Nicaragua

El legado del tsunami de 1992 en Nicaragua

En su estela surgió la primera colaboración coordinada entre los científicos internacionales

183747
Legado del tsunami de 1992 |

Redacción Central |

Hace 25 años, un poderoso tsunami azotó la costa del Pacífico de Nicaragua. En su estela surgió la primera colaboración coordinada entre los científicos internacionales de tsunami.

En la noche del 1 de septiembre de 1992, un mortal tsunami azotó la costa del Pacífico de Nicaragua con poca o ninguna advertencia, provocado por un terremoto cercano. Los primeros informes noticieros indicaban que olas de casi 15 metros de altura barrían casas, botes, vehículos y cualquier cosa en su camino [Globe and Mail, 1992].

El terremoto y el tsunami dejaron al menos 170 muertos, aproximadamente 500 heridos y más de 13.500 personas quedaron sin hogar. Fue el tsunami que causó la mayor parte del daño.

Después del terremoto, el Centro de Alerta contra los Tsunamis del Pacífico (PTWC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) no emitió ninguna advertencia de tsunami. Eso porque la magnitud inicial determinada con ondas sísmicas superficiales (Ms) fue de sólo 6.8, es decir inferior a su umbral de advertencia. Sin embargo, el análisis de los registros sísmicos mostraría más tarde que la Magnitud Momento (Mw), que es una mejor representación de la energía total irradiada del terremoto, fue de 7.7.

Cerca de la fuente, muchas personas también subestimaron la magnitud del terremoto basándose en las sacudidas. A menudo, una sacudida fuerte del terremoto sirve como una señal de advertencia natural de un inminente tsunami, para que las comunidades costeras puedan evacuar. Pero, en este caso, la agitación del suelo era débil o suave. La fuente estaba a sólo 100 kilómetros de distancia, así ¿por qué muchos residentes costeros no sintieron el terremoto, y por qué el tsunami generado fue tan alto?

Las características inusuales de la fuente de este terremoto y el creciente interés por los tsunamis en los Estados Unidos llevaron a la organización del primer Equipo Internacional para la Evaluación de Tsunami (International Tsunami Survey Team – ITST) para documentar los efectos del tsunami. Para el 25 aniversario de este evento, hemos entrevistado a varios científicos japoneses y estadounidenses involucrados en la evaluación del tsunami que siguió a este terremoto. De sus reportes, nos enteramos de que investigando por qué los residentes de la costa no sentían el terremoto en gran medida mejoró la forma en que en la actualidad los científicos estudian la generación de tsunamis y coordinan las encuestas posteriores a los tsunamis.

Un terremoto que se desenrolla lentamente

En una secuencia terremoto-tsunami típica, las comunidades cercanas a la fuente sienten el terremoto y, si están debidamente informadas sobre sus peligros, se preparan para la posibilidad de un tsunami. Sin embargo, el terremoto ocurrido el 2 de septiembre a las 00:16 UTC (1 de septiembre a las 19:16 hora local), no siguió este patrón típico.

“Encontramos que sólo alrededor de la mitad de los residentes costeros realmente habían sentido que el suelo temblaba”, recordó Kenji Satake, entonces un sismólogo en la Universidad de Michigan, que participó en la encuesta post-tsunami.

Para entender lo que pasó, hay que consultar un artículo publicado en 1972, es decir 20 años antes de los eventos que precedieron al tsunami de 1992 en Nicaragua. Hiroo Kanamori, que trabajaba en este tiempo en el Japón en el Instituto para la Investigación de Terremotos de la Universidad de Tokio propuso para ciertos terremotos el término “terremoto tsunami” [Kanamori, 1972]. En tales terremotos, la ruptura de la falla ocurre más lenta y gradualmente que lo normal durante un típico terremoto tectónico. Las mediciones de sólo las ondas sísmicas de período corto no capturarán adecuadamente esta liberación lenta de energía, por lo que un tsunami disparado por un terremoto de este tipo es más grande y el agua sube a mayor altura que uno esperaría basándose en cálculos rápidos de la magnitud Ms.

Antes de 1992, los científicos sabían sobre los terremotos tsunami, pero no habían observado realmente sismogramas de ellos con que se podrían desarrollar métodos para calcular rápidamente la magnitud para los casos cuando la mayor parte de la energía se libera más tarde. El terremoto de 1992 en Nicaragua cambió eso.

Los nuevos sismómetros de banda ancha con sistemas de adquisición digital permitieron analizar el terremoto de Nicaragua en múltiples frecuencias. Estos sismómetros contaron una intrigante historia: “Por nuestro análisis de los sismogramas nos dimos cuenta que el proceso de la fuente era inusual, se caracterizaba por una larga duración “, señaló Satake.

Allí estaba. En 1992, se registraba la primera vez un terremoto tsunami con sismómetros de banda ancha [Kanamori y Kikuchi, 1993] !

En este contexto, tenía sentido que muchos residentes no sintieran que el suelo temblaba. El terremoto fue lento, pero dio un gran golpe que desencadenó un tsunami destructivo donde no se había esperado ninguno [Satake, 1994].

El primer Equipo Internacional de Evaluación de Tsunami

La liberación gradual de energía durante el terremoto de 1992 en Nicaragua resultó en una subestimación inicial de la magnitud debido a que gran parte de la energía estaba contenida en las ondas sísmicas de períodos largos.

En 1992, el Centro de Alerta de Tsunami en el Pacifico (PTWC) calculaba rutinariamente la magnitud con las ondas sísmicas P de período corto de un segundo y con ondas superficiales de períodos de 20 segundos. Así, los científicos no conocían a la magnitud hasta unos 30 a 40 minutos después del terremoto. Cuando se determinó la magnitud en el caso de Nicaragua, estaba por debajo del umbral de alerta de tsunami, recordó Laura Kong, que estaba de servicio en el PTWC durante el evento. Como resultado, la magnitud inicial del terremoto no alertó a la comunidad científica sobre la posibilidad de un tsunami destructivo.

Debido a que los científicos no fueron informados por el PTWC, la mayor parte del mundo fuera de Nicaragua supo del tsunami a través de los medios de comunicación. Sin embargo, dentro del país, Wilfried Strauch, geofísico del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) de Nicaragua, sintió el largo terremoto.

Después de escuchar en la radio sobre las inundaciones a lo largo de la costa, Strauch recogió sus equipos y se dirigió inmediatamente a la costa. Al amanecer, acompañado por los militares, Strauch fue uno de los primeros científicos y funcionarios para confirmar la destrucción por el tsunami.

Fumihiko Imamura, profesor de ingeniería en la Universidad de Tohoku, estuvo en Japón cuando se enteró en las noticias del tsunami. También había notado un aumento de 7 centímetros en un registrador de mareas instalado cerca de Kesennuma, Japón. Este movimiento fue el tele tsunami del evento, observado a más de 12 mil kilómetros de su fuente nicaragüense. Trabajando hacia atrás, los mareogramas lejanos se usaron para estimar la magnitud de la fuente. Estos cálculos indicaron un terremoto de una magnitud mayor de que se había informado inicialmente [Satake et al., 1993].

Intrigado, Imamura lideró uno de los equipos de encuesta en las zonas afectadas de Nicaragua. El suyo y otros equipos se unieron a un esfuerzo más grande promovido por Kuniaki Abe (de Nippon Dental University Universidad de Niigata, Japón) y Katsuaki Abe y Yoshinobu Tsuji (Earthquake Research Institute de la Universidad de Tokyo, también en Japón). Al enterarse de estos esfuerzos de investigación, Satake se puso en contacto con la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NSF) para solicitar permiso para utilizar fondos de la Fundación para integrarse en el trabajo para la documentación de este inusual tsunami. Esta petición llevó a Jody Bourgeois, en ese momento una oficial de programa en el NSF, a vincularse con los equipos de evaluación post-tsunami.

A través de esta coordinación, el ITST comenzó a tomar forma. Científicos e ingenieros del Japón y de los Estados Unidos, con la ayuda de científicos e ingenieros locales de Nicaragua, comenzaron a investigar las áreas afectadas 3 semanas después del evento.

Colaboración Internacional

El Japón tiene una larga historia de tsunamis, y los científicos japoneses habían hecho extensas investigaciones sobre los efectos del tsunami antes del evento de 1992 en Nicaragua. Por ejemplo, Satake fue también parte de un equipo post tsunami que documentó el terremoto y el tsunami del Mar de Japón en 1983.

Los miembros japoneses del equipo tuvieron una gran experiencia en la encuesta post-tsunami. Por el contrario, los miembros estadounidenses tenían poca experiencia previa. Aunque científicos estadounidenses habían examinados los efectos del terremoto y tsunami de Alaska, del 28 de marzo de 1964, pocos tsunamis destructivos habían alcanzado los EEUU en las décadas anterior al evento de Nicaragua. Sin embargo, cuando ocurrió el tsunami de Nicaragua hubo un creciente interés por los tsunamis entre muchos científicos estadounidenses. Descubrimientos recientes en la Zona de Subducción de Cascadia habían revelado un tsunami que, como ahora sabemos, ha ocurrido en 1700, y muchos científicos se enfocaron en reconstruir este evento [Atwater, 1987].
Por lo tanto, el liderazgo de la primera ITST cayó en gran medida a los científicos japoneses, dado su anterior experiencia con tsunamis en el Japón. Los miembros japoneses manejaron las comunicaciones iniciales con los nicaragüenses en el INETER y se beneficiaron de conexiones locales previamente establecidas.

Sin embargo, como Frank González, entonces oceanógrafo en el NOAA Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico (PMEL), recordó, el nivel de colaboración “fue una primera vez para todos, Así que hubo mucha improvisación. ”

Un problema complicado para navegar fue la disponibilidad y exactitud de los mapas de referencia de la línea costera. “Los nicaragüenses suministraron a los miembros del equipo japonés con mapas hechos con ayuda de la Unión Soviética “, recordó Bourgeois. “Yo tenía un conjunto de mapas producidos por el gobierno de los EEUU. Los datos sobre el terreno en los mapas nicaragüenses estaban más al día por la cooperación entre el gobierno sandinista y la URSS. Bromeamos que los dos juegos de mapas eran de ‘KGB’ y ‘CIA’ “.

No obstante, señaló que ambos conjuntos de mapas en última instancia tenían problemas con la precisión. Un miembro del equipo tenía un GPS: “no era muy preciso, pero tampoco lo eran los mapas”, dijo Bourgeois.

Resultados de la Primera Evaluación ITST

El ITST realizó su evaluación a lo largo de más de 250 kilómetros de la costa nicaragüense. Se determinó que la mayor altura de las olas ocurrió en la parte central de la costa de Nicaragua. El tsunami alcanzó una altura de 9.9 metros en El Tránsito (no 15 metros como se informó en los periódicos), disminuyendo hacia el Norte y permaneciendo entre 6 a 8 metros al sur de Bahía Marsella (Figura 1). Estas ubicaciones de alturas de olas se almacenan en los Centros Nacionales de Información Ambiental de la NOAA (NCEI)/World Data Service (WDS) Global Historical Tsunami Database [NCEI/WDS, 2017].

En El Tránsito, el 80% de los edificios fueron barridos. Las olas impactaron como muros de agua en Masachapa, Pochomil y San Juan del Sur. En todos estos lugares el Océano es poco profundo cerca de la costa. “Yo estaba aturdido por el daño”, refleja Bourgeois. “Me impresionó cómo la estructura de las construcciones tenía mucho que ver con la resistencia al tsunami: casas con las plantas bajas abiertas y con pasadizos perpendiculares a la playa podrían sobrevivir donde otras casas fueron borradas. Sin embargo, no fue hasta que volví en febrero de 1993, que me di cuenta de que algunos lugares donde había visto fundaciones habían estado en pie antes del tsunami “.

Costa Rica también experimentó algunos daños por tsunami, y el ITST envió un pequeño grupo a investigar la zona. El grupo se enfrentó a muchos retos, entre ellos el transporte y los pasos fronterizos que abrieron irregularmente, pero lograron recolectar e informar los datos.

Un primer ejemplo de un Listserv

Después del tsunami, González y su equipo en el PMEL desarrollaron lo que ahora se considera un Internet Listserv. El foro, entonces llamado el Boletín Informativo de Nicaragua (o Tsu-Nica), fue utilizado para Intercambio de datos y manuscritos.

Aunque estos foros son comunes hoy en día, tal Listserv fue innovador en ese momento. “Eso fue el comienzo de la comunicación entre los científicos del tsunami a través de Internet “, dijo Satake.

Este listserv continúa hoy, ahora llamado el Tsunami Bulletin Board (TBB). Desde 1995, el servicio ha sido alojado por el Centro Internacional de Información sobre Tsunamis de la NOAA (ITIC). El TBB sigue siendo la principal plataforma para compartir la información sobre los eventos de tsunami y post-tsunami. Por supuesto, Tsu-Nica no resolvió todos los problemas de la coordinación y el intercambio de datos, pero fue un primer paso importante.

Desarrollo de una guía de campo de Evaluaciones post tsunami

Tres años después, en junio de 1995, científicos de tsunamis de 10 países participaron en un Taller Internacional sobre Mediciones de Tsunamis en Estes Park, Colorado. Este Taller inició la elaboración de un manual de evaluaciones posteriores al tsunami para proporcionar una orientación sobre la realización de una encuesta, incluyendo la logística, técnicas y los desafíos.
En 1998, el ITIC y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) publicó la primera edición de la Guía de Evaluación del campo Post Tsunami (Post-Tsunami Survey Field Guide) utilizando la experiencia adquirida en el ITST de Nicaragua [IOC, 1998].

Gran parte de la guía incluida se basó en el trabajo del ITST en Nicaragua. Por ejemplo, los científicos japoneses “tenían un cuestionario que se convirtió en la base para futuras cuestionarios “, señaló Bourgeois, que asistió al taller de 1995.

Con el paso de los años, muchos científicos contribuyeron en la actualización de la guía, utilizando sus experiencias de muchos eventos. Estos eventos incluyen los tsunamis del Océano Índico en 2004, de las Islas Salomón en 2007, de Samoa en 2009, de Chile en 2010 y del Japón en 2011.

El legado de la primera encuesta

El ITST de 1992 se enfocó en la recolección de las alturas de la ola, la inundación máxima y los datos de la subida del agua. En los 25 años, desde esta primera encuesta, la metodología ha evolucionado mucho. En el ITST de 1992, Bourgeois fue el único geólogo sedimentario, pero ahora en las encuestas posteriores al tsunami se examinan de forma regular los efectos geológicos (por ejemplo, depósitos y erosión) de los tsunamis. Los científicos sociales, economistas, ecologistas e ingenieros se involucran comúnmente en los ITST. Además, los científicos están recopilando recuerdos de personas que experimentaron un tsunami ocurrido en su infancia, antes de existir la instrumentación moderna. Todos estos esfuerzos se realizan para ayudar a las comunidades a comprender mejor sus peligros a largo plazo.

Reflexionando sobre las encuestas de entonces y ahora, González comentó, “la comunidad del tsunami es ahora profesionalmente más diversa: no sólo son ingenieros y oceanógrafos, sino también biólogos, científicos sociales, etc. Así es como debe ser. Los tsunamis no conocen fronteras, y ninguna profesión puede cubrir todas las causas y efectos de los tsunamis”.

Desde 1992, los ITST han documentado un total de 33 eventos de tsunami en el Pacífico, en el Océano Índico, en el Mar Caribe y en el Mediterráneo (Figura 2, COI, 2014]). Para garantizar un acceso fácil a la información, los datos, cómo el número de muertes, lesionados, pérdidas económicas y edificios dañados recopilados en los ITSTs se integran ahora en la Base de Datos Históricos Global sobre Tsunamis de la NCEI/WDS.

En resumen, a partir de un comienzo modesto ha surgido un sistema robusto y coordinado de encuestas post-tsunami.

De la tragedia a la inspiración

El terremoto y el tsunami de 1992 en Nicaragua fueron eventos trágicos para la población de este país centroamericano. Pero llevaron a enfocar la investigación científica en los terremotos tsunami, que siguen siendo “un punto ciego en las advertencias locales de tsunami”, señaló Satake. A través del análisis del terremoto y de la primera ITST en la historia, los científicos dieron los primeros pasos hacia la comprensión de estos eventos peligrosos.

De esta tragedia, muchos sistemas nuevos han crecido. El evento dio lugar a la creación de un sistema nacional de alerta de tsunamis en Nicaragua, y sembró las semillas del nuevo Centro de Asesoramiento de Tsunami de América Central (CATAC), un proyecto en desarrollo con apoyo de Japón y organizado por el INETER de Nicaragua.

Pero, tal vez, el legado más duradero del terremoto y tsunami de 1992 en Nicaragua es su impacto en la manera cómo examinamos ahora los tsunamis. Las encuestas posteriores al tsunami están ahora coordinadas, interdisciplinarios, internacionales. En algunos casos, el país afectado puede incluso solicitar ayuda a la COI y al ITIC en los esfuerzos de coordinación. La recopilación de datos sobre tsunamis perecederos ha beneficiado a mejorar las capacidades de medición (por ejemplo, con GPS diferencial y distanciómetro con láser integrado), lo que conduce a una mejor comprensión de los tsunamis. Además, los ITST han enseñado a los investigadores la importancia y el deber de compartir los datos entre sí a través de tecnologías emergentes.

La mejor gestión de los peligros proviene del enfoque científico coordinado. Los acontecimientos de hace 25 años en Nicaragua lo demuestran y sirven como un ejemplo duradero de cómo la colaboración Información que en última instancia puede salvar vidas.

Referencias

Atwater, B. F. (1987), Evidence for great Holocene earthquakes along the outer coast of
Washington State, Science, 236(4804), 942–944, https://doi.org/10.1126/science.236.4804.942.

Globe and Mail (1992), Tidal waves hit Nicaragua in aftermath of earthquake more than 200
dead or missing as Pacific coast is ravaged, Globe and Mail, 3 Sept.

Intergovernmental Oceanographic Commission (IOC) (1998), Post-tsunami Survey Field Guide,
1st ed., IOC Man. Guides, vol. 37, U. N. Educ., Sci. and Cultural Organ., Paris.

Intergovernmental Oceanographic Commission (IOC) (2014), International Tsunami Survey
Team (ITST) Post-tsunami Survey Field Guide, 2nd ed., IOC Man. Guides, vol. 37, U. N. Educ.,
Sci. and Cultural Organ., Paris.

Kanamori, H. (1972), Mechanism of tsunami earthquakes, Phys. Earth Planet. Inter., 6(5), 346–
359, https://doi.org/10.1016/0031-9201(72)90058-1.

Kanamori, H., and M. Kikuchi (1993), The 1992 Nicaragua earthquake: A slow tsunami
earthquake associated with subducted sediments, Nature, 361(6414), 714–716,
https://doi.org/10.1038/361714a0.

National Centers for Environmental Information/World Data Service (NCEI/WDS) (2017),
Global Historical Tsunami Database, Natl. Cent. for Environ. Inf., Boulder, Colo.,
doi:10.7289/V5PN93H7. [Accessed 7 August 2017.]

Satake, K. (1994), Mechanism of the 1992 Nicaragua tsunami earthquake, Geophys. Res.
Lett., 21(23), 2519–2522, https://doi.org/10.1029/94GL02338.

Satake, K., et al. (1993), Tsunami field survey of the 1992 Nicaragua earthquake, Eos Trans.
AGU, 74(13), 145, 156–157, https://doi.org/10.1029/93EO00271.

Los autores
Nicolás Arcos (email: nicolas.arcos@noa.gov), Paula Dunbar, y Kelly Stroker, National
Centers for Environmental Information, National Oceanic and Atmospheric Administration
(NOAA), Boulder, Colo.; también en el Cooperative Institute for Research in Environmental Sciences, University of Colorado Boulder; y Laura Kong, International Tsunami Information Center, NOAA, Honolulu, Hawaii
mem

también te puede interesar