Nicaragua

Siguen los despidos en la prensa de derecha

El Nuevo Diario despide hasta el personal de confianza

Redacción Central |

El Nuevo Diario despide hasta el personal de confianza

Incansable luchador de las causas justas. Corresponsal de guerra en la década de los años ochenta. Cuasi fundador de uno de los negocios periodísticos. Este hombre humilde y de hablar pausado se convirtió en otra víctima de la dictadura bicéfala de El Nuevo Diario.

No habían transcurrido ni veinticuatro horas de que su director retornara a Nicaragua después de realizar una extensa gira de paseo por Europa, financiada con las ganancias que generan los trabajadores del rotativo, cuando ya tenía firmada la carta de despido del periodista Oscar Merlo, quién sirvió a los intereses de los patrones  durante más de dos décadas consecutivas.

Para nada sirvió la lealtad y dedicación que les profesó este periodista a los patrones, quienes se niegan a perder sus privilegios y megasalarios.

El reconocido periodista, caracterizado por su amabilidad hacia sus colegas y resto de compañeros de labores, se desempeñó cargos de reportero, editor y jefe de redacción, entre otros, recordaron varios denunciantes.

Merlo fue echado a la calle, cuando ni siquiera habían pasado quince días de haber sido despedidos a los periodistas Martín Ruiz, Orlando Barrios, Sergio Aguirre y Melvin Martínez.

Los negociantes de la información pretendieron reducir en un diez por ciento el salario de los trabajadores y como éstos no aceptaron ese chantaje, decidieron sacrificar a Merlo, confiaron las fuentes.

Menos publicaciones por más precio

Un ambiente de incertidumbre y desánimo prevalece entre los “privilegiados” que se quedaron a soportar la violación a sus derechos humanos y laborales, pues la amenaza de nuevos despidos continúa latente, mencionó uno de los atemorizados trabajadores.

Los patrones resolvieron redoblar los turnos de fin de semana para los periodistas, quienes estarán obligados a cubrir la ausencia de los que fueron echados a la calle, además que eliminaron los beneficios de la antigüedad, el combustible, e incrementaron en un cuarenta por ciento el precio de cada ejemplar de la publicación, pese a que disminuyeron sensiblemente el número de páginas y de secciones.

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