Nicaragua

Hija de Sandino atesora anécdotas sobre su padre

Familiares y amigos siempre le contaron el amor con el cual la trataba aquel hombre duro con los enemigos de la Patria y de extremo cariño hasta el final con su única hija

Estatua de Sandino
Fuente al General Augusto C. Sandino frente al Estadio Nacional | Jairo Cajina

Redacción Central |

Familiares y amigos siempre le contaron el amor con el cual la trataba aquel hombre duro con los enemigos de la Patria y de extremo cariño hasta el final con su única hija
Asamblea Nacional rindió homenaje a Sandino

Blanca Segovia Sandino Arauz, la única hija que procreó el Héroe Nacional que combatió y venció a las tropas yanquis en Las Segovias, siente un orgullo muy íntimo por tener un padre como el General de Hombres Libres Augusto C. Sandino.

Y aunque no tuvo la oportunidad de conocerlo, porque al igual que su madre, Blanca Estela Arauz, Sandino murió cuando ella era muy niña,  guarda con cariño en su memoria la imagen de su padre forjada por  los relatos orales transmitidos por sus familiares más cercanos y los más estrechos colaboradores del  heroico guerrillero

Concebida en el contexto de una guerra patriótica, entre interventores norteamericanos y soldados del pueblo armados, amantes de su tierra y de su dignidad, Blanca Segovia es el único eslabón viviente de descendencia directa del general Sandino.

Una emboscada del destino

Su madre fue consejera, compañera de lucha y esposa del guerrillero, aún en las más difíciles condiciones, pues lo acompañó largos años en los campamentos de Las Segovias, desde donde Sandino dirigía su guerra de liberación.

Ya casi en el ocaso de la guerra de agresión, el destino tendió una cruel emboscada a sus padres: Blanca Estela, su madre, murió tras el parto y la pequeña quedó al cuido de su padre, en medio de las tropas y bajo la amenaza latente de cualquier ataque del enemigo.

“¿Ustedes quieren saber de mi padre? Ya mucho se ha dicho, hay grandes escritores que han hablado de su vida, pero quizás la vida íntima personal de él no la conozcan mucho, como la puedo conocer yo”, confiesa con sencillez en su casa de Managua, acompañada de algunos de sus nietos y familiares que entran y salen de la vivienda, mientras un coro de canarios ameniza el ambiente.

“Cuando yo nací, muere mi mamá. Él se quedó solo. La lloró, la quiso muchísimo, porque la realidad de la vida es que él pudo haber tenido otras mujeres como hombre que era, pero estoy segura que a ella la quiso tanto, por la forma en que procedió”, relata.

“Él me cuidaba”

“Cuando yo estaba chiquita, recién nacida, él era el que me atendía. Yo ya no tenía madre, y  no podía tomar leche en los biberones que se acostumbra porque las mamaderas eran grandes y en la boquita de una recién nacida no calzaban”, añade citando los relatos de su abuela Esther, quien la crío en gran parte de su niñez.

Supo que el General Sandino le daba líquidos con chuponcitos de algodón, que mojaba y mezclaba con miel de jicote.

“No quería ni que me tocaran, le parecía que si me alguien me tocaba me podía enfermar, me decía mi abuelita que él mismo me atendía. Me contaba mi abuelita que ella le decía `démela mi general´y el le respondía: No, el poco tiempo que yo voy a estar aquí, yo la voy a cuidar”.

“Él me atendía, incluso era el que me curaba el ombliguito, hasta que se me cayó. Como a los ocho o nueve días después de que mi mamá se murió se tuvo que ir, entonces me agarró en sus brazos y me llevó donde una vecina de apellido Rizo y se le arrodilló”, dijo.

“Señora, le dijo, usted tiene un niño hermoso, yo tengo una niña recién nacida, ya sabe que se le murió su madre y se me está muriendo de hambre, ¿me le puede dar el pecho?”, relata Blanca Segovia, como si estuviera reviviendo aquella escena que le contaron sus tíos.

Cuenta que la mujer aceptó darle el pecho durante varios días, pero como su hijo ya estaba “macisito”, a ella se le iba “secando” el líquido y la improvisada nodriza ya casi no disponía de leche.

“Mientras pueda, yo le voy a dar el pecho a la niña!”, repetía aquella benefactora .

Una despedida emotiva

Cuando cumplió seis meses, el General Sandino, iba y venía con sus tropas, en los preparativos de los acuerdos de paz, Blanca Segovia gozaba de aparente buena salud. Pero en uno de los últimos viajes que hizo quiso despedirse de ella.

“Al despedirse de mí, me encontró delgadita, delgadita, no comía nada, me estaba muriendo, entonces él buscó otra nodriza, pero le hicieron trampa. Le dijeron que les diera una yegua, que les diera dinero, pero no me dieron nada”, añade.

Y cuando su abuelita le reclamó a la nueva nodriza, ésta explicó que ella tenía una niña y que se le podía enfermar si continuaba dando de mamar a Blanca Segovia.

“Cuando mi papá regresó, me encuentra gravísima, muriéndome, ya en las últimas y mi papá desesperado, no hallaba qué hacer”.

“Como no hallaba quien me diera el pecho, entonces mandó un bando con sus soldados, valle por valle, a Sabana Grande, a Suní, a San Marcos, a todos los valles de San Rafael del Norte”, refiere la hija del General Sandino.

En el último viaje que realizó el General Sandino para ver a su hija y despedirse, tomó una cámara, la sentó en una silla, cruzó dos banderas, la roja y negra, y la azul y blanco, colocó su revólver calibre 45 a un lado y la calibre 32 de su mamá y tomó fotos.

“Estabas linda, gordita, preciosa!”, le contaba su abuelita sobre aquella escena.

Luego la cargó en sus brazos y se dirigió al cementerio. “Fue a ver a tu mamá, se sentó ahí y lloró, yo me fui detrás para ver qué andaba haciendo con esa criaturita. Lloró y te sentó en las rodillas, él se sentó en la bóveda de tu mamá”, le contó su abuelita, quien añade que el general “estuvo confundido un buen rato”, absorto en sus pensamientos.

Al día siguiente, Sandino se marchó y antes se despidió de Blanca Segovia y de su abuela y otros familiares. “Mi abuelita dice que hasta se le rodaron las lágrimas, me estrechaba y me besaba, como nunca había visto en su vida. Nunca había visto a un hombre tan impresionado”, señala.

“Aquí queda Pedrito, aquí les dejo lo único que queda de esta lucha, de la lucha en Las Segovias, cuídenmela, hagan lo imposible para criármela si yo ya no puedo regresar”, refiere Blanca que le dijo su padre a su tío Pedro Antonio Arauz, quien fue uno de los más cercanos colaboradores del héroe.

“Vino él, me abraza, me besa, se monta y se despide de todos. Dicen que yo quedé con un suspiro profundo, tres días llorando”, lo que atribuyeron a una profunda tristeza que aquella niña no podía exteriorizar, apunta la hija del general Sandino.

Según Blanca , parecía que su padre presentía el final que le deparaba el destino, por eso les dejó dinero a sus familiares para que la nodriza no se fuera, que estuviera con ella y para que no la dejaran marcharse hasta que la menor ya comiera y caminara.

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