Nicaragua

La aventura lleva hasta el macizo de Peñas Blancas

Una oferta destinada para nacionales y extranjeros

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Macizo de Peñas Blancas |

Redacción Central |

Una muralla de roca y vegetación se alza coronada por la neblina en la frontera de los municipios norteños de Jinotega y Matagalpa. Ese es el macizo de Peñas Blancas, una zona poco explorada pero con un potencial eco-turístico enorme.

La formación rocosa se distingue imponente una vegetación que esconde hermosas cascadas que se difuminan en el aire mientras realizan su caída libre, provocando una brisa que acentúa el aire fresco y puro del lugar.

Es definitivamente una aventura que se abre paso para nacionales y extranjeros.

El viaje no solamente implica apreciar la naturaleza sino vivirla y ser parte de ella en diversos senderos. Uno de ellos, el de cascada Arcoiris, puede ser recorrida por los aventureros en aproximadamente tres horas de camino.

Así hicieron los estadounidenses José Morcillo y Keyla Ross quienes nunca imaginaron encontrar un sitio tan lleno de aire fresco y gente amable. “Es un lugar de la naturaleza que parece ser un milagro. Estamos encantados de estar aquí”, aseguran entre risas.

En medio de éste paraíso de selva húmeda con altura de 1,200 metros sobre el nivel del mal, entre plantas medicinales, cuevas, cascadas, pozas rocas, animales y aves, entre las que cuentan variedades exóticas y poco vistas en el pacífico, como tucanes, quetzales, pumas y hasta ocelotes.

El macizo se sitúa en el inicio sur de Bosawás, la reserva de biosfera más grande del país y ahí precisamente también funciona el Centro de Entendimiento con la Naturaleza (CEN).

Es una organización que se dedica a la promoción del turismo educativo, orientada a enseñar a los visitantes como convivir entre las bellezas naturales del lugar, así como dar información relevante sobre el país y su medio ambiente.

En el lugar se le explica al visitante sobre los pocos lugares en Nicaragua que están ubicadas a más de mil metros de altura o en cuántas regiones se experimentas las cuatro estaciones climáticas al año bien marcadas, entre otras características propias de la naturaleza nicaragüense.

En el lugar hay capacidad para albergar a un estimado de 200 personas, 30 en las casas construidas con el bambú sembrado en el mismo sitio hace 16 años y el resto entre espacios destinados para acampar y en albergues proporcionados por las familias locales.

Además, se puede degustar del cacao de la zona, con reconocimiento internacional y las opciones de panadería resultan de gran demanda, principalmente en semana santa, sobre todo cuando se incluye la miel y la mantequilla.

El costo por persona para hospedarse en el sitio es bastante bajo, dependiendo de las comodidades a las que se aspiren. Se estima que pueden rondar entre los 25 y los 65 dólares por persona, incluyendo tanto hospedaje como alimentación y el costo de los tours.
mem/ybb

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