Nicaragua

Padre Eslaquit envía felicitación por la solemne ceremonia de juramentación de Daniel

Hizo llegar una hermosa carta a la compañera Rosario Murillo Zambrana, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía

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Hizo llegar una hermosa carta a la compañera Rosario Murillo Zambrana, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía | elpueblopresidente

Redacción Central |


Hizo llegar una hermosa carta a la compañera Rosario Murillo Zambrana, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía

Una hermosa carta envió el Padre Neguib Eslaquit, director del Centro Espiritual Betania de Dolores, Carazo, a la compañera Rosario Murillo Zambrana, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, en la que felicita por la solemne ceremonia de juramentación del mandatario nicaragüense, Comandante Daniel Ortega Saavedra.

La presencia de los jefes de estado de tantísimos países amigos de todos los puntos de la tierra, las delegaciones de organismos internacionales, los jóvenes que representaban a los millones de chavalos y muchachas que han confiado y apuestan por un futuro mejor, son un signo que nuestro presente está inundado de fe, dice en la misiva.

A continuación, la misiva del Padre Eslaquit:

Miércoles, 11 de enero de 2012.

Respetada y muy apreciada Doña Rosario:

Bendigo a Jesús y le doy gracias por haber tenido la oportunidad de haber vivido y compartido en la Plaza de la Revolución, la tarde del 10 de enero, la toma de posesión de la continuidad del gobierno que dirige el Cmte. Daniel Ortega, que junto a usted, han sabido llegar al corazón de la inmensa mayoría de nuestro pueblo nicaragüense, que estoy plenamente seguro, desde sus casas, desde cada uno de sus lugares, estuvieron llenos del gozo y del júbilo de la celebración de este triunfo que es de todos los nicaragüenses.

La presencia de los jefes de estado de tantísimos países amigos de todos los puntos de la tierra, las delegaciones de organismos internacionales, los jóvenes que representaban a los millones de chavalos y muchachas que han confiado y apuestan por un futuro mejor, son un signo que nuestro presente está inundado de fe, de esperanzas colmadas pero siempre pendientes de nuevas victorias, porque todo lo que se hace con amor, que es la solidaridad, es una presencia fehaciente que Dios está en medio de su pueblo.

Todo estuvo maravilloso, el contexto histórico de la Plaza de la Revolución, con sus edificios emblemáticos, hasta el atardecer azul intenso que luego fue dando paso a una luna llena que iluminaba en su esplendor el rostro de todos, como queriéndonos decir hasta la creación que siempre tendremos luz en esta Nicaragua, cada vez más bendecida, más prosperada y llena de Victorias.

Las manos de quienes cantábamos, aplaudíamos y celebrábamos, ¡porque sí teníamos y necesitábamos celebrar con entusiasmo desbordante esta victoria!, que ha sido de todos, todas esas manos, semejaban pétalos de colores bellos, como las rosas multicolores que esparcían el perfume de la solidaridad. Ha sido un proceso de sacrificios, de revisarnos y de continuar confrontándonos cada uno de nosotros de manera permanentemente para poner por encima de nuestros propios intereses, los intereses comunes de nuestro pueblo que ha visto restituido sus derechos.

Esta es la verdadera Paz, como lo decía el Cmte. Daniel Ortega. La paz es la tranquilidad que produce el orden en nuestras vidas, el orden de saber que todos tenemos una dignidad de Hijos de Dios que se debe respetar y restituir en educación, salud, trabajo digno.

Con tanta razón decía en su momento, el Santo Padre Pablo Sexto, de feliz memoria: Que el progreso era el nuevo nombre de la paz, y más recientemente, nuestro Santo Padre Benedicto 16 ha dicho: Que la Solidaridad es el nuevo nombre de la Paz.

Brilla hermosa la paz en tu suelo, ya no ruge la voz del cañón, ni se tiene con sangre de hermanos, tu glorioso pendón bicolor. Cuando entonamos nuestro himno, me sentí emocionado, se está haciendo realidad esa estrofa de nuestro himno nacional.

Agradecido por haber estado con ustedes, con nuestro pueblo allá representado, allá estaban presentes en nuestras mentes y en nuestros corazones, las miles de casitas de los que ahora tienen un lugar digno para vivir, de los que siempre fueron marginados y excluidos y ahora son constructores y artífices de mejor presente y más luminoso mañana.

Debemos y tenemos la responsabilidad de seguir trabajando, porque cuando uno se deja tocar por el Espíritu Santo, que es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones, es que puede sentir las alegrías y los dolores del pueblo más sencillo, que son los predilectos del Señor Jesús.

Doña Rosario, para usted, para el Señor Presidente, mi cariño, mi respeto, mi apoyo.

Más bendecidos, más prosperados, con nuevas victorias, con todos y por el bien de todos.

Padre Neguib Eslaquit.

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