Nicaragua

Lo que el 5 de noviembre se llevó

Hay días en que la historia avanza más que en 20 años, decía Marx, a propósito de los saltos cualitativos que se suceden en la evolución social, siendo quizás por ello que solemos utilizar esos días como si en ellos se hubieran llevado a cabo las grandes transformaciones

Redacción Central |

Hay días en que la historia avanza más que en 20 años, decía Marx, a propósito de los saltos cualitativos que se suceden en la evolución social, siendo quizás por ello que solemos utilizar esos días como si en ellos se hubieran llevado a cabo las grandes transformaciones

El 19 de julio de 1979 es la fecha en que se registra el final de la dictadura somocista y el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua, aunque todo mundo sabe que la lucha duró muchos años, lo mismo que el proceso revolucionario. Nada de eso impide que la gente siga creyendo que el 19 de julio es el día en que todo pasó de repente.

El 25 de febrero de 1990 aparece igualmente en la historia política de Nicaragua como el día en que los sandinistas perdieron el poder, aunque todos sabemos que el asedio y la erosión de la Revolución Sandinista duraron alrededor de una década.

Asimismo, el 5 de noviembre pasará a la historia como el día en que el Frente Sandinista recupera el poder, continuando o empezando de nuevo, 25 años después, un proceso de transformaciones sociales, iniciado a partir del 19 de julio de 1979. Hace muchos años, yo alimentaba mis esperanzas con la tesis de que había que esperar 25 años para que las revoluciones pudieran parir la criatura que llevaban dentro, comenzando a contar desde el día en que los revolucionarios tomaron el poder.

Así había sido durante la revolución mexicana, pues a pesar de que la misma revienta en 1910, tuvimos que esperar hasta la década de los años 30 para asistir a las transformaciones sociales llevadas a cabo por Lázaro Cárdenas en condiciones normales. Así fue durante la revolución soviética, pues aunque la misma arranca en 1917, no es sino hasta los años 40 en que irrumpen las transformaciones históricas emprendidas por Stalin, esa vez en condiciones mucho más duras.

La experiencia de México y Rusia parecían constatar aquella supuesta regularidad histórica, rasgo que también encontramos en otras revoluciones, desde la revolución francesa hasta la revolución china. ¿Será éste el caso de la Revolución Sandinista? Sólo la historia lo dirá, ya que el conocimiento, como decía Hegel, acostumbra entregarnos la verdad muchos años después de sucedidos los acontecimientos (“El búho de Minerva levanta su vuelo al atardecer”).

Especulaciones aparte, mi pretensión esta vez es más modesta, intentando apenas registrar lo que el 5 de noviembre se llevó, pues una vez que pasen algunos días más será difícil recordarlo. Efectivamente, hay muchas cosas que el viento se llevó ese día, sin embargo, adelantaré apenas las más insólitas y dañinas para el alma social de los nicaragüenses

Desde que el Frente Sandinista perdió las elecciones en 1990 se empezó a construir un fantasma sobre el posible regreso del Frente Sandinista al poder. Durante 16 años se nos dijo que si acaso eso pasaba, tendríamos un caos del cual no podríamos recuperarnos jamás. Habría de nuevo una cruenta guerra, los jóvenes tendrían que enrolarse en el Servicio Militar, el racionamiento y las colas serían interminables, se cerrarían los medios de comunicación y las gasolineras donde los jóvenes de clase media llegan a comprar chucherías, el gobierno norteamericano nos haría la vida insoportable y el capital saldría despavorido de los bancos nicaragüenses.

El pasado dominaba la memoria de los votantes nicaragüenses y los adversarios políticos sólo tenían que activarla, al ritmo de ritos macabros y gritos desesperados

En cada ejercicio electoral el miedo al fantasma del pasado rendía visita a los ciudadanos que alcanzaban la edad de votar, miedo que paralizaba todo libre albedrío y que logró contagiar hasta a los propios sandinistas que se creyeron las mentiras de sus adversarios. Los más ilustrados nos hicieron creer que vivíamos en pena, en luto y en penitencia permanente por los pecados de haber hecho la revolución y de pensar en el regreso del Frente Sandinista al poder.

El candidato del Frente Sandinista, el comandante Daniel Ortega, encarnaba el fantasma del regreso y el mismo fue estigmatizado y simbolizado como el pasado mismo. Nadie quería pensar siquiera en la remota posibilidad de un triunfo electoral de Daniel Ortega.

Con el tiempo, el miedo se transformó en odio. Odio para quien se atreviera a tentar aquella triste y amenazante posibilidad. Odio para el fetiche creado por los medios de comunicación de la derecha. Odio e impotencia ante la imposibilidad de pinchar con alfileres el maldecido fetiche.

Los análisis políticos de los adversarios se convirtieron en apariciones del fantasma, los argumentos se transformaron en ofensas envenenadas por el terror al regreso del innombrable. Durante la campaña electoral las pantallas de televisión ilustraban con creces aquellas apariciones. Niños muertos y hambrientos. Imágenes de la guerra en vivo arrasando con toda esperanza de paz. Los cuatro jinetes del Apocalipsis entraban y salían de los televisores y nos perseguían hasta el aposento.

Las campañas electorales se transformaban así en un ejercicio de conjuro, hasta que nuevamente llegaba la paz, acompañada siempre con la derrota del mal. ¡Diosito lindo no lo quiera! rezaban las madres liberales y conservadoras con la boleta en mano

En todos estos 16 años la guerra había continuado por otros medios y las armas de aquella se cargaban de agresividad verbal, utilizando la maledicencia y el desprestigio como medio de eliminación del otro.

Finalmente el fantasma del pasado fue exorcizado. El 5 de noviembre desapareció por completo aquella zozobra, dando la impresión que hasta ese día terminó la guerra fría para nosotros.

Tan rápido desaparecieron tantos inventos cultivados que en pocos días la popularidad del candidato triunfador, el comandante Daniel Ortega, pasó de 38% a 59%. Fueron tantas y tan burdas las mentiras que bastaba con que no pasara nada de lo que la gente temía, para que se gozara plenamente del triunfo de la realidad sobre la vieja pesadilla.

Después de la sorpresa comenzó la prueba de la nueva certidumbre. Los más enconados adversarios comenzaron a ofrecer el beneficio de la duda y los más escépticos constataban en silencio la nueva realidad. El fantasma desapareció como por arte de magia, el miedo cedió su lugar a la esperanza y el odio dejó de azotar los corazones solitarios.

El viento siguió su camino, dejando hojas de propaganda tiradas por el suelo. El susto pasó y comenzó una gratuita paz interna que nadie se esperaba. Pocos se acuerdan ya de aquellos sentimientos, por mucho que los nuevos argumentos quieran resucitar el viejo fantasma. Ahora, el gobierno del Frente Sandinista es el presente y los 16 años de gobiernos neoliberales se convierten en el próximo e inmediato pasado.

también te puede interesar

Bandera del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)

CIRCULAR / JEFATURA NACIONAL DE CAMPAÑA

Como [email protected], como Gran Familia, como Familia Sandinista, Vamos Adelante, EN AMORANICARAGUA, y Siempre Más Allá!