Nicaragua

Benjamín Zeledón, el héroe redimido

El joven general nació un 4 de octubre, en la Concordia, Jinotega, y murió, el día que cumplía 33 años, en Catarina, Masaya, en la defensa del suelo patrio

Redacción Central |

El joven general nació un 4 de octubre, en la Concordia, Jinotega, y murió, el día que cumplía 33 años, en Catarina, Masaya, en la defensa del suelo patrio

Por Marta Denis Valle*

En el panteón de los héroes inmortales de Latinoamérica aparece el joven general Benjamín Zeledón, inmolado antes de ceder en sus principios de soberanía e independencia, frente a los invasores estadounidenses a Nicaragua, en 1912.

“No quiero una paz cobarde para mis hijos y el país. Si no puedo darles una Patria digna y honorable, lo que resta no valdrá la pena de ser vivido. La Honra de Nicaragua, eso es lo que pretendo rescatar”, expresó cuando lo conminaron a rendirse.

Benjamín Zeledón Rodríguez (1879-1912), hijo de Marcelino Zeledón Ugarte y de María Salomé Rodríguez, nació un 4 de octubre, en la Concordia, Jinotega, y murió, el día que cumplía 33 años, en Catarina, Masaya, en la defensa del suelo patrio.

Olvidado en los años de la opresión neocolonial bajo mandato de Estados Unidos, luego del triunfo sandinista fue declarado Héroe Nacional el primero de octubre de 1980, por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua.

Pero desde 1990 los gobiernos derechistas pro estadounidenses sepultaron a Zeledón en el anonimato, hasta el inicio de la segunda etapa de la revolución sandinista, en el 2007, con el reconocimiento de su lucha y la incorporación de su legado a las nuevas generaciones.

La hazaña, vida y heroica muerte de este patriota resultaron ahora redimidas al cumplirse el centenario de aquellos hechos.

En su honor, la Asamblea Nacional de Nicaragua creó la Orden general Benjamín Zeledón Rodríguez, de soberanía nacional, cultural y desarrollo humano.

Su objetivo es reconocer las soberanías nacionales, culturales y el desarrollo humano de los pueblos.

Será otorgada a profesionales, ciudadanos nicaragüenses y no nicaragüenses que contribuyan al desarrollo de Nicaragua a través de la cultura, las artes, las humanidades.

Una sesión solemne de la Asamblea Nacional tuvo lugar en el Centenario de la muerte del Héroe Nacional, en la Iglesia La Asunción, en la ciudad de Masaya, y fue izaba la bandera nicaragüense en la Fortaleza del Cerro El Coyotepe, lugar donde Zeledón y sus fuerzas de menos de 500 hombres resistieron a los invasores.

Varios historiadores avanzaron en el conocimiento de su epopeya y por encargo de la Asamblea Nacional, el legislador Wilfredo Navarro presentó el libro Zeledón Vida y Legado.

En todo el país se efectuaron homenajes, principalmente por escolares y jóvenes, que estudian su personalidad.

Era Zeledón, un patriota de pensamiento progresista como definió en varios documentos de sus últimos meses de vida.

Sin libertad no hay vida; sin igualdad no hay luz; sin autonomía nacional impera el caos (…) no mas intervención en nuestros asuntos internos, señaló en una proclama del 10 de agosto.

Se pronunciaba por escuelas y la instrucción pública difundida por todas partes, llamaba a recobrar los derechos y a lograr la igualdad ante la ley y la justicia.

Su programa de lucha comprendía la restitución al patrimonio nacional del ferrocarril, la aduana y la banca, entregados por los conservadores a los norteamericanos, según el historiador Aldo Díaz Lacayo.

En carta a su esposa Ester Ramírez Jerez -madre de sus cuatro hijos-, considerada testamento político, afirmó: “… los que tenemos la dicha de sentir arder en nuestros pechos la llama del verdadero patriotismo… sabemos que quien sabe morir, sabe ser libre”.

Escrita la víspera de su muerte, revela sus íntimas ideas respecto al momento culminante de su vida:

“…Yo y mis bravos y valientes compañeros vamos derecho a la muerte, todos hemos jurado no rendirnos…”

“No me hago ilusiones desde que empuñé el fusil antes y al rechazar las humillantes ofertas de oro y de honores que se me hicieron, firmé mi sentencia de muerte…

… si tal sucede, moriré tranquilo porque cada gota de mi sangre derramada en defensa de mi Patria y su libertad, dará vida a cada cien nicaragüenses que, como yo, protestan a balazos del atropello y la traición de que es actualmente víctima nuestra hermosa pero infortunada Nicaragua…

Su biografía se resume así: Estudiante de derecho, se incorporó a la vida militar en 1903 del lado de los liberales contra un levantamiento del conservador Emiliano Chamorro y ello constituyó la brújula de su actuación.

Ya doctor en leyes fue Oficial Mayor de la Corte Suprema de Justicia, Juez de Distrito de lo Civil de Managua, Juez del Distrito de Rivas y Juez de Distrito de Minas en la Comarca En Cabo Gracias a Dios, en el Departamento de Zelaya, y Auditor de Guerra.

Síndico Municipal de Managua, por iniciativa suya, el Municipio rindió un homenaje a Rubén Darío, en ocasión de su visita triunfal a Nicaragua.

Fue nombrado coronel del ejército por su valentía en la Batalla de Namasigüe, en la guerra de El Salvador y Honduras contra Nicaragua.

Luego, ministro plenipotenciario y enviado extraordinario ante el gobierno de Guatemala, Ministro de la Guerra y representante en la Corte Internacional Centroamericana, con sede en Cartago, Costa Rica.

Después de un tiempo en el exilio regresó al país donde comandó, en calidad de General en Jefe, las fuerzas opositoras a la invasión militar estadounidense, ejecutada con el pretexto de haber sido solicitada por el conservador Adolfo Díaz Resinos.

Tropas y buques de guerra de EE.UU. bombardearon y atacaron Managua, Masaya, Granada, Coyotepeque, Corinto y otras poblaciones nicaragüenses.

Zeledón se replegó a Masaya donde resistió hasta su último aliento la acometida de dos mil soldados de infantería de marina y 15 mil de las fuerzas conservadoras.

Existen varias versiones sobre su muerte, la más extendida que fue gravemente herido, sin posibilidad de escapar, capturado vivo y asesinado.

Su cadáver fue llevado en una carreta tirada por bueyes hasta el cementerio de Catarina, en cuyo trayecto el jovencito Augusto César Sandino pudo grabar esta imagen para siempre en su mente y su corazón.

*Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

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