Nicaragua

Comunidad nicaragüense preserva tradición ancestral como fuente de empleo digno

El tejido indígena es una práctica de nuestros antepasados que se atesora en la comunidad El Chile, del departamento de Matagalpa

Tejido indígena
La comunidad El Chile, de San Dionisio, Matagalpa, es un lugar de Nicaragua donde las tradiciones ancestrales no mueren. Allí, un grupo de mujeres retomaron la práctica ancestral de tejido utilizada por los antepasados para ganarse la vida de una forma digna. | el19digital.com

Redacción Central |

El tejido indígena es una práctica de nuestros antepasados que se atesora en la comunidad El Chile, del departamento de Matagalpa

La comunidad El Chile, de San Dionisio, Matagalpa, es un lugar de Nicaragua donde las tradiciones ancestrales no mueren. Allí, un grupo de mujeres retomaron la práctica ancestral de tejido utilizada por los antepasados para ganarse la vida de una forma digna.

Este grupo de féminas venden artículos de calidad a precios competitivos, y afirman que nunca pensar recibir pedidos grandes como los que ahora realizan, con un promedio de 200 piezas mensuales.

La historia de las tejedoras indígenas actuales inició en 1985, cuando Martha Ruiz, una ciudadana argentina que se trasladó a Nicaragua, apoyó a las pocas ancianas que conservaban los conocimientos del tejido tradicional, para luego formar una nueva generación.

En El Chile, el único lugar en el país donde los nativos practicaban este proceso, todavía son dos de esas mujeres las que dirigen las máquinas tejedoras que dan como resultado hermosas piezas como carteras, bolsos y mochilas, informa El 19 Digital.

Con una experiencia de 25 años elaborando tejidos, María Virginia Sánchez ha visto su crecimiento y recuerda el trabajo que tuvo que pasar para adquirir este conocimiento que hoy garantiza la estabilidad económica de su familia.

“El trabajo que nosotros hacemos es a beneficio de nosotros. Para echar a clase a los niños, para comprar todo lo que a uno le hace falta y bastante nos ayudamos con este trabajo que nosotros hacemos”, explicó.

Reconoció asimismo que su trabajo tiene gran demanda, sobre todo para los extranjeros que las visitan y ha iniciado a su pequeña hija de 15 años en esta práctica.

La expectativa de estas humildes mujeres, es crecer aún más y que sus hijas retomen su práctica, para preservar la tradición y tener una fuente de empleo.

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