Nicaragua

Semblanza de Enrique Gorriarán Merlo

Hace unas horas, este pasado lunes se cumplieron dos años de la desaparición física de nuestro querido hermano Enrique Haroldo Gorriarán Merlo; El Pelado o Ricardo o Ramón o Gungo, como se lo conociera desde siempre en su natal San Nicolás

Enrique Gorriarán Merlo
Semblanza de Enrique Gorriarán Merlo. | Internet

Redacción Central |

Hace unas horas, este pasado lunes se cumplieron dos años de la desaparición física de nuestro querido hermano Enrique Haroldo Gorriarán Merlo; El Pelado o Ricardo o Ramón o Gungo, como se lo conociera desde siempre en su natal San Nicolás

Recordar es volver a hacer pasar por el corazón. Y a un compañero, hermano y amigo como este no hace falta que lo recordemos por que siempre, día a día, lo llevamos dentro del corazón.

Los recuerdos entonces significan esta vez una semblanza de alguien que jamás, aún en la peor adversidad se quejó o renegó de su suerte; menos aún abjuro de su militancia e ideología.

Cuando descalificaba a alguien que políticamente actuaba de manera desastrosa, su calificativo preferido era: “Ese es un cachivache”; lo contrario a lo que diría el Colo, uno de sus compañeros quien a los desviados los llamaba: “pichiruchis”.

En la adversidad, Ricardo, el Pelado, cuestionaba seriamente la defección ideológica, pero trataba, intentaba y reintentaba, analizar las razones que llevaron a alguien a tal proceder ¡Nunca lo justificaba! decía que debían analizarse las causas de esos hechos para evitar que otros compañeros, por errores que pudiéramos cometer, actuaran de igual forma.

Intransigente hasta la muerte, si fuera necesario, lo demostró en la huelga de hambre que hacía en el Hospital Cárcel de Capital Federal poco tiempo antes de los estertores del Gobierno del presidente De la Rúa.  Hasta allí llegó Daniel, entonces ex presidente de Nicaragua y Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y al visitarlo, en una conversación más llena de silencios que de palabras, ya que el Pelado no tenía casi fuerzas para hablar, Daniel le comentó: “el gobierno dice que para negociar tenes que levantar la huelga. Le comenté a la Secretaria de Derechos Humanos que me parecía difícil que eso pudiera darse”. Al Pelado le brillaron los ojos para responder: “vós tenes razón, por favor decíles que voy hasta las ultimas consecuencias”.

Esa noche Daniel entraba a la Casa Rosada, luego de reunirse con Adolfo Pérez Esquivel, en búsqueda de una solución, para sugerirle al Ministro del Interior del Gobierno Radical la posibilidad de encontrar caminos que evitaran la muerte de los huelguistas, profundamente deteriorados.

A los pocos meses se firmaba el indulto y Gorriarán comenzaba a disfrutar de una libertad que no había tenido en casi toda su vida: perseguido por su militancia, encarcelado en Trelew, guerrillero triunfante en Nicaragua, clandestino en su patria y en el mundo; clandestino, perseguido, siempre clandestino.

El encuentro con sus hijas, nietas y nietos es inenarrable; lo mismo que el encuentro, reencuentro con sus compañeros y compañeras. Con sus hijas, las famosas mellizas, el gesto clásico era pasarles suavemente el dorso de la mano por la cara sin decir palabra y mirarlas con profundo cariño. Lo mismo hacía con nietas y nietos, que lo querían y lo quieren, recordándolo por el trato afectuoso que les daba y el amor que les profesaba.

Buen cocinero, excelente preparador de asados y de pizzas, podía pasar horas conversando en ruedas de compañeros, amigos o familiares, mate en mano. Más escuchando que hablando. Disfrutando siempre de las compañías que en más de cuarenta años no había podido tener para compartir ¡Ni la clandestinidad, ni la cárcel lo permiten!

Al recordarlo, como a cada momento, hay que decir, recalcar y reafirmar que defendió hasta el último momento y sin concesiones a Daniel, su amigo y compañero Daniel Ortega Saavedra y a la Revolución que él condujo y sigue conduciendo.

De igual forma sin concesiones, con admiración y respeto defendió siempre la Revolución Cubana, y destacó los valores, la dignidad y la ejemplaridad del Comandante Fidel Castro.

Este Gorriarán amante del rock argentino de su época, y del folklore; excelente nadador, hombre de barrio o de pueblo, como se dice popularmente en Argentina, se reencontraba con sus amigos, opuestos diametralmente a su ideología; pero ellos lo querían a él, y viceversa porque se habían criado en el mismo pueblo y en el mismo barrio donde Gungo jugó o nado en su compañía.

Así estamos, para saludarte hermano nuestro. Compañero. Estamos seguros que no te enojarás por que contemos estos secretos.

Modesto hasta el cansancio sabemos que no te gustaría que te alabáramos o elogiáramos.

Este no es un homenaje. Es el abrazo afectuoso de tantas y tantos que te queremos.

El Negro.  Santos Lugares.  Buenos Aires. 22 de septiembre de 2008.

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