Nicaragua

Ejército nicaragüense deja en manos civiles destino de cohetes SAM-7

Managua – El Ejército de Nicaragua reiteró hoy que corresponderá a las autoridades civiles del país, léase el Presidente Daniel Ortega y la Asamblea Nacional, decidir sobre el destino de los misiles portátiles en poder de las fuerzas armadas

Soldado nicaragüense con un misil Tierra-Aire SAM-7
El Gobierno de Nicaragua rechazó hoy oficialmente destruir de forma unilateral sus misiles antiaéreos Sam-7, en contra de una petición de Estados Unidos, lo que marca el primer distanciamiento con la Casa Blanca del nuevo mandato de Daniel Ortega. En la imagen de archivo, un soldado de la Fuerza Aerea nicaragüense maniobra un misil Tierra-Aire SAM-7 de origen ruso. | EFE - Archivo

Redacción Central |

Managua – El Ejército de Nicaragua reiteró hoy que corresponderá a las autoridades civiles del país, léase el Presidente Daniel Ortega y la Asamblea Nacional, decidir sobre el destino de los misiles portátiles en poder de las fuerzas armadas

Nosotros, como institución subordinada a la autoridad civil, vamos a respetar la decisión que sobre el tema tomen el presidente de la República y la honorable Asamblea Nacional, recalcó este martes a la prensa el jefe del Ejército, general Omar Hallesleven.

El militar visitó esta tarde la sede del Parlamento unicameral, a cuya junta directiva explicó detalles técnicos sobre el estado y seguridad de los mil 51 cohetes antiaéreos del tipo SAM-7 en su poder desde hace casi 20 años.

Les hemos dicho (a los diputados) que (los misiles) tienen todas las medidas de seguridad y que están almacenados bajo normas estrictamente establecidas para su almacenamiento, reiteró Hallesleven.

El tema de los cohetes portátiles de fabricación soviética es el centro de una encendida polémica que trasciende las fronteras nacionales, e involucra a Honduras y Estados Unidos.

La destrucción de los misiles es exigida desde hace varios años por Washington, que con el pretexto de que podrían caer en manos del terrorismo internacional, logró que el anterior mandatario, Enrique Bolaños, eliminara una buena parte.

Ortega, quien asumió la presidencia de Nicaragua el 10 de enero pasado, se rehúsa, sin embargo, a deshacerse de ese armamento, mientras países vecinos como Honduras, advirtió, cuenten con aviación de combate.

Para el líder sandinista se trata incluso de una cuestión de soberanía nacional, por lo que tilda de “antipatriotas” a los legisladores de la derecha que promueven la destrucción de ese armamento.

Para aprobar la destrucción de los SAM-7, se requiere del voto a favor de al menos 47 de los 92 diputados que componen el poder legislativo.

Los sandinistas tienen 38 escaños, mientras que la oposición suma 54 votos, divididos en 25 del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), 23 de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y cinco del Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

El otro escaño le corresponde por ley al ex presidente Bolaños.

Los cohetes llegaron a Nicaragua en los años 80 procedentes de la antigua Unión Soviética, y en momentos en que el gobierno sandinista de entonces enfrentaba una guerra civil organizada y financiada por Washington.

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