Nicaragua

Empresa eléctrica española contra las cuerdas en Nicaragua

Para expresarlo en lenguaje boxístico, la empresa española Unión Fenosa, a cargo de la distribución de electricidad en Nicaragua, se encuentra hoy contra las cuerdas y a punto de quedar “fuera de combate” frente al gobierno

Redacción Central |

Para expresarlo en lenguaje boxístico, la empresa española Unión Fenosa, a cargo de la distribución de electricidad en Nicaragua, se encuentra hoy contra las cuerdas y a punto de quedar “fuera de combate” frente al gobierno

Los primeros “directos” se los propinó esta semana el presidente Daniel Ortega, al advertir públicamente en dos oportunidades que la trasnacional podría ser intervenida si continúa empecinada en negarse a cumplir sus compromisos de inversión en Nicaragua.

“Estamos en un momento difícil, porque hemos hecho esfuerzos y no cumplen. No nos van a dejar más camino que intervenir a Unión Fenosa, porque tenemos la responsabilidad de garantizar la energía al pueblo nicaragüense”, advirtió Ortega el miércoles pasado.

Un día después, el líder sandinista admitió ante un reducido grupo de periodistas que “hay intercambios, hay contactos, pero no hay avances todavía” en las negociaciones con la compañía ibérica.

Unión Fenosa tiene el monopolio de la distribución de electricidad en Nicaragua desde el 2000, cuando el gobierno del entonces presidente, y ahora reo por delitos de corrupción, Arnoldo Alemán, privatizó el servicio.

De acuerdo con el actual mandatario, la empresa ibérica ha incumplido la palabra empeñada hace siete años, de realizar inversiones en el sistema de distribución de energía en el país centroamericano.

Unión Fenosa, por su parte, achaca los constantes y prolongados apagones que sufren sus más de 600 mil usuarios nicaragüenses, a las plantas generadoras y al robo de electricidad de los pobladores conectados de manera ilegal.

A nivel de la sociedad, el descontento contra la trasnacional está generalizado, porque la población se queja de que los apagones, de hasta 12 horas en ocasiones, no se reflejan en las cada vez más abultadas facturas.

El alcalde de Managua, Dionisio Marenco, por su parte, se muestra incluso más radical que Ortega, al considerar que no sólo se debe intervenir a la trasnacional española, sino a todas las plantas generadoras en manos privadas.

Yo intervendría todo el sistema, aseguró Marenco, al considerar que con la expulsión de Unión Fenosa, a lo mejor no se resolvería la situación.

Por otro lado, las amenazas mantienen en ascuas a la empresa privada local, una de cuyas caras visibles, el presidente de la Cámara Española de Comercio de Nicaragua, José Escalante, considera “muy fuerte” la palabra intervención.

Los empresarios también trataron de amedrentar al gobierno con el argumento de que en caso de expulsión, Nicaragua tendría que indemnizar a Unión Fenosa con 200 millones de dólares.

El presidente del Banco Central, Antenor Rosales, aseguró, sin embargo, que el país se encuentra en capacidad económica para afrontar una eventual salida de la empresa.

Mientras tanto, la población tiene puestas sus esperanzas en las 32 plantas eléctricas suministradas por Venezuela, las cuales comenzarán a tributar 60 megavatios al sistema nacional en los próximos días.

La entrada de otros 60 megavatios en septiembre de este año, a partir de otros 32 grupos electrógenos procedentes de Cuba, cubriría el déficit actual de electricidad en Nicaragua, anunció esta semana Ortega, quien agradeció la ayuda brindada por Caracas y La Habana.

La gran diferencia de Venezuela, de Cuba, es que hay una emergencia y ellos mandan (ayuda). No se ponen a negociar, ellos mandan y después nos entendemos, aseguró Ortega, al comparar esa solidaridad con la ayuda condicionada que ofrecen los organismos financieros internacionales.

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