Opinión

Una victoria para América Latina

El 15 de febrero de 2009 quedará marcado en Venezuela como una fecha histórica: el día en que la Revolución Bolivariana pasó a su Tercera Etapa

Redacción Central |

El impecable triunfo popular del domingo abrió las puertas definitivamente a la posibilidad de seguir con el proceso revolucionario bajo la conducción del líder indiscutido de las fuerzas bolivarianas, el comandante Hugo Chávez.

¿Por qué decimos la Tercera Etapa? Porque partimos que esta Revolución comenzó en febrero de 1989, con el Caracazo, y de allí hasta la toma del go-bierno en febrero de 1999, pasando, sin duda, por la insurrección militar del 4 de febrero de 1992. Esta etapa, de diez años, la primera, fue la de la lucha por la toma del poder político. La Segunda Etapa comenzó precisamente cuando Chávez asumió la presidencia hasta el día domingo pasado. Fueron diez años de Revolución donde las fuerzas populares y el gobierno bolivariano dieron los pasos necesarios para instalar un proceso de transformaciones en beneficio del pueblo, asumiendo la plena soberanía de la Nación y desplegando una práctica de democracia participativa y protagónica como nunca antes se había vivido en la historia del país. Ahora, y tras el triunfo claro del 15 de febrero comienza la Tercera Etapa, también de diez años, el período 2009-2019, de construcción de una Venezuela potencia y culminar la obra del Libertador Simón Bolívar, vale decir, alcanzar la plena Independencia Nacional esta vez por la vía del Socialismo.

“Este triunfo es un triunfo de Venezuela y de toda América Latina, de toda la América Latina y el Caribe, de Nuestra América”, señaló el Comandante Hugo Chávez desde el balcón del Palacio de Miraflores ante una inmensa multitud de pueblo bolivariano, ni bien se dieron a conocer los resultados definitivos de la jornada electoral. Y nada más acertado que esa afirmación. Nadie puede ignorar que el liderazgo de Hugo Chávez trasciende las fronteras de Venezuela y es uno de los motores más importantes de las políticas de unidad de nuestra región. Si el resultado del referendo hubiera favorecido a las fuerzas de la reacción, la continuidad del proceso revolucionario se hubiera visto afectada gravemente. La importancia de quién es el que conduce el proceso es fundamental en esta etapa del transito de la Venezuela rentística, semicolonial y corrupta hacia la Venezuela productiva, soberana, socialista y solidaria. Y a esa Venezuela, es a donde apunta la política de la Revolución, conducida con acierto y visión estratégica por el presidente Chávez.

El triunfo del Sí a la Enmienda, habilita a Hugo Chávez a presentarse como candidato para las próximas elecciones presidenciales del 2012.

“No habrá independencia en Venezuela si no logramos la unidad de América Latina y el caribe”, ha manifestado en más de una oportunidad el Comandante Chávez. Y este es el elemento clave para comprender la estrategia bolivariana. Sólo lograremos romper las cadenas del imperialismo en la unidad de Nuestra América. La lucha contra el imperialismo entonces, tiene en el Presidente Chávez a un exponente insustituible en esta etapa de confrontación con el imperio. Por eso afirmamos que el triunfo del 15 de febrero en Venezuela es un triunfo de toda la América Latina y Caribeña, empeñada una vez más en ser libre y estar unida. Así lo entendió el comandante y así lo manifestó.

Mas vale aclarar que todos los momentos de confrontación entre las fuerzas patrióticas y revolucionarias contra la oligarquía y el imperialismo son sucesos que repercuten directamente en todo el territorio de la Patria Grande. No ca-sualmente Evo Morales afirmó también que el triunfo del Sí a la Nueva Consti-tución era una victoria latinoamericana. Lo mismo que la aprobación de la Constitución ecuatoriana o el triunfo sandinista reciente. Los escenarios de lucha en nuestro continente (al sur del Río Bravo), en cada uno de los países, son secuencias de un trazado que nos lleva a una misma dirección. Un triunfo popular en cualquier país de la región es una victoria regional, ya que en prin-cipio implica un debilitamiento del poder del imperialismo y las oligarquías nati-vas, asimismo representa un avance cuantitativo y cualitativo hacia el objetivo estratégico.

El planteo de Hugo Chávez, como el de otros líderes revolucionarios de Nues-tra América es claro: para derrotar al enemigo principal, el imperialismo yanqui y sus socios nativos, es necesario alcanzar la plena independencia nacional por la vía del socialismo. Y esa independencia nacional no se logrará en un solo país, aislado del resto de sus hermanos, sino que se concretará en la Uni-dad de América Latina y el Caribe.

En efecto, el planteo teórico esta enunciado con claridad, pero como decía el Libertador Simón Bolívar: “esta unión no nos vendrá por prodigios divinos sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”. Ahí la necesidad cada vez mayor de elaborar una estrategia, con sus pasos tácticos correctos que admi-nistren sabiamente los esfuerzos. El “Plan para la Realización del Supremo Sueño de Bolívar” de Augusto Sandino, fue un aporte en esa dirección que mantiene plena vigencia a sus 80 años de su elaboración.

Es por esto que la Revolución Bolivariana, con Hugo Chávez a la cabeza, tras-ciende las fronteras venezolanas. El modelo bolivariano, sintetizado en la con-signa Patria y Socialismo, son un ejemplo para toda Nuestra América y nos habla de que es posible construir una sociedad con justicia social y democracia verdadera cuando se toma la decisión política de ser independientes y soberanos. La historia de nuestras clases dominantes, las oligarquías nativas y las burguesías dependientes indican que sus destinos están atados a los del imperialismo de turno, en la actualidad al yanqui. Por lo tanto la independencia nacional, al expulsar al depredador imperialista, liquida a esas clases explotadoras y usufructuarias del trabajo del pueblo y de las riquezas naturales de nuestros países. La lucha por la liberación nacional entonces, no es una fórmula del pasado, como nos quieren hacer creer hoy algunos extravagantes intelectuales postmodernos, sino que es la histórica lucha de nuestros pueblos que hoy vuelve a vigorizarse con la presencia de líderes de la talla de Chávez, Evo, Daniel o Correa.

Y esta lucha, como bien señala Chávez tiene que transitar por la vía del socia-lismo. “Si queremos Patria, tenemos que avanzar por la vía socialista”, afirma el comandante, y agrega: “…el socialismo bolivariano”. “Sin copia ni calco”, como decía el peruano Mariátegui; un socialismo nuestro, de profundas raíces lati-noamericanas caribeñas, cristiano del Cristo de los Pobres, patriota, indígena, antiimperialista y revolucionario. Ahí el ejemplo bolivariano que tanto disgusta al Pentágono, porque mientras la revolución en Venezuela avanza en las transformaciones profundas, va construyendo simultáneamente doctrina de unidad y liberación. No es casual que la nueva administración de la Casa Blanca, a través de su nuevo Jefe de Inteligencia, el almirante Dennis Blair ya se haya pronunciado contra el “populismo” y los “peligros” de la Venezuela bolivariana.

El siglo XXI será escenario de luchas trascendentes. América Latina y el Caribe no escaparán de esta circunstancia crucial. Ya hemos dado pasos importantísimos en la dirección correcta, el ALBA es un ejemplo de ello. La consigna de Augusto Sandino sigue vigente más que nunca: “América del norte para los norteamericanos, América Latina y el Caribe para los indohispanos”.

* Presidente de la Fundación Emancipación para la Unidad y Soberanía de América latina y el caribe.

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