Nicaragua

El árbitro electoral que hiperderecha exige a la OEA

En Nicaragua, cuando la derecha gobernó el país, el CSE con su desastroso desempeño sintetizó la mediocridad institucional

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Consejo Supremo Electoral |

Edwin Sanchez |

Los acuerdos entre la Organización de Estados Americanos y el Gobierno de Nicaragua van en la dirección de perfeccionar las instituciones y sus mecanismos democráticos.

El Consejo Supremo Electoral, entre una amplia lista de facilidades para el escrutinio microscópico, garantiza a la Misión de observadores “el pleno ejercicio de sus funciones en las fases pre-comiciales, comiciales y post-comiciales, de todo el proceso electoral que se realizará en noviembre”.

Ningún sistema electivo en el mundo es una obra maestra. En Nicaragua, cuando la derecha gobernó el país, el CSE con su desastroso desempeño sintetizó la mediocridad institucional y el vaciamiento de la soberanía que había dado muerte a la República en esos años.

Quienes ahora se rasgan las vestiduras, admiraron entonces aquel arbitraje deplorable como si hubiese sido muy diáfano o simplemente optaron por el silencio: habían “triunfado”. Era lo que importaba.

El Frente Sandinista reconoció a los candidatos “ganadores” a pesar de no respetarse la voluntad de los sufragantes.

Entre tantos atropellos perpetrados contra la democracia, el Consejo sumó la atrocidad de manufacturar –durante la puesta en escena de esos remedos– diputados por su propia cuenta, sin que el pueblo supiera cómo es que habían amanecido dueños de una curul.

Cuando ahora la hiperderecha –en sus diversas presentaciones– acusa a la OEA de firmar acuerdos “insuficientes” con el Estado de Nicaragua, intenta un borrón y cuenta nueva de la memoria histórica. Quiere hacer creer que el sistema electoral bajo el neoliberalismo fue sin pecado original, la quinta esencia del Estado de Derecho, y que hoy “hemos retrocedido en calidad democrática”.

Los radicales, abanderados por su FAD, exigen a la OEA un CSE modelo 1996, paradigma de la “credibilidad” y la “legitimidad”. Y si fuese posible, presidido por la misma doctora Rosa Marina Zelaya. ¿Acaso no quieren “recuperar” la “democracia”?

He aquí algunas de las “virtudes” del árbitro electoral “más perfecto” en la historia de Nicaragua y la “fortaleza institucional y democrática” que disfrutaba el país bajo la derecha (*):

Rectilíneo: “El padrón electoral -que según la ley debe ser entregado a los partidos 60 días antes de las elecciones -apenas fue conocido una semana antes y no por todos los partidos. Los votantes- que también tienen derecho a conocerlo- lo ignoraron hasta llegar a las mesas de votación”.

Puro: “Todavía en la madrugada del domingo se seguían imprimiendo boletas para las elecciones de Managua en la imprenta INPASA -elegida por el CSE para hacer este trabajo tras una tensa polémica-. El alarmante retraso de la imprenta, previsto y anunciado, provocó desórdenes increíbles y constituyó una violación de los plazos de la Ley Electoral y de los términos del contrato que firmó esta empresa con el CSE”.

Perfecto: “La mayoría de las juntas receptoras de votos de todo el país abrió tarde. (…) No fueron puntuales o no llegaron nunca algunos de sus miembros o fiscales -¿irresponsabilidad, deserción política, boicot, confusión?-. No se recibieron completos y a tiempo los materiales: urnas, boletas, actas. Este retraso fue generalizado, marcando desde la primera hora de los comicios una notable diferencia con las puntualísimas elecciones del 84 y del 90”.

Abierto: “El CSE no dio a conocer el volumen exacto de estas irregularidades, que tuvieron graves consecuencias y que pueden haber influido en los niveles de abstención. El retraso en abrir fue, en promedio, de unas dos horas y llegó a veces hasta seis horas o más”.

Ordenado: “Nicaragua entera ya había contemplado en la pantalla de la TV un caos inolvidable. Más de dos mil personas se agolpaban al mediodía frente a las oficinas del Centro Electoral Departamental (CED) de Managua. Eran presidentes de JRV o miembros de ellas, fiscales, policías electorales… Habían amanecido en la calle. Buscaban cómo y a quién entregar la valiosa documentación electoral en la que constaban las votaciones del día anterior”. (Al FSLN ya le habían desaparecido 60 mil votos).

Inmaculado: “Este caos -provocado por desidia intencional o causado por omisión- se tradujo en hechos más lamentables aún. Desde ese día y durante varios días más estuvieron apareciendo en cauces, baldíos y basureros de la capital cientos y cientos y cientos de actas de escrutinio y boletas marcadas y sin marcar. Las elecciones en la basura. ¿Por qué este caos, que tanto impacto político tuvo ¿Irresponsabilidad de los que eran responsables de entregar el material a las autoridades electorales de Managua y que, desesperados por la larga espera, eligieron la vía de deshacerse del material y huir? ¿O irresponsabilidad de estas autoridades electorales de Managua, que no hicieron bien su trabajo? ¿O todo el caos de Managua, incluido el menosprecio por el material electoral, fue una más de las maniobras fraudulentas que acompañaron el proceso? Por aquello de que en río revuelto, ganancia de pescadores…”.

Intachable: “¿Cómo se organizó el fraude en Managua? (…) el fraude fue organizado desde las juntas receptoras de votos, una vez concluida la votación, cuando se cerraron los recintos electorales y empezó el conteo de votos”. “Cuando el fiscal sandinista o fiscales de otros partidos que no eran liberales querían hacer una impugnación, el presidente de la junta sencillamente no aceptaba la impugnación y no la registraba en el acta de escrutinio. El presidente del CED de Managua, César Membreño, de la Alianza Liberal, decidió 48 horas antes de las votaciones cambiar a la mayor parte de presidentes de las JRV que no eran de su partido”.

Democrático: “Los graves problemas técnicos, los continuos atrasos en el calendario y la sobrepolitización, que afectaban ya tan seriamente el proceso electoral, fueron manejados por (Rosa Marina) Zelaya hacia afuera buscando tener la primera y la última palabra en cualquier cuestión que se presentara y a la vez, buscando proyectar con esa palabra la imagen de que no había por qué preocuparse porque todo iba a salir no sólo bien sino perfecto. Hacia adentro, permitiendo que las crisis se acumularan indefinidamente sin enfrentarlas ni resolverlas, dejando hacer y dejando pasar”.

Imparcial: “¿Cuánto pesó en la crisis electoral y en este estilo de conducción la simpatía y estrecha cercanía de Rosa Marina Zelaya con la dirigencia del MRS, despiadada en su crítica al FSLN antes de las elecciones y después de la crisis, incapaz de dominar esta tendencia, que parece ser su señal de identidad? Rosa Marina es la esposa de Jorge Samper, principal asesor legal de la bancada del MRS en la Asamblea Nacional durante estos años, jefe de campaña en Managua del MRS y tras un polémico y poco transparente recuento de residuos electorales, diputado electo por el MRS”.

Humilde: “Opiniones de gente muy cercana al Consejo Supremo Electoral van en este sentido: El Consejo que condujo las elecciones de 1996 estuvo marcado por la arrogancia”.

Justo: “…el conjunto de anomalías e ilegalidades habría tenido como objetivo político prioritario el romper el empate técnico e impedir el regreso del FSLN al poder”.

Cristalino: “A pesar de tantos pesares, la Presidenta del CSE continuó el día 22 y el 23 dando resultados preliminares elaborados en base a los cuestionados telegramas (…). Zelaya no hacía referencia a la tensión política, a las imágenes del caos de Managua (…), y con una frialdad cada vez más preocupante minimizaba los problemas: Sí, hay algunas inconsistencias. Sí, a veces en el telegrama dos más dos no son cuatro sino cinco. Sí, tenemos telegramas con incidencias, pero éstos los rechaza la computadora…”.

Confianza: “Tantas y tantas las anomalías que uno concluye que el fraude de las elecciones de 1996 fue eso: elecciones nada transparentes, que impiden ver con claridad cuál fue en verdad la voluntad de los votantes en lugares determinados”.

Institucionalidad: “El FSLN no es el único perdedor en la crisis electoral. La principal perdedora es Nicaragua entera, su institucionalidad, su legalidad, la población toda, especialmente ese 20% de votantes jóvenes que en 1996 votaron por primera vez”.

Observadores: “Las declaraciones de varios observadores internacionales de fama (Arias, Carter, Gaviria, etc.) que, por haber observado durante unas horas las ejemplares filas que hicieron los nicaragüenses, declararon apresuradamente que los comicios también habían sido ejemplares…”.

Independencia: “Durante las crisis institucionales de 1994, 1995 y 1996 -cuando ya las elecciones aparecían en el cálculo de todos los políticos- Estados Unidos jugó un papel muy activo, a través de su embajador en Nicaragua, John Maisto, que había llegado al país en 1993”.

“Decía siempre que las crisis de los nicaragüenses deben resolverlas los nicaragüenses, pero nunca dejó pasar ocasión para indicarle a los nicaragüenses cómo creía el gobierno de Estados Unidos que esas crisis debían ser resueltas”.

“Elecciones libres, justas y transparentes”: “Durante meses, Maisto no dejó de apretar y de forzar todas las clavijas para que la maquinaria electoral no se detuviera. Cuando había cualquier pegón, cualquier problema, fuera cual fuera, el embajador Maisto llegaba al Consejo a visitar a la doctora Zelaya. Maisto fue su gran apoyo, su respaldo en todas las crisis, cuentan trabajadores del CSE”.

Como ya nada de eso existe, “no hay democracia”. ¡Vaya! Bien lo expone la Biblia: “Pero si tienen envidias amargas y ambiciones egoístas en el corazón, no encubran la verdad con jactancias y mentiras. Pues la envidia y el egoísmo no forman parte de la sabiduría que proviene de Dios. Dichas cosas son terrenales, puramente humanas y demoníacas” (Santiago 3:14-15 NTV).

(*) Tomado de Envío, número 176, noviembre de 1996.
mem/es

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