Nicaragua

Guerra Sicológica versus Sandinista

Por: Fabián Escalante Font, general de división, investigador en Asuntos de Seguridad Nacional, ha publicado numerosos títulos referidos a la subversión de Estados Unidos contra nuestros pueblos. Especial para La Voz del Sandinismo

Redacción Central |

Por: Fabián Escalante Font, general de división, investigador en Asuntos de Seguridad Nacional, ha publicado numerosos títulos referidos a la  subversión de Estados Unidos contra nuestros pueblos. Especial para La Voz del Sandinismo

En las últimas semanas, he observado con preocupación la intensa campaña subversiva contra Nicaragua y su presidente, el comandante Daniel Ortega. Hace algunos días, en un trabajo sobre los métodos de la “guerra sicológica” que emplea Estados Unidos y sus aliados europeos, alertamos sobre el nuevo papel de éste concepto “fabricado”  por los estrategas de Washington para desarmar a los pueblos, vísperas de sus agresiones militares. La idea originaria, consistía en desarmarlos, desmoralizarlos, de manera tal, que sus tropas no encontraran resistencia. El diccionario militar norteamericano, sin ningún sonrojo definía así el concepto: “La guerra sicológica son las acciones emprendidas por una o varias naciones en la propaganda y otros medios de información contra grupos enemigos, neutrales o amigos de la población, para influir en sus concepciones, sentimientos, opiniones y conductas de manera que apoyen la política y los objetivos de la nación o grupo de naciones a la  cual sirve esta guerra sicológica”.

En noviembre del 2006, el FSLN con Daniel Ortega a su cabeza, ganó las elecciones en Nicaragua, con las reglas de juego establecidas por los gobiernos neoliberales que lo precedieron. A partir de entonces numerosas medidas socio-económicas han sido emprendidas en beneficio de la población.  La nueva cruzada de alfabetización, pretende para el año próximo “liberar” del analfabetismo a ese país, ya antes liberado, por los sandinistas en la década de los ochentas, cuando tuvieron el poder. Se ha saneado la administración pública, solo citar el ejemplo de la rebaja forzosa dictada por el gobierno, de los enormes y desproporcionados salarios de los máximos funcionarios estatales, incluidos presidente y ministros. La seguridad pública es uno de los logros no revertidos, que junto a la solidez de sus fuerzas armadas, brindan a Nicaragua la posibilidad de luchar con éxito contra el narco tráfico, el crimen organizado y otras lacras sociales. Ello fue posible gracias a que sus principales cuadros fueron formados en las filas sandinistas, lo que permite que ese importante sector se fortalezca y brinde al ciudadano algo por cierto intangible, pero de una importancia extraordinaria, la seguridad ciudadana, que es escasa o inexistente en el resto de los países de Centroamérica. Además, con la ayuda invaluable del presidente Hugo Chávez de Venezuela, ha reducido los apagones eléctricos, beneficiando no solo a la población, sino también a la pequeña y mediana empresa, a pesar del sabotaje continuado de las trasnacionales que en su momento se apropiaron de ese bien publico.
Sin embargo, ¿que sucede? ¿Cual es el panorama actual?

Una silenciosa campaña para erosionar la economía de ese debilitado país, sacudido por 16 años de neoliberalismo se  ha puesto en marcha. Alemania anuncio, a comienzos de año, la suspensión de una ayuda acordada por valor de siete millones de euros, alegando una corrupción que fue incapaz de apreciar en los gobiernos de Alemán y Bolaños, el primero sancionado a 20 años por corrupto y acusado por las mismas autoridades norteamericanas. Luego, la embajadora de la Unión Europea en Managua, Francesca Mosca, en abierta ingerencia en la política interna de ese país, amenaza con el corte de unos 600 millones de euros que la UE y otros países europeos otorgan a Nicaragua, por causa de la suspensión de dos partidos políticos, que no reunieron los requisitos establecidos por el Consejo Supremo electoral, para participar en las próximas elecciones municipales. Medida respaldada por la representante en aquella capital de la “Fundación Friedrich Ebert”, un conocido “centro subversivo” alemán, que junto al Instituto Republicano Internacional, IRI, y la Fundación Nacional para la Democracia, NED, tienen allí asentados sus reales imperiales, actuando como en el siglo XV, época de las invasiones europeas a nuestras tierras americanas.

Por cierto, la filosofía de la NED, el IRI, la Fundación Ebert y los restantes “centros subversivos” creados en los ochentas, bajo la sombrilla de aquel nefasto “programa de Santa Fe”, entre cuyas causas se encontró el triunfo sandinista de entonces, se basa en la idea de que las sociedades funcionan mejor como empresas, con la menor intervención del estado, subvencionadas por las grandes trasnacionales, que equiparan la economía de libre mercado con la democracia, el crecimiento y la inversión extranjera. Todo su concepto de democracia representativa esta relacionada con estas ideas y claro está con el neoliberalismo y el rejuego “democrático” de alternar el poder cada cuatro años en elecciones donde nada más participan los poderosos. Para ello, los gobiernos imperiales de los países desarrollados con Estados Unidos a la cabeza, destinan enormes sumas de dinero y recursos, en tanto más útiles que la CIA y sus similares. Ha resultado el arma perfecta para la “guerra sicológica”, no necesita fusiles ni cañones, solo dinero para comprar conciencias. Sin embargo, como lo demuestran los recientes hechos políticos revolucionarios en América, el proyecto comenzó a naufragar y los resultados están a la vista.

Adicionalmente, Daniel Ortega sufre ataques de toda índole, que se extienden desde su vida personal, hasta acusaciones de la más baja naturaleza. No dice su verdadera historia de combates y sacrificios por su pueblo, desde que apenas era un niño. Nadie relata sus ocho años de prisión, las torturas a que fue sometido, su firmeza revolucionaria, las condiciones políticas y humanas por las cuales sus propios compañeros, algunos de los cuales hoy brinda su apoyo a los ataques del imperio, lo eligieron presidente de ese país en los ochenta. Por supuesto callan de cobarde manera, que en los 16 años de neoliberalismo y traiciones, Daniel Ortega mantuvo las banderas de la dignidad y la patria en alto, contra viento y marea, en todas las circunstancias.

Les recuerdo una de las definiciones de la “guerra sicológica”, establecida por la USIA: “la simple introducción de la duda, en el cerebro de las personas, ya significan un gran éxito”.

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