Nicaragua

No se vendieron, se equivocaron, luego rectificaron y ahora cosechan la restitución de sus derechos

La Voz del Sandinismo publica esta importante reflexión con motivo del 23 aniversario de las elecciones de 1990 y el 34 aniversario de la caída del héroe Camilo Ortega Saavedra

Redacción Central |

La Voz del Sandinismo publica esta importante reflexión con motivo del 23 aniversario de las elecciones de 1990 y el 34 aniversario de la caída del héroe Camilo Ortega Saavedra

Por Carlos Escorcia Polanco

La madrugada del lunes 26 de Febrero de 1990 pasará a la historia, no como el día de la derrota del gobierno Sandinista luego de las elecciones del día anterior, el domingo 25 de Febrero, sino como el día de la vergüenza nacional.

Esa triste mañana, Nicaragua entera parecía un cementerio. Nadie salió de sus casas. Un pueblo avergonzado de sí mismo no se atrevió a celebrar la “victoria”. Diez años de brutal agresión militar, financiera y comercial finalmente hizo mella en la conciencia de una parte del pueblo nicaragüense.

Los términos del discurso político de la derecha personificada en una moderada ama de casa, cuya virtud principal era ser la viuda y por tanto la heredera natural del mártir de las libertades públicas, Pedro Joaquín Chamorro, no fueron fijados por la señora Chamorro, sino por el verdadero jefe de campaña de la UNO, el presidente George Herbert Bush (padre):

“Si el pueblo vota por los Sandinistas, el apoyo a la contra continuará….si votan por ‘missis’ Chamorro, Estados Unidos revisará el embargo y dará asistencia financiera a Nicaragua”. Ese era el dilema de los votantes nicaragüenses en esa primera elección democrática, tan libre que el FSLN las perdió a pesar de tener el control total del aparato electoral y por lo tanto haber podido hacer fraude, pero no lo hizo.

El chantaje electoral del presidente de los Estados Unidos, la misma potencia que por 10 años había financiado la guerra contra nuestro país, constituía no solo una injerencia indebida en los asuntos internos de nuestro país, sino un virtual atraco a mano armada. “Los votantes fueron a las urnas con una pistola apuntándoles a la sien”, según lo describió el ex –miembro del directorio de la contra Edgar Chamorro Coronel.

Todavía recuerdo el 27 de Febrero de 1990, cuando el FSLN convocó a todas sus bases, luego de la dolorosa derrota electoral. El comandante Ortega convocó a toda la militancia a la plaza Omar Torrijos, plaza de los No alineados, para explicarnos las consecuencias de la derrota electoral.

En primer lugar reconoció la derrota. Aunque la potencia que fue condenada en La Haya por hacernos la ilegal e inmoral guerra de agresión, era también la misma potencia que financió la campaña electoral de Violeta de Chamorro, aun así, el gobierno Sandinista accedió a entregar el poder.

Cuando los 100 mil o más ciudadanos que estábamos en la plaza de los no alineados escuchamos al comandante Ortega analizar la derrota, el público comenzó a corear la consigna: ” Se vendieron, se vendieron”, el comandante Ortega, sorprendentemente contradijo a la multitud, “No se vendieron, los pueblos se equivocan, pero ellos sabrán rectificar y poco a poco los vamos a ir ganando otra vez.”

Hizo referencia el comandante Ortega al hecho que el ejército Sandinista seguía siendo el ejército oficial de Nicaragua, al igual que la policía y que había todo un pueblo organizado que seguiría enfrentando las nuevas agresiones. El comandante, en una maniobra política osada y valiente, le advirtió a la UNO que si la Contra no se desarmaba, no habría entrega del gobierno a la oposición.

Finalmente, el comandante llamó al pueblo a prepararse para la resistencia de un gobierno revanchista que vendría con todo el odio a desmantelar las conquistas de la Revolución y a quitarle a los campesinos sus tierritas, sus casitas y sus cooperativas, porque regresaban de Miami los “legítimos” dueños de las propiedades, o sea los esbirros de la genocida guardia somocista.

En ese contexto y teniendo en mente que existía una policía, un ejército, una juventud y todo un pueblo de origen netamente Sandinista, es que el comandante llama al pueblo a resistir y “a gobernar desde abajo”. Todos repetimos la consigna “A gobernar desde abajo” para luego entonar el himno de la unidad Sandinista.

Recuerdo ver en los rostros de la multitud, las gruesas lágrimas rodar por las mejías del pueblo. De un solo tajo se había hecho pedazos la esperanza de los pobres, las ilusiones de los humildes y los sueños de la clase obrera. Ahora se daría el retorno de los brujos y el retroceso histórico de la Revolución Nicaragüense. Habíamos retrocedido exactamente diez años, como si la sangre de los héroes y mártires se hubiera derramado en vano y volvimos al somocismo, con la diferencia que ahora era una serpiente desmuelada, porque ya no existía la guardia somocista.

Fueron 17 años de terror. Durante los siguientes 17 años, más de millón y medio de nicaragüenses se vio obligado a emigrar del país, votando con los pies contra la “naciente democracia” como le llamaban los mercenarios, a un promedio de 100 mil nicaragüenses al año. No solo los torturadores y asesinos de la OSN retornaron “triunfantes” a la patria, sino que también volvieron la delincuencia, la prostitución, el analfabetismo, la desnutrición infantil, la polio y demás lacras sociales que habían virtualmente desaparecido.

En una serie de cambios cosméticos capitalistas, Managua se convirtió en una ciudad llena de rotondas, fuentes de agua bailarinas y restaurantes de comida rápida. El tráfico de drogas y las pandillas se multiplicaron como hongos. Con sus restaurantes McDonalds, sus tiroteos desde automóviles en movimiento, Managua se parecía al Este de Los Ángeles, uno de los barrios más pobres de los Estados Unidos.

Gobernando sin guerras, sin bloqueos, sin sabotajes a la producción, sin minado a los puertos, sin voladura de puentes, sin vuelos supersónicos del avión espía SR-71 (apodado por el pueblo “el pájaro negro”), sin ataques con lanchas pirañas de la CIA, con toda la generosidad de la comunidad mundial y la banca internacional, luego que prometieron el cielo y la tierra, los autoapodados “sectores democráticos” jinetearon el macho por 17 años y fracasaron.

A seis años de la histórica rectificación del pueblo en las urnas electorales, con el retorno del FSLN al poder, el gobierno del presidente Ortega y la primera dama Rosario Murillo, el gobierno Sandinista está sentando las bases para una nueva Nicaragua.

Una nueva campaña lanzada por la primera dama instando a la población a “Vivir limpio, vivir sano, vivir bonito, vivir bien” desató la ira de la agonizante, fanática y provinciana oposición oligárquica antisandinista. Sin embargo los esfuerzos de la oposición por desacreditar todo lo que hace el gobierno Sandinista no han hecho mella en la conciencia popular, sino que a juzgar por las encuestas, ha tenido más bien un efecto boomerang.

En la nueva Nicaragua que renace de las cenizas luego del saqueo y festín neosomociano de 17 años de las paralelas históricas de Timbucos y Calandracas, el transporte urbano, las tarifas de la energía eléctrica y el agua potable, están siendo subsidiados por el gobierno. El analfabetismo ha sido derrotado, la matriz energética ya ha sido transformada en un 70%, abaratando los costos de producción, convirtiendo a Nicaragua en país altamente competitivo.

El turismo está experimentando un impresionante boom, los empresarios están rebosantes de gozo con la expansión de sus empresas en casi todos los niveles y renglones de la economía nicaragüense. Brigadas médicas Sandinistas constantemente visitan las comunidades rurales, cada año mas y mas jóvenes nicaragüenses viajan a Cuba a estudiar medicina, mientras el gobierno promueve la organización popular mediante gabinetes de la familia.

Mas de 100 mil madres solteras han recibido el bono productivo y virtualmente es imposible encontrar en Managua un barrio pobre donde no brillen refulgentes las “tejas” de zinc para que los pobres no sufran el embate de las lluvias, durante los copiosos inviernos nicaragüenses.

Aproximadamente 150 mil empleados públicos han visto sus modestos salarios mejorar con el subsidio salarial mediante la cooperación del ALBA, lo que una vez más ha desatado la ira de políticos de derecha, muchos de los cuales son compensados con exorbitantes salarios financiados por el gobierno de Estados Unidos.

Quienes se burlan con odio e ironías porque los pobres reciben “tejas” de zinc? Los que no las necesitan. ¿Quiénes cuestionan el subsidio salarial? Quienes ganan miles de dólares suministrados por una potencia extranjera. ¿Quiénes critican que el pueblo viva limpio, sano, bonito y bien? Los que durante 17 años trataron con profundo desprecio al pueblo humilde.

A 23 años de aquel “Lunes negro” del 26 de Febrero de 1990, cuando el pueblo se encerró en sus casas ante la victoria de la “democracia” de los ricos, la coyuntura ha cambiado diametralmente. Hoy el pueblo disfruta la restitución de sus derechos y recuperación de su inherente dignidad humana.

Ciertamente el sacrifico del héroe Camilo Ortega Saavedra, el 26 de Febrero de 1978 en Monimbó no fue en vano. Aunque los ricos y aspirantes a ricos mastican con amargura su irreversible tránsito a la irrelevancia total, en los barrios y comarcas pobres de Nicaragua el pueblo humilde vive, canta y celebra “la fiesta de liberación de los oprimidos.”

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