Nicaragua

Nicaragua, tierra de lagos y volcanes

Managua – Llamada con toda justeza tierra de lagos y volcanes, Nicaragua se ubica prácticamente al centro de la columna vertebral del istmo centroamericano

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Redacción Central |

Managua – Llamada con toda justeza tierra de lagos y volcanes, Nicaragua se ubica prácticamente al centro de la columna vertebral del istmo centroamericano

Limita al norte con Honduras y al sur con Costa Rica, mientras que sus fronteras hacia el oeste y el este están determinadas por el océano Pacífico y el mar Caribe, respectivamente.

Con numerosos volcanes activos y otros dormidos o extinguidos, el país se caracteriza por una constante actividad telúrica, responsable de los temblores y sismos que con indeseada frecuencia sacuden el territorio nacional.

Sus primeros pobladores llegaron de diferentes lugares de América para vivir una vida dedicada a la caza, la pesca y la recolección de frutas silvestres.

Las huellas de Acahualinca, pisadas humanas petrificadas en lava volcánica, dan cuenta fehaciente de que 10 mil años atrás chorotegas y nicaraguas ya habitaban la región.

El descubrimiento para el mundo occidental llegó en 1502, durante el último viaje del almirante Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, y una veintena de años después comenzó la colonización a manos de los españoles.

Fue Francisco Hernández de Córdoba, teniente del gobernador Pedro Arias de Avila, conocido como Pedrarias, quien fundó las ciudades de Granada y León en 1523 y 1524, respectivamente.

La independencia de España llegó en 1821, y tres años después, Nicaragua entró a formar parte de la Confederación de Repúblicas de América Central, pero en 1839 se separó de ella y se constituyó en Estado independiente.

En 1854 estalla la guerra civil entre conservadores y demócratas, quienes llamaron en su auxilio al filibustero norteamericano William Walker en 1855.

Tras apoderarse del país a punta de bala, Walker se hizo elegir presidente en 1856, pero un año más tarde se vio obligado a abandonar su mandato y salir del país.

Cuando intentó recuperarlo mediante una nueva invasión, el filibustero fue capturado y fusilado en 1860.

Pero Walker fue tan solo un «adelantado« en lo que a las «visitas» de sus conciudadanos respecta, pues en 1912 un contingente de marines estadounidenses invadió Nicaragua, con el socorrido pretexto de defender los intereses económicos norteamericanos en el país.

La segunda intervención militar de Estados Unidos ocurrió en 1926, pero en esa ocasión los soldados invasores encontraron la horma de sus zapatos en el General de Hombres Libres Augusto C. Sandino, quien al frente de un ejército de campesinos los combatió incansablemente.

Luego de que el entonces jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, hiciera el trabajo sucio a Washington y mandara a asesinar a Sandino en 1934, el sátrapa finalmente se hizo con el poder en 1937 e instauró una tiranía de ribetes dinásticos.

Ajusticiado en 1956 por el poeta Rigoberto López Pérez, su hijo, Luis Somoza Debayle, le sustituyó en el cargo y un año después venció en las elecciones.

En 1967, Anastasio (Tachito) Somoza Debayle, el hijo más joven del antiguo dictador, fue elegido presidente y continuó con el régimen autoritario y cruel, que se apoyó en la Guardia Nacional para reprimir cualquier oposición política a su gobierno.

El terremoto del 23 de diciembre de 1972, que en cuestión de segundos destruyó Managua y dejó más de 11 mil muertos y decenas de miles de damnificados se sumó a las calamidades que vivían los nicaragüenses.

La Revolución Sandinista

Fundado en 1962 por Carlos Fonseca Amador y un grupo de revolucionarios, el Frente Sandinista de Liberación Nacional logra aglutinar a la mayoría de las fuerzas opuestas a la dictadura somocista.

El asesinato en 1978 del periodista Pedro Joaquín Chamorro desata un estado de violencia generalizada que desembocó en una verdadera guerra civil.

Temeroso del avance de las fuerzas guerrilleras sandinistas, Somoza abandona Nicaragua el 17 de julio de 1979, y dos días después la dirigencia del FSLN entra en Managua y forma una Junta de Reconstrucción Nacional.

La naciente Revolución, sin embargo, debe lidiar con un enemigo mucho más poderoso que la Guardia Nacional somocista, tras la llegada del republicano Ronald Reagan a la Casa Blanca en 1981.

Bloqueo económico, minado de puertos y apoyo financiero y logístico por parte de Estados Unidos a las bandas contrarrevolucionarias que asolan las zonas montañosas del norte del país caracterizan la historia nicaragüense en la década de los 80.

Con el país desangrado militar y económicamente, el candidato del FSLN, Daniel Ortega, gana por amplio margen las elecciones presidenciales de 1984.

Alcanzada la paz en 1989, un año más tarde se convoca nuevamente a comicios generales, los cuales son ganados por la Unión Nacional Opositora, una coalición antisandinista apoyada por Estados Unidos y que llevó como candidata a Violeta Barrios de Chamorro, viuda de Pedro Joaquín Chamorro.

La mandataria inició un programa de reconstrucción que estableció la desmovilización de los llamados «contras«, la reducción gradual del número de tropas del Ejército y la reforma monetaria.

El alto índice de inflación descendió, pero el crecimiento económico permaneció estancado y el desempleo aumentó, como un preludio de las políticas neoliberales que se aplicarían de forma masiva posteriormente.

En octubre de 1996, Nicaragua celebró nuevas elecciones presidenciales, y Arnoldo Alemán, candidato apoyado por los sectores aglutinados anteriormente en la UNO, venció al dirigente del FSLN, Daniel Ortega.

Cinco años más tarde, el pueblo nicaragüense es convocado nuevamente a elecciones, y con una participación histórica (alrededor del 90 ciento de los electores inscritos ejercieron el voto) fue electo Presidente el aspirante del gobernante Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Enrique Bolaños.

El actual mandatario entregará la banda presidencial el 10 de enero próximo a quien resulte elegido entre los cinco contendientes que el 5 de noviembre próximo se disputarán la primera magistratura de la nación.

En la contienda, una de las más reñidas de los últimos años, participa nuevamente el líder sandinista Daniel Ortega, quien deberá enfrentar al banquero y disidente del PLC, Eduardo Montealegre, al liberal José Rizo, y al tecnócrata Edmundo Jarquín, del Movimiento Renovador Sandinista.

El ex comandante guerrillero Edén Pastora, postulado por el partido cristiano Alternativa para el Cambio, representa la quinta opción electoral para los nicaragüenses.

El que resulte ganador heredará un país donde más del 70 por ciento de sus 5,1 millones de habitantes viven en condiciones de pobreza, como resultado de la aplicación desenfrenada de las políticas neoliberales en los últimos 16 años.

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