Nicaragua

Centroamérica en el nuevo mapa político continental

Con la llegada de Daniel Ortega a la presidencia de Nicaragua comenzó a desdibujarse el bloque del istmo sumergido en reformas neoliberales, justo cuando parecía que los nuevos aires políticos del continente apenas rozaban a Centroamérica

Redacción Central |

Con la llegada de Daniel Ortega a la presidencia de Nicaragua comenzó a desdibujarse el bloque del istmo sumergido en reformas neoliberales, justo cuando parecía que los nuevos aires políticos del continente apenas rozaban a Centroamérica

Las problemáticas sociales de la subregión, similares a las de muchas otras naciones, se han acumulado en el arca de la historia, primero con la colonización, después con las dictaduras y desde hace un cuarto de siglo con la aplicación de recetas neoliberales.

De acuerdo con el analista estadounidense, Mark Weisbrot, es evidente que cambios en la política ocurridos desde 1980 y defendidos por Washington, han contribuido a este desastre económico.

La liberalización impulsada fundamentalmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, controlados por Estados Unidos, logró el desmantelamiento aduanero que prácticamente arruinó a la incipiente economía de las naciones centroamericanas.

Engendró un alejamiento de la integración regional y un índice de desocupación sin precedentes, y con ello toda la cadena de problemas que ese flagelo arrastra consigo:

Aumento de la violencia común, el narcotráfico, el sicarismo, o la emigración en pos del mercado laboral estadounidense.

Los servicios básicos como educación, salud y alimentación desembocaron en un deterioro casi absoluto. La brecha entre ricos y pobres continúa ensanchándose ilimitadamente.

Pero no sólo eso, el académico colombiano Jorge Enrique Robledo Castillo asegura que el neoliberalismo exportado e impuesto por los ricos norteños aceleró el deterioro del medio ambiente, al transformar en mercancía todo cuanto está al alcance de la mano de los nuevos dueños de la cintura de América.

En esta dinámica, las enfermedades producidas por el alto grado de toxicidad en la producción textil, la maquila, la agricultura y la minería se han disparado en los últimos 30 años.

Por otra parte, la propia población se convirtió en el principal sector de exportación de Centroamérica, cuyas remesas constituyen una parte significativa del Producto Interno Bruto de cada uno de sus países.

Los gobiernos de la subregión de manera general continúan con las políticas entreguistas de la década del 90 y prácticamente han cedido el control del país a la tecnocracia y al empresariado.

El hecho más reciente lo evidencia la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos.

La firma del Tratado pensado como elemento clave para el desarrollo de la subregión, además de atar más a las débiles economías centroamericanas a la estadounidense, implica la elección de un rumbo excluyente que agravará las condiciones de vida de la mayor parte de la población, asegura Manuel Rojas Bolaños, sociólogo y profesor investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Costa Rica.

Aunque estas naciones tienen fuertes ataduras al Consenso de Washington”, la fisura entre lo necesario y lo posible cada vez se ensancha más.

Y es que sencillamente ese acuerdo abortó, como lo detalla Federico Lorena Valcarce, sociólogo y profesor investigador de la Universaida de Buenos Aires, en su libro El Fracaso del Consenso de Washington.

A pesar de la tan cacareada modernización del estado y liberalización comercial, el fiasco económico del continente adquirió rasgos únicos en su historia moderna.

La apertura del comercio, la reducción de los aranceles, la eliminación de las restricciones sobre el flujo de inversiones extranjeras, entre otros elementos, han llevado a las oligarquías financieras a un callejón sin salida.

Argentina, con la llegada de Néstor Kishner a la presidencia, rechazó las órdenes económicas del FMI, tomó una postura inflexible con los acreedores extranjeros y, sin asistencia, advierte Weisbrot, ha crecido a casi un nueve por ciento anualmente durante los últimos años.

Por su parte, el gobierno venezolano de Hugo Chávez, mediante decenas de programas sociales como el acceso gratis a servicios de salud, productos alimenticios subsidiados al 40 por ciento del país, y un mejor acceso a la educación, ha mostrado el camino de lo posible.

La economía de Venezuela creció a una tasa anual de cerca de 18 por ciento en 2004 y cerca de nueve por ciento en 2005.

En el desplome inevitable de la globalización neoliberal emergen verdaderos gobiernos democráticos como el de Evo Morales, en Bolivia, el de Rafael Correa, en Ecuador, o el de Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil, donde el voto de los pueblos ha sido incuestionable.

Un gran movimiento contestatario continental nació de las propias crisis nacionales. Centroamérica de ningún modo está al margen de estos hechos.

En Guatemala, la líder indigenista y Premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchú, podría ser candidata presidencial para las próximas elecciones.

La luchadora ha asegurado que el movimiento indígena tiene aspiraciones de contar con un partido propio, en el cual se puedan promover candidaturas para alcaldías, diputaciones y espacios en otros ámbitos del Estado.

“Creo en un proyecto propio, por medio del cual se pueda lograr la emancipación de los pueblos originarios”, afirmó.

La embajadora de buena voluntad de los Acuerdos de Paz, aseguró, ante las propuestas que le han hecho para la presidencia o vicepresidencia de Guatemala, que se definirá con la organización que “dé una participación plena y real a los pueblos indígenas”.

En tanto, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en El Salvador, comenzó una nueva estrategia para derrocar en los comicios de 2009 al gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), en el poder desde 1989.

Los salvadoreños, después de los Acuerdos de Paz firmados en 1992 que pusieron punto final al conflicto bélico entre las guerrillas del FMLN y el Ejército, tienen los mismos problemas que desembocaron en la guerra, con el agravante de una economía totalmente dolarizada.

Según Sigfrido Reyes, uno de los dirigentes del Frente, con vistas a las presidenciales del 2009 la principal fracción opositora salvadoreña encabezará un vasto movimiento de cambios al que espera se unan otras fuerzas democráticas.

Aseguró que tratarán de “presentar un partido con mayores niveles de eficacia política y de unidad”.

Ante este contexto, ARENA prepara una estrategia de afiliación para la cual impulsará un plan territorial que le permita identificar líderes de derecha en las comunidades, el proyecto más grande en toda la historia del oficial partido, según el presidente de la República, Antonio Saca.

Centroamérica no sólo observa el fracaso del nuevo “colonialismo” en el continente, todavía subyugante en sus pueblos, sino que se alista sobre sus propios males para la nueva era política.

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