Nicaragua

Viviendas dignas para el pueblo

Intervención de Daniel en la Reunión con la Comisión de Infraestructura y Servicios Básicos de la Asamblea Nacional, sobre aportes al Anteproyecto de Ley Para una Vivienda Digna

Redacción Central |

Intervención de Daniel en la Reunión con la Comisión de Infraestructura y Servicios Básicos de la Asamblea Nacional, sobre aportes al Anteproyecto de Ley Para una Vivienda Digna

Palabras de Daniel

Hermanos nicaragüenses, familias nicaragüenses, estamos abordando un tema que le interesa a la inmensa mayoría de los nicaragüenses… una Vivienda Digna. ¿En qué momento, en qué condiciones estamos debatiendo este tema aquí en Nicaragua? Estamos debatiendo el tema, en momentos en que la economía mundial está seriamente amenazada por la crisis financiera que se ha desatado en la principal potencia económica mundial, que son los Estados Unidos de Norteamérica.

La verdad es que el problema que vemos reflejado en la economía norteamericana, no tiene sus raíces en las demandas de viviendas de las familias norteamericanas. Sería absurdo pensar ahora que todo se originó porque los ciudadanos norteamericanos necesitaban viviendas y, que a partir de esa demanda de viviendas de los ciudadanos de un país desarrollado, se genera una crisis.

La crisis la genera la especulación, que es parte fundamental del modelo económico que se le ha impuesto a la Humanidad, el modelo capitalista… el capitalismo salvaje que lo llamó, con esas palabras, Su Santidad el Papa Juan Pablo II… ¡es el modelo! Porque en tanto los programas de viviendas se estaban desarrollando en los Estados Unidos y no se utilizaban esos valores para convertirlos en bonos y luego trasladarlos a las Bolsas de Valores, era un programa que podía ser manejado.

Pero claro, el capitalismo tiene como elemento fundamental la usura y la especulación financiera; y lo que está aconteciendo en los Estados Unidos no es más que un reflejo de la crisis del modelo, de la crisis del sistema, que nos amenaza a todos, indiscutiblemente.

Que todavía a Nicaragua no llega directamente el impacto de esa crisis; que todavía los mismos Estados Unidos no encuentran una solución, ni la van encontrar mientras continúen apegados a este modelo; que el mismo Presidente de los Estados Unidos ha adelantado ya acciones que son intervencionistas del Estado, para poder tratar de salvar ese imperio. Y vemos a las naciones europeas también, en una situación de emergencia… ¡los países europeos, afectados ya seriamente también por esta crisis del capitalismo mundial! Es una crisis del capitalismo mundial.

Nosotros aquí, precisamente, estamos abordando el tema de la Vivienda, que tiene sus vínculos con la concepción de abordar el tema de la Vivienda. Primera pregunta: ¿la vivienda es un negocio o es una necesidad social? Es lo primero que tenemos que respondernos los nicaragüenses. Si es un negocio, vámonos con una propuesta donde los beneficiarios van a ser unos pocos; donde se va a seguir generando empleos, claro, pero, al ser un negocio, va a generar un empleo limitado y va a dar una respuesta limitada a las demandas de viviendas que tiene el país. ¡Y no habrá solución al problema de la vivienda en Nicaragua! simplemente si vamos comparando el crecimiento poblacional, la formación de más familias, con ese tipo de concepción, en un ningún momento vamos a encontrar la posibilidad de que se le dé respuesta al pueblo nicaragüense.

Si consideramos que la vivienda es de interés social y que no es negocio, ¡ahí sí le podemos encontrar y le vamos a encontrar solución! en el largo plazo, porque no es una solución de corto plazo, sino de largo plazo. Por la vía del mercado, por la vía de que la vivienda es sujeta de libre mercado y del negocio ¡no habrá solución!

Ya estamos viendo cómo se especula con las tierras… ¡ah! si viene un Programa de Viviendas a tal lugar, inmediatamente se especula con la tierra; si va una carretera que va a beneficiar a los mismos dueños de las fincas que están a orillas de la carretera, comenten la torpeza, por la avaricia que les han inculcado en el modelo, de elevarle el precio a la tierra, y eso puede impedir la construcción de una carretera, sencillamente porque corrieron a elevar el precio de la tierra.

Igual ocurre con los Programas de Viviendas. Tierras que tienen un valor, talvez de 2 mil, 3 mil córdobas, 5 mil córdobas la manzana, en zonas de montaña, que las conoce muy bien Freddy Torres… si va un Programa de Viviendas para allá, inmediatamente, los mismos productores dueños de tierras, van a decir: “ahora ya no vale 5 mil córdobas la manzana, sino que vale 50 mil córdobas.” ¿Por qué? Porque estamos bajo la lógica del libre mercado, ahí está el pecado original, el libre mercado, ¡ese es el problema!

El libre mercado así funciona, y nadie le puede prohibir a una persona darle el valor de mercado que quiera, a una propiedad, ¡no se le puede prohibir! Si a cualquier ciudadano se le ocurre decir mañana, esta tierra que tiene un valor catastral de 5 mil córdobas la manzana, bueno, ahora le doy un valor de mercado de 100 mil córdobas, ¡nada se lo impide! Y eso, obstaculiza el desarrollo social.

Porque hay dos tipos de desarrollo: el desarrollo de libre mercado del capitalismo, que beneficia a una minoría, que permite contar con grandes edificios, con repartos de lujos y, a lo sumo, con repartos para sectores medios; y el desarrollo social, que va en función de darle respuesta a los que no tienen capacidad de pagarse una vivienda cara. O sea, los que tienen capacidad de pagarse una vivienda cara, es una minoría en los países en vías de desarrollo, y es un problema común de todos los países en vías de desarrollo.

Lo primero que tenemos que respondernos los nicaragüenses, libre de cualquier prejuicio, es: ¿qué queremos? Queremos simplemente darle respuesta a una demanda… Es decir, se ha caído la construcción de viviendas y, ¿qué significa que se ha caído la construcción de viviendas? Significa que se empiezan a hacer cumplir las regulaciones y, como se hacen cumplir, eso frena la construcción de viviendas; que ENACAL y la Alcaldía de Managua, decidieron el año pasado, suspender una cantidad de obras en Managua, porque señalaban que esto venía a atentar contra las fuentes de agua… ¡y el agua es vital! El hombre puede sobrevivir en las condiciones más terribles, encaramado en un árbol como los monos, o debajo de un árbol, pero ¡no puede sobrevivir sin agua!

Se detuvieron una cantidad de obras, y ahí vino entonces la grita en los medios de comunicación al servicio del capital y a decir: “se paralizaron las viviendas en Nicaragua,” porque se paralizaron los negocios. No eran las viviendas sociales las que se estaban paralizando, las que han sido paralizadas no han sido las viviendas sociales.

Que algunos proyectos tienen un corte que se llama social, pero, está dirigido a sectores que no son realmente los más empobrecidos de nuestro país, y que se han visto afectados por este frenazo que se dio de parte de las autoridades competentes, porque aquí se venía construyendo viviendas, afectándose las fuentes de agua, no cumpliéndose con las normas que establecen los organismos correspondientes, las normativas que establece el Ministerio del Medio Ambiente.

Recordemos bien cuál es la historia inmediata, en el corto metraje del año pasado… el escándalo en los periódicos al servicio del capital: “¡se paralizó la construcción de viviendas!” Como que venía un Programa de Viviendas de Gobiernos anteriores, que estaba beneficiando a miles de familias nicaragüenses pobres, y que se estaba frenando de pronto… ¡mentira! Simplemente, porque en Managua, en la capital, se pararon proyectos que beneficiaban a sectores altos y medios, alegándose el problema de que se estaban contaminando las aguas, o se estaban agotando las fuentes de agua de Managua. Ese fue el escándalo de que se había paralizado el Programa de Viviendas en Nicaragua.

A la par de lo que era esa grita, que no es más que la grita de la economía del mercado y de la vivienda del mercado, no de la vivienda social, surgió la propuesta, mejor dicho, ya veníamos con la propuesta desde el año 2004, respaldada por 43 mil firmas. Otras propuestas de emergencias que nosotros mismos como Gobierno habíamos presentado, habíamos llevado, simplemente con el fin de reactivar las capacidades instaladas en estos momentos, para poner a operar al sector privado, y de esa manera, darle respuesta a grupos limitados de la población. No estamos hablando del gran Programa de la Vivienda Social, simplemente, programa limitado.

Programa limitado donde, por la pobreza que tiene Nicaragua, un interés del 6%, una vivienda de 10 mil, 15 mil, 20 mil dólares, esa vivienda no es una vivienda de interés social; ya es una vivienda que está dentro de una lógica de mercado con un tratamiento preferencial en el interés, porque, ¿quién va a poder acceder a esa vivienda? Una persona que tiene un ingreso permanente, estable, seguro, y un ingreso medio. La gente que está en la extrema pobreza y en la pobreza, el 70%, 80% de la población no puede acceder a ese tipo de programa. ¡No puede! ni que le pongamos al 5%, ni al 4%, ni al 3%, ¡sencillamente, no puede!

¿Qué hacemos en estas circunstancias? Tenemos un proyecto, que tiene sus limitaciones, porque la verdad es que no es el proyecto ideal; el país no tiene los recursos para el proyecto ideal en estos momentos. ¡Hay que buscarlos, claro! Y los hermanos venezolanos, a través del ALBA, claro  que van a aportar a este programa, estoy seguro; pero, van a aportar a este programa para beneficiar a sectores realmente empobrecidos, a la gente de escasos recursos o sectores con recursos muy limitados, como los maestros, que tienen un salario es cierto, pero un salario que no les daría para pagar… un maestro, o un trabajador de la salud, no podrían dar la garantía por una vivienda de 20 mil dólares, por ejemplo. Con sus salarios promedio no podrían dar la garantía para una vivienda de 20 mil dólares ¡no puede! Sencillamente, llega al banco y éste le va a decir ¡no podés!

Tenemos que pensar y trabajar más este mismo proyecto, pienso, tomando en cuenta lo siguiente: uno, la realidad del país. La realidad que tenemos nos dice que hay una capacidad instalada, que hay empresas de nicaragüenses que están dispuestos a movilizar sus capacidades, para la construcción, pero, para sectores medios que están arriba de la línea de la pobreza y que, lógicamente, también pueden seguir desarrollando programas para sectores altos.

Pero, para lo que es el sector social empobrecido… si queremos desarrollar un programa de viviendas en un asentamiento en Managua, difícilmente vamos a encontrar en un asentamiento, beneficiarios que puedan cumplir con las garantías que demanda una vivienda de 10 mil, 15 mil ó 20 mil dólares, difícilmente lo vamos a lograr.

Si queremos activar lo que tenemos, porque es una necesidad y hay una demanda, porque estamos bajo el peso de esa economía y hay una demanda de viviendas de un sector limitado, entonces demos las facilidades para que el sector de la construcción se empiece a movilizar. Eso significa desburocratizar, porque tenemos también el problema de la burocratización en lo que son los procedimientos, para facilitar que una empresa pueda operar; independientemente que la empresa se va a ver con el problema que la tierra que estaba buscando, que ya tenía identificada y estaba valorada en 20 dólares la vara cuadrada, cuando ya se dieron cuenta que iba el proyecto, empiezan a negociar y, ya no vale 20 dólares, vale 50 dólares… Y eso ¿quién lo va a pagar? Lo va a pagar la familia que va a comprar esa vivienda.

La familia está siendo víctima de la usura, porque el constructor va a recargar ese costo a la familia; el banco le va a recargar ese costo a la familia. Es decir, aquí quien va a pagar ese costo de la usura del capitalismo, es la familia.

Entonces, demos las condiciones y es lo primero que diría yo en esta Ley… no paralicemos, sino, demos las condiciones para que dentro del marco de la Ley, un mejor ordenamiento y con una sola ventanilla, que es lo que hemos hablado, no tenga que pasar una empresa constructora por 5, 6, 7 lugares llenando papeleo, y en todo ese período pasaron 7, 8 meses y se perdió el financiamiento que había conseguido la empresa. Que con una sola ventilla se pueda ejecutar rápidamente un programa, y estoy hablando de programas urbanos, aquí no nos vamos a engañar, estoy hablando de programas urbanos y para sectores medios.

Tenemos que desarrollar el programa para sectores populares, un programa que tiene que ir a los asentamientos y al campo. ¿Cuál es el tipo de programa que creo podemos nosotros desarrollar en esa dirección? El tipo de programa que podemos desarrollar en esa dirección, es aquel programa en donde le entreguemos a la familia, que ya está en su lote, o al campesino que está en su casita de paja o de palma, allá en la montaña, materiales de construcción para que vaya por la autoconstrucción.

Porque si metemos el mercado al campo, como yo les decía, nos va a pasar lo mismo que en la ciudad ¡exactamente nos va a pasar lo mismo! Miren, cuando se venía hablando aquí, de que se iban a construir unos canales secos, que iban a cruzar del Atlántico al Pacífico, no se había termina de hablar de los canales secos, cuando ya los especuladores estaban comprando tierras a lo largo del recorrido ¡y dándoles un valor enorme! Tierras que las compraban a 500 córdobas la manzana, ya les daban un valor de mercado, de especulación.

El valor de mercado da para todo, así como puede valer 10, puede valer un millón. Es decir, el valor de mercado es un valor de usura y ese es el problema que tenemos; el modelo, el esquema que tenemos no nos permite, en estos momentos, ir con un programa de vivienda al campo, a no ser que encontremos productores solidarios, que digan, “bueno yo aquí dono estas 50 manzanas para este programa de viviendas.” ¡Magnífico! Y el Gobierno aporta esto, y los constructores, las empresas constructoras, van a aportar de sus utilidades también, algo de esfuerzo y trabajo. Ahí podríamos entrarle ya a un programa de construcción de vivienda.

¡Claro! Que hay algunos programas de construcción de vivienda que nosotros vemos en el campo, son programas que son resultados de la cooperación internacional, donde no intermedia la lógica del mercado; simplemente, un programa de pueblos hermanos, decide construir tantas viviendas en tal lugar, porque se vio afectado por el huracán, por inundaciones, o porque la gente está muy empobrecida, y ahí se levantan las viviendas, en tierras que generalmente las entrega, las dona la comunidad, a través de la Alcaldía.

Esos son los programas que conocemos, pero con esos programas algo se resuelve, alguna respuesta se le da a la gente más empobrecida, pero no es la solución definitiva, a no ser que estuviéramos inundados de programas de esta naturaleza y el ritmo de crecimiento en las viviendas sería mucho mayor. Pero, lo que es la industria de la construcción que conocemos como tal, en todas sus magnitudes, en todas sus capacidades, está limitada a ese mercado, que es el que tiene capacidad de compra de esas viviendas.

Yo diría, en la Ley, liberemos, dentro del marco de la Constitución, dentro del marco del respeto al Medio Ambiente, la protección de las aguas, etc., liberemos las posibilidades de que se movilicen esas fuerzas que están ahí, que han estado paralizadas desde el año pasado por todas las medidas que se tomaron y que, de manera ordenada, empiecen a operar, y que rápidamente puedan acceder a los financiamientos.

Si logramos que los bancos, a la vez, aporten créditos para que el interés se disminuya al 6%, bueno, mucho mejor, y le hacemos un llamado a los bancos, a ver si es posible que los bancos faciliten esos créditos al 6%. Si lo hacen ¡magnífico! Eso va a significar que más sectores, más gente, más pobladores de sectores medios van a poder acceder a comprar una vivienda.

Pero hay que desarrollar los programas especiales para los sectores populares, para la gente empobrecida que no tiene capacidad… ¡ni siquiera tiene legalizada la tierra! Si ni siquiera tienen legalizado el lote donde viven, ya desde ahí no son sujetos de créditos, aunque les estuviésemos ofreciendo un crédito al 0%. No serían sujetos de créditos porque primero hay que ordenarles la propiedad, hay que legalizársela y, a lo mejor, la propiedad está en conflicto como tenemos muchas aquí en nuestro país.

Creo es que es importante, es fundamental en esta Ley, en primer lugar, liberar las trabas para que puedan movilizarse las fuerzas que están ya instaladas, que están con programas, con proyectos, y que van a beneficiar en función de la lógica del mercado; que pueden bajar intereses, que pueden subir un poco más los intereses, pero están dentro de la lógica del mercado ¡eso hay que liberarlo!

Pero tenemos que instalar programas de carácter social, dirigidos al campo, y a las zonas urbanas de los asentamientos; porque asentamientos tenemos en todas las ciudades, no hay ciudad que no los tenga. Por muy pequeña que sea una ciudad ya hay un asentamiento alrededor de ella.

Esos asentamientos hay que legalizarlos, pero si la tierra está en conflicto, si hay un demandante, ahí tenemos el problema… ¿quién determina a última hora, quién decide? Si decide el Estado: ¡ah! el Estado viene a confiscar; si no decide el Estado eso queda en un limbo, porque de todas maneras la gente sigue con la propiedad tomada.

El Estado perfectamente puede decidir ¿cómo? a través de la Procuraduría, una negociación. El Estado asume la responsabilidad por esas tierras que están ocupadas desde años, se entiende con los demandantes, y les compensa con otras tierras, por otro lado, o les compensa con bonos, ¡eso es lo que queda si queremos que las cosas caminen! De lo contrario, si nos quedamos aferrados nada más al elemento de que no se puede dar el paso, porque sencillamente eso es afectar la estabilidad en la tenencia de la propiedad, nos paralizamos, porque hay una situación de hecho.

Lógicamente, nosotros estamos en contra de que se estén ocupando tierras, lo hemos dicho ya, estamos en contra de que se ocupen propiedades; que estos programas los hagamos de manera ordenada. Ahora ¿qué pasa? Si lo vamos a hacer de manera ordenada, eso nos obliga a expropiar, ¡no hay otro camino! porque el banco de tierras que tienen las municipalidades es limitado; agotemos el banco de tierra de las municipalidades, pero después, si necesitamos tierra… fíjense, hay situaciones en donde se necesitan tierras para una escuela y no hay un privado capaz de entregar la tierra para la escuela o para un campo de fútbol o de béisbol.

Sencillamente, porque dicen, está bien, la entrego, pero denme a cambio tanto, a precio de mercado. Vámonos a precio catastral y, a partir de éste negociemos… ahí sí podemos negociar. Pero si nos vamos a precio de libre mercado, sencillamente es impagable esa tierra, y la comunidad se queda, sin iglesia, porque piden tierras para iglesias también, tanto católicas como evangélicas.

Se queda la comunidad sin iglesia, se queda sin campo de fútbol, sin campo de béisbol, o se queda sin escuela, o sin puesto de salud, sencillamente porque nadie se decidió a ser solidario ahí y entregar un pedazo de tierra, teniendo mucha tierra, alguna gente.

¿Cuál es el camino? La expropiación. Y la expropiación se puede realizar perfectamente, mandando al Estado a negociar con el que va a ser expropiado; y si es necesario expropiar una determinada cantidad de tierras para una obra o para una carretera, igual, el Estado que ponga finalmente el valor a partir del precio catastral y negociar con esta gente.

Porque ellos están siendo beneficiados realmente cada vez que entran programas de este tipo; cuando entra un programa de viviendas, una carretera, un proyecto de turismo, inmediatamente, todas las tierras que están alrededor de ese proyecto, están adquiriendo valor, pero la avaricia es tan grande, que el que tiene tierras alrededor dice: “no doy pasada, si no me pagan tanto más…” de lo que vale realmente su tierra. Y ellos mismos se están metiendo el cuchillo, porque le estarían agregando valor a su tierra, con sólo que facilitaran de manera gratuita que pase por ahí la calle o la carretera.

Estas son las consideraciones que yo podría hacer en esta ocasión, y agradecer la presencia de los que han sido invitados a esta presentación, a este intercambio, a este diálogo, y en particular a los miembros de la Comisión de Infraestructura y Servicios Públicos por esta iniciativa de Ley de la Vivienda Digna, el Diputado Eliseo Núñez Hernández, Presidente, que se encuentra aquí con nosotros, que nos ha introducido a esta reunión, que ha presidido esta reunión.

El Diputado Miguel Meléndez Treminio, el Diputado Edwin Castro, el Diputado César Castellano, que ha venido desde Jalapa, Ocotal, desde aquellos lados ¡fíjense! Yo creo que están todos los de esta comisión. Y más los de Managua tienen que estar aquí; el Diputado Douglas Alemán, el Diputado Luis Noel Ortega Urbina; Freddy Torres, viene también de lejos; Juan Ramón Jiménez, Agustín Jarquín, Ana Julia Balladares, Jenny Martínez, Venancia Ibarra… el Diputado Eduardo Montealegre, ¿dónde está el Diputado Montealegre? quería saludarlo, ¡ah, está fuera del país! no creo, si íbamos a discutir un tema tan importante como éste, ¡qué raro que está fuera del país!

Yo creí que íbamos a tener la oportunidad de tener aquí al Diputado Eduardo Montealegre, discutiendo un tema tan importante como éste, un tema crucial, fundamental. Bueno, ¡qué lástima que ande fuera del país! A lo mejor, con la crisis que hay allá en la Bolsa de Nueva York, anda viendo no perder lo que tiene colocado por aquellos lados, es posible que ande por aquellos lados, bueno, ¡qué vamos a hacer! Al Diputado Guillermo Osorno, al Diputado Ramón Macías y al Diputado Norman Zavala.

Muchas gracias, hermanos nicaragüenses; muchas gracias, hermanos Diputados.

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