.

Cuando surgieron como medio de comunicación gracias al incondicional respaldo económico, político y moral del primer gobierno del presidente Daniel Ortega, en los años ochenta, se promocionaron como la voz de los que no tienen voz.

Todavía en la actualidad se autoproclamaron como los grandes defensores de los derechos de los trabajadores nicaragüenses frente al gobierno o el Estado en su conjunto. Constantemente acusan a sus autoridades de violación a la Constitución.

Falsos e hipócritas

Pero los dueños de los medios de comunicación en abierta emulación de la actuación de la clase empresarial y política que tanto critican, no respetan y mucho menos practican los preceptos constitucionales de la libertad de pensamiento político y de organización cuando de sus propios trabajadores se trata.

Es precisamente por ese irrespeto a los derechos individuales de sus trabajadores que considero que los propietarios de la información no tienen la más mínima autoridad moral para juzgar o reclamar. Poseen un doble discurso el de afuera y el de adentro. Para el exterior, se promueven como los perfectos defensores de los intereses del pueblo y pregonan la tolerancia política.

Pero cuando sus trabajadores reclaman el reconocimiento de sus derechos salariales y laborales, los propietarios de los medios de comunicación actúan desconociendo cualquier principio de la Carta Fundamental.

Apartheid mediático

Solamente echemos un vistazo a la actuación de uno de los medios de comunicación que se ha erigido en el insigne garante de los derechos de los trabajadores.

Desde hace varias semanas un grupo de trabajadores, entre conductores, fotógrafos y periodistas, de El Nuevo Diario, incluyendo a la periodista Eloísa Ibarra, habían acordado organizar un sindicato a como lo estipula un principio de la Constitución.

Transcurrió muy poco tiempo para que la represión cayera con “todo el poder de la información” sobre la periodista judicial, a quién despidieron sin mayor consideración, aduciendo que “algunos de sus compañeros de la redacción” se encontraban inconformes ante su pensamiento político y no hubo ninguna consideración a pesar de sus años de dedicación al servicio de los patrones.

Es decir, que con su actuación el Nuevo Diario violó el principio constitucional del derecho a la Asociación que establece que “En Nicaragua tienen derecho a constituir organizaciones los trabajadores de la ciudad y el campo.., y los pobladores en general, sin discriminación alguna con el fin de lograr la realización de sus aspiraciones según sus propios intereses y participar en la construcción de una nueva sociedad”.

Pero en contraste publican sendos titulares de censura a la discriminación que sufrió una diputada ante el Parlamento Centroamericano en una discoteca.

Delirio de Persecución

Ese rotativo también viola el precepto constitucional de Igualdad ante la Ley que consigna que “todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho a igual protección. No habrá discriminación por motivos de nacimiento, nacionalidad, sexo, idioma, religión, opinión, origen, posición económica o social”.

Con su proceder, los propietarios del diario se ubican por encima de la Ley y tratan a los empleados como plebeyos.

Pareciera que estos “ilustres” personajes padecen de delirio de persecución. Diestros y habituados a la práctica del espionaje y la venganza política contra sus adversarios, creen que siempre existen tramas y conspiradores que intentan afectar sus negocios e intereses.

Mal paga el diablo a quien bien le sirve

A Eloísa también la catalogaron de “informante del gobierno”, argumento que utilizaron también para despedirme después de tres años de desempeño profesional, aunque como buenos aprovechados, siempre que requerían una versión oficial o una entrevista exclusiva de algún funcionario no tenían empacho en solicitar la influencia de estos “informantes”.

¿Qué necesidad tiene un periodista de ser informante?, si el día siguiente la información aparecerá publicada en las páginas del diario?

Para estos “paladines de la libertad y la justicia” de nada sirvieron los años de lealtad y dedicación de la colega Ibarra. Si no los conocía, conózcanlos y juzguen ustedes.

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