Opinión

La agonía política de la oligarquía

El resultado de las elecciones municipales, donde el Frente Sandinista y la Alianza Unida Nicaragua Triunfa alcanzaron la mayoría política, profundiza la crisis y el derrumbe de la oligarquía

Redacción Central |

El origen de la oligarquía

La oligarquía es un grupo compuesto por una docena de familias descendientes de los criollos o españoles nacidos en América durante la época colonial. Estas familias se han preocupado durante varios siglos de guardar el apellido como muestra de prestigio y distinción del resto de la población india y mestiza. Se consideran ciudadanos notables, casi nobles, aristocráticos o superiores por naturaleza en base a su origen español, la alcurnia y el abolengo (años de guardar el renombre de sus apellidos), la sangre, la raza, el estilo clasista, el poder económico, el control de rangos estamentales o cargos honoríficos, el saber, la influencia en los poderes públicos y en la idiosincrasia de la población a través del púlpito, el indoctrinamiento escolar y la comunicación mediática.

El rasgo más importante es el derecho de pertenencia adjudicado por la casta. Una persona puede ser blanca, rica y poderosa como Somoza, pero no es considerado ni admitido como miembro de la oligarquía. Otros en cambio pueden ser de clase media, con un fenotipo indio o negro como Pablo Antonio Cuadra y ser considerado por su identidad social y cultural como un miembro honorable de la oligarquía. Por otro lado, y tomando en cuenta que en toda sociedad la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, las personas más humildes y marginadas pueden perfectamente identificarse con la cultura oligárquica.

En Nicaragua la familia principal que articula estas pretensiones es la familia Chamorro, quien desde hace un siglo ha tenido el monopolio de la comunicación mediática, con lo cual ha chantajeado y subordinado mental y psicológicamente a gran parte de la ciudadanía nicaragüense.

Tradicionalmente se ha organizado políticamente alrededor del Partido Conservador. Durante doscientos años gobernaron el país, junto a una incipiente burguesía nacional. Fueron los principales responsables de las intervenciones militares norteamericanas, guerras civiles, golpes de Estado; abortaron los esfuerzos nacionalistas de la revolución liberal (1900) y han mantenido un envenenado hostigamiento a la revolución popular sandinista. Su práctica entreguista es la causa por la cual Sandino y los sandinistas la llaman oligarquía vendepatria.

Tienen secuestrada a la opinión pública y obligan a la población a leer la coyuntura política de acuerdo a sus intereses ideológicos. Defienden los intereses de los banqueros y de la metrópolis, europea y norteamericana, quienes se hacen eco de su terrorismo mediático. Últimamente han incorporado a organismos cívico-políticos y notables autodefinidos como la aristocracia del saber. Desprecian al marginado, no comulgan con la burguesía nacional aunque sean empresarios, son defensores del neoliberalismo y del gran capital globalizado, critican a los gobiernos de izquierda y defienden el orden económico imperial.

La agonía política de la oligarquía nicaragüense

En los siglos anteriores, cada vez que la oligarquía perdía una batalla electoral recurría a un golpe de Estado o sumía al país en una guerra civil, y cuando ésta no le favorecía, solicitaba la intervención militar de las tropas norteamericanas.

En el siglo pasado y a comienzos de este siglo, la oligarquía comenzó a ser desplazada por la dictadura somocista, la revolución sandinista y últimamente por un liberalismo más cercano a la burguesía nacional, lo que la ha llevado a entregarse y entregar el país a las corporaciones transnacionales. Su protagonismo político ha decaído significativamente, no pudiendo moverse sin acercarse a otra fuerza política. No pudo enfrentar al somocismo sin el Frente Sandinista, ni pudo enfrentar al Frente Sandinista sin las fuerzas liberales.

Si tuviéramos que hacer un balance histórico, diríamos que en todo este tiempo la oligarquía ha perdido influencia en el ejército y la policía, los poderes del Estado y las fuerzas políticas en general. Ya no puede recurrir ni a golpes de Estado, ni a intervenciones militares, ni a paros económicos empresariales, ni a asonadas sociales.

Por otro lado, el fracaso del modelo neoliberal al cual apostaron, aun a costa de la quiebra de la burguesía nacional, le ha restado toda credibilidad frente al capital nacional y sobre todo frente a la población.

Su fuerza de antaño ha quedado reducida a una significativa influencia en la opinión pública, nacional e internacional, influencia que acaba de recibir un duro golpe en las últimas elecciones municipales, donde el Frente Sandinista, por primera vez en la historia de Nicaragua, accedió a la mayoría política del electorado nicaragüense.

Herida de muerte no le queda más que envenenar el ambiente y descargar su odio de casta contra el Frente Sandinista, ofreciendo conscientemente sus servicios al neosomocismo a nivel nacional y al neocolonialismo a nivel internacional.

Nosotros por nuestra parte, seguiremos fortaleciendo la organización y movilización popular, conscientes de que nuestra lucha no es contra personas en particular, sino contra una cultura de privilegio de casta, arrogancia, soberbia, complejos de superioridad e inferioridad, racismo y servilismo al extranjero, valores que han sido sembrados por la oligarquía en el alma del pueblo nicaragüense.

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