Nicaragua

EE.UU. insiste en que Nicaragua destruya misiles SAM-7

Managua – La embajada de Estados Unidos en Nicaragua insistió hoy en la destrucción de los cohetes tierra-aire del tipo SAM-7 en poder del Ejército local, al tiempo que defendió el derecho de Honduras a renovar su flota aérea

Redacción Central |

Managua – La embajada de Estados Unidos en Nicaragua insistió hoy en la destrucción de los cohetes tierra-aire del tipo SAM-7 en poder del Ejército local, al tiempo que defendió el derecho de Honduras a renovar su flota aérea

Según un comunicado de la legación diplomática, “el gobierno estadounidense espera que Nicaragua continúe en el camino ya establecido de desarmamiento y destrucción de los todos los misiles SAM-7”.

Se trata de la réplica de Washington a las declaraciones del presidente Daniel Ortega, quien el viernes pasado dijo que el nuevo gobierno sandinista se opone al desarme unilateral de Nicaragua, mientras otros países renuevan su fuerza aérea.

“Mientras por un lado se va a dar una renovación de la flota aérea de Honduras, una flota aérea de guerra, por otro lado se nos va a pedir aquí que se destruyan los cohetes, eso sería absurdo, inconcebible”, aseveró Ortega, en declaraciones a la prensa local.

Sobre la denuncia del líder sandinista de que Estados Unidos entregará nuevos aviones al país vecino, la embajada norteamericana aseguró que Tegucigalpa, “no necesita aprobación de otro gobierno para renovar su flota aérea”.

Según el texto, Washington entregará solamente al gobierno hondureño ocho pequeños aviones de reconocimiento que serán utilizados en labores de reconocimiento contra el narcotráfico, operaciones de búsqueda y rescate y casos de desastres naturales.

Nicaragua, por su parte, carece de aviación de combate, y sólo dispone de una pequeña flota de helicópteros de la era soviética, que cumplen funciones meramente defensivas.

Los cohetes SAM-7 también fueron entregados por la antigua Unión Soviética al gobierno sandinista de los años 80 del siglo pasado para proteger el espacio aéreo nicaragüense durante la guerra civil organizada y financiada por Estados Unidos.

Durante el conflicto, Honduras sirvió de base de operaciones a los grupos que luchaban contra la Revolución Sandinista, mientras que Estados Unidos convirtió las instalaciones militares de ese país en centros de avituallamiento para la “Contra”.

Washington insiste, sin embargo, en la destrucción de los misiles portátiles, con el argumento de que pueden caer en manos del terrorismo internacional.

El Ejército de Nicaragua tiene actualmente en su poder mil 51 misiles, luego de que el anterior presidente, Enrique Bolaños, logró destruir más de mil, para complacer al gobierno norteamericano.

La intervención de la Asamblea Nacional, que en 2004 promulgó la llamada Ley de Armas, impidió el desarme total, pero el tema volverá esta semana a la agenda parlamentaria, promovido por la oposición al gobierno sandinista que tomó posesión el 10 de enero pasado.

Para aprobar la destrucción de los SAM-7, se requiere del voto a favor de al menos 47 de los 92 diputados que componen el poder legislativo.

Los sandinistas tienen 38 escaños, mientras que la oposición suma 54 votos, pero divididos en 25 del Partido Liberal Constitucionalista, 23 de la Alianza Liberal Nicaragüense y cinco del Movimiento Renovador Sandinista.

El otro escaño le corresponde por ley al ex presidente Bolaños.

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