Nicaragua

La calma consciente del Volcán Cerro Negro

Más de tres lustros en calma suma este cráter, uno de los más peligrosos de la región

Volcán Cerro Negro
Volcán Cerro Negro |

Redacción Central |

Sus mejores años de violencia quedaron atrás. Más de tres lustros han pasado desde que el volcán Cerro Negro del departamento León hizo de las suyas por última vez. Un coloso de 726 metros de altura que mira desde arriba a todos, aunque hoy encuentra tranquilidad en su interior.

Aquellos entendidos sobre el tema lo califican como uno de los más explosivos de Nicaragua y Centroamérica. Cuentan de sus violentas erupciones de arena, ceniza y lava. Elementos que en algún momento bañaron de miedo a parte de nuestro territorio.

Agregan esos que saben sobre cráteres y emisiones que en  1947, 1968, 1971, 1992 y 1995 el Cerro Negro se puso bravo, furioso, y no cedió en su intento de llenar de terror  a miles de personas que incluso alaban su estructura, su majestuosidad. Fueron años donde sobre la ciudad de León llovieron  grandes cantidades de arena. Viviendas y calles quedaron diferentes. El pueblo también.

No han sido sus únicas muestras de cólera, aunque sí las causantes de mayor desgracia. Pero en la actualidad vive diferente, se siente a gusto, tranquilo, sin apuros. Es un volcán muy lejano a aquel que el 9 de abril de 1992 hizo un gigantesco estallido a la media noche despertando a miles de personas en el Occidente de Nicaragua. Una rabia nunca antes vista en su seno.

Relatan esos que entienden su comportamiento que en tres días arrojó la misma cantidad de arena que lanzó durante la erupción de 1947, y que dejó cerca de 500 mil damnificados. Fue una de sus 26 erupciones volcánicas, incluyendo  el enjambre sísmico de agosto de 1999 causando temor en las familias.

El Cerro Negro continúa vigilado, muy a pesar de sus 16 años sin desepero. El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) no se confía. Los integrantes de esa institución son conocedores  de su peligro, aunque esté tranquilo, tal vez domado, y se muestre sereno, libre de pecado, lejos de su pasado y consciente de la existencia de un pueblo preparado para enfrentar los fenómenos naturales que nos manda la madre natura.

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