Nicaragua

Del Tren al Canal y nunca más “La Voz del Amo”

El tema del Canal estuvo archivado, por no decir descartado, durante los regímenes neoliberales, hasta que el Comandante Daniel Ortega lo colocó en la agenda nacional, como ninguna otra Administración lo hizo desde la Independencia en 1821

Redacción Central |


El tema del Canal estuvo archivado, por no decir descartado, durante los regímenes neoliberales, hasta que el Comandante Daniel Ortega lo colocó en la agenda nacional, como ninguna otra Administración lo hizo desde la Independencia en 1821

Edwin Sánchez

Si uno revisa la historia de Nicaragua, comprobará que hay dos tipos de nicaragüenses: el que fue entrenado a poner su fe en cualquier otro país, aunque fuera Tangamandapia, y desconfiar de su nación; y el que preparó Darío y Sandino. Quien mal educó al primero, al punto de degradar la patria en “paisito”, en finca, no es un sujeto nativo, sino impositivo.

Hoy que se habla del Gran Canal, aparece la voz con acento de “patio trasero”: primero fue “una cortina de humo”, después, cuando vieron que el presidente Daniel Ortega habló en serio, que “el Lago”, luego, que “la soberanía”, mañana, que los planetas no están alineados… y así sucedió en su día con el tren.

El tema del Canal estuvo archivado, por no decir descartado, durante los regímenes neoliberales, hasta que el Comandante Sandinista lo colocó en la agenda nacional, como ninguna otra Administración lo hizo desde la Independencia en 1821.

En la Asamblea Nacional, desde el “¡Adiós, muchachos!” hasta el ¡Bienvenidos Muchachos y Muchachas del FSLN! en 2007, los representantes de la élite conservadora menospreciaron el proyecto, y bien que pudieron haberlo considerado. Fue el presidente Arnoldo Alemán quien por Acuerdo Presidencial 436-99, creó la Comisión de Trabajo para el Gran Canal Interoceánico. Hasta ahí.

Enrique Bolaños — y su “selecto” gabinete y bien pagado “círculo virtuoso” (?) mediático— es el que mejor conocía del tema desde sus tiempos de Vice, pero tampoco quiso moverlo del papel a la realidad, mucho menos que la población se enterara del mismo.

Es que para esta parte de nicaragüenses, son otros los que deben tomar nuestras decisiones, otros los que saben qué es la democracia, otros los que nos instruyen cómo gobernarnos; otros los que nos señalan si vamos al cielo o al infierno: se les enseñó a obedecer al estilo del Fox Terrier de la RCA Víctor… la Voz del Amo.

Subtítulo: Desconfianza desde el Siglo XIX

El Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación en un material dedicado a la historia del tren, rememora algo que parece actual: “Se desconfiaba en amplios sectores del éxito de la empresa, de la capacidad económica del país para llevarla a cabo, creyéndola poco menos que un ensueño progresista”.

No obstante, se decidió comenzar la obra, con los recursos disponibles en 1878. El 30 de septiembre de 1884 se inauguró la línea a Masaya. El 1 de marzo de 1886 llegó por primera vez el Ferrocarril a Granada. En 1899 la línea férrea se extendió a Jinotepe y Diriamba.

En la segunda mitad de los años 80, entre otras compras, el Gobierno del FSLN adquirió seis modernísimas locomotoras de Canadá, a pesar del desgaste del bloqueo y la guerra de Reagan. En los 90 del siglo XX, “fueron declaradas chatarras de la manera más descarada”, testimonió en 2009 el dirigente sindical Roberto González.

Los gobiernos “demócratas” enterraron un símbolo de la Historia, porque hablaba demasiado: lo/as nicaragüenses pueden alcanzar lo que se proponen. El Ferrocarril fue un testimonio de hierro de la capacidad nacional vs. la incapacidad de políticos alquilados a las potencias para gobernarnos.

Don Sofonías Salvatierra, el mismo ministro en cuya casa se alojaba el General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino, escribió: “Es de observar con satisfacción que hemos continuado en todos los tiempos y por todos los hombres construyendo ferrocarriles con nuestros propios recursos y por nuestros propios esfuerzos, hasta llegar al grado de que los ferrocarriles nuestros forman parte muy querida de nuestro íntimo sentimiento nacional, porque ellos son producto del esfuerzo entusiasta y del ideal común de todos los nicaragüenses”.

Subtítulo: La República sepultada

La juventud no sabe lo que fue el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. Es que con el neoliberalismo, literalmente “nos llevó el tren”. Su desmantelamiento completo es la formidable metáfora de la devastación infame de la República. ¡Qué Estado de Derecho ni qué nada! No hubo consulta porque la derecha genéticamente es alérgica a los plebiscitos, aunque se crea propietaria de la Democracia.

“Desaparecieron” los rieles, durmientes, máquinas, vagones, góndolas, equipo rodante, grúas, montacargas, y sus operarios, inspectores, maquinistas, boleteros, ingenieros, técnicos, es decir seres humanos, con alma y sentimientos y familias, descartados como clavos y tuercas sarrosos.

La “democracia” se ensañó con los bienes públicos, y ya Nicaragua no pudo contar con su propia línea aérea, ni su naviera, y años después ni con su luz, y a duras penas se salvó el agua cuando los obedientes “demócratas” no solo se habían arrodillado, sino arrastrados con placer ante los baales de la Escuela de Chicago. Nunca antes la Constitución sirvió de cajita de Kleenex en las manos blancas y delicadas de los gamonales que impusieron la atroz tiranía de mercado.

Los “demócratas” que ahora son unos “fanáticos” del referéndum, decidieron desde sus altos cargos el fin del Ferrocarril, sin tomar en cuenta siquiera la opinión de sus mismos empleados, ya no digamos del pueblo.

Ningún gobierno se ocupó en rescatar este símbolo como hoy lo hace el FSLN, uniendo el pasado con el futuro de Nicaragua que representa el proyecto interoceánico: un motor de propulsión que nos colocaría en las Grandes Ligas de la Economía Mundial, de acuerdo a lo explicado por Paul Oquist, secretario de políticas públicas de la Presidencia de la República, a Alberto Mora.

Las palabras de la intelectual Rosario Murillo, del 17 de abril, traslucen con intensidad este sentimiento nacional por el tren:

“¡Cómo queríamos nosotros esos trenes, esos rieles, esas Estaciones! Y bueno, ¡hasta el Ferrocarril se llevaron! Por eso, recuperar esas Estaciones es parte de la recuperación de la Memoria Histórica de nuestro Pueblo, para no olvidarnos nunca de todo el saqueo ¡inmisericorde! de los Recursos del Pueblo, durante los 16 años de oscuridad neoliberal”.

El 4 de junio remarcó: “¡Eso no puede repetirse! Ahí van a estar esas Estaciones como Testigos, como Testimonios de un pasado que, Dios Mediante, ¡no volverá!”

Un monumento a la “democracia” podría ser la del hacendado ministro que ocupó los durmientes para cercar sus potreros. Un “hípico” ejemplo de que con una mentalidad de derecha del tamaño de una Calle Atravesada en la Historia, en Nicaragua no cabe un tren, mucho menos un Gran Canal.

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