Nicaragua

Nicaragüenses dan voto de confianza a Ortega

ManaguaAhora sólo falta que nos cumpla responde Chano, mientras se afana en cambiar un neumático ponchado de una reluciente camioneta blanca, al preguntarle su opinión sobre la casi inminente vuelta al poder del líder sandinista Daniel Ortega

Redacción Central |

Managua«Ahora sólo falta que nos cumpla» responde Chano, mientras se afana en cambiar un neumático ponchado de una reluciente camioneta blanca, al preguntarle su opinión sobre la casi inminente vuelta al poder del líder sandinista Daniel Ortega

El automóvil ni siquiera es de su propiedad, porque el hombre cetrino, de rostro curtido por el sol, es un simple mecánico y «vulcanizador» en un pequeño taller de Villa Libertad, un barrio humilde del este de Managua.

Chano, así a secas, como se identificó, cree, sin embargo, que Ortega, quien habría ganado en primera vuelta las elecciones presidenciales en Nicaragua, «se merece una segunda oportunidad».

Este país ya no puede estar peor, agrega el obrero, con una mezcla de resignación y esperanza, en alusión a la pobreza que afecta al 80 por ciento de la población y el galopante desempleo.

El mecánico espera, eso sí, que el líder sandinista cumpla su promesa de sacar a Nicaragua de la pobreza, índice en el que ocupa el penúltimo lugar en el continente, sólo superado por Haití.

De lo único que parece estar convencido es de que un gobierno sandinista sabrá poner coto a la creciente ola de violencia y delincuencia que azota Managua.

Con esos sí que va a terminar, dice señalando con el mentón manchado de grasa a un grupo de jóvenes con el cuerpo cubierto de tatuajes que escandalizan a pocos metros.

Según Chano, son maleantes que se dedican a asaltar a los transeúntes para después comprar «guaro» (alcohol) y drogas.

Marlon Rodríguez, custodio de una casa de Planes de Altamira, se muestra más confiado en que Ortega cumplirá su promesa de gobernar para los pobres y por los pobres.

«A fin de cuenta, aquí estaremos para exigirle si no lo hace», agrega con una sonrisa irónica a flor de labios.

El joven considera, sin embargo, que las condiciones no son las mismas de los años 80, cuando el triunfante gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional debió enfrentar un conflicto armado interno financiado y alentado por Estados Unidos.

Ahora nadie nos hará la guerra, afirma.

Carlos Martínez, un cincuentón que por su apariencia podría muy bien pasar por el dueño de la camioneta que reparaba Chano a varios kilómetros de distancia de la gasolinera donde nos cruzamos, no oculta su antipatía por el sandinismo.

«Ese (Daniel) no cumple. Ya verás que nos va a traer la guerra y la desgracia nuevamente a Nicaragua», dice mientras se acomoda al volante de su lujosa «camionetona» gris plateado.

El candidato sandinista, que luego de tres intentos fallidos logró seducir a los nicaragüenses para que le dieran una segunda oportunidad, se apresta a tomar las riendas del país el 10 de enero próximo.

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